Cuando podamos una tomatera es habitual retirar los llamados brotes laterales o chupones, esos pequeños tallos que aparecen en la unión entre el tallo principal y una hoja. Lo que muchos jardineros no saben es que algunos de esos brotes pueden aprovecharse para obtener nuevas plantas.
En lugar de tirarlos al compost, los brotes sanos y suficientemente desarrollados pueden utilizarse como esquejes. El tomate tiene una gran capacidad para producir raíces a partir del tallo cuando encuentra las condiciones adecuadas.
Con un recipiente con agua —o plantándolo directamente en un sustrato húmedo— puedes conseguir que el brote desarrolle raíces y posteriormente trasladarlo a una maceta.
¿Qué son exactamente los chupones de la tomatera?
Los chupones aparecen en la axila formada entre el tallo principal de la tomatera y el pecíolo de una hoja.
Si los dejamos crecer, pueden convertirse en tallos completos con sus propias hojas, flores y frutos.
En determinadas formas de cultivo, especialmente en variedades de crecimiento indeterminado conducidas con uno o pocos tallos, algunos jardineros los eliminan para controlar la estructura de la planta.
Pero esto no significa que deban eliminarse siempre.
En tomates determinados o plantas cultivadas de otras maneras, una poda excesiva puede reducir innecesariamente la cantidad de follaje y posibles frutos.
Elige un brote sano
Si vas a intentar reproducir tu tomatera, selecciona un brote:
- Verde y vigoroso.
- Sin manchas sospechosas.
- Sin daños importantes.
- Sin presencia visible de plagas.
- Lo suficientemente desarrollado para manipularlo con facilidad.
Un esqueje de aproximadamente 10-15 centímetros suele resultar cómodo, aunque no es necesario medirlo exactamente.
Evita utilizar brotes procedentes de una tomatera claramente enferma.
Paso 1: corta el brote correctamente
Utiliza unas tijeras de poda limpias.
Realiza un corte limpio en la base del brote procurando no desgarrar el tallo principal de la tomatera.
Los brotes muy pequeños pueden retirarse fácilmente, pero si quieres utilizarlos como esquejes resulta práctico esperar hasta que tengan un tamaño suficiente para enraizar.
Una vez cortado, evita dejarlo durante horas expuesto al sol.
Paso 2: prepara el esqueje
Retira las hojas situadas en la parte inferior del tallo.
Conserva algunas hojas saludables en la zona superior.
Esto deja una sección de tallo desnuda que posteriormente podrás introducir en agua o enterrar en el sustrato.
Si el esqueje tiene una cantidad excesiva de follaje, eliminar algunas hojas inferiores también reduce temporalmente la pérdida de agua mientras todavía no dispone de raíces propias.
Paso 3: coloca el tallo en agua
Una de las maneras más visuales y sencillas de observar el proceso consiste en utilizar un vaso o frasco limpio.
Llénalo con agua y coloca dentro la parte inferior del tallo.
Las hojas deben permanecer fuera del agua.
Sitúa el recipiente en un lugar luminoso pero protegido inicialmente del sol fuerte y del calor excesivo.
No es necesario añadir fertilizantes al agua.
Mantén el agua limpia
Durante los siguientes días, revisa el recipiente.
Si el agua se vuelve turbia o presenta mal aspecto, sustitúyela por agua limpia.
También debes mantener suficiente nivel para que la parte inferior del tallo permanezca sumergida.
Al cabo de varios días pueden empezar a aparecer pequeñas raíces blancas alrededor del tallo.
La velocidad dependerá de la temperatura, el vigor del esqueje y las condiciones ambientales.
¿Por qué el tomate enraíza tan fácilmente?
Si observas de cerca un tallo de tomatera, especialmente cerca de la base, puedes encontrar pequeños bultos o protuberancias.
Los tomates tienen facilidad para formar raíces adventicias a partir de sus tallos cuando las condiciones de humedad son adecuadas.
Esta característica explica por qué también suele recomendarse plantar profundamente las plántulas de tomate: la sección enterrada del tallo puede contribuir al desarrollo de raíces adicionales.
Es precisamente esta capacidad la que aprovechamos al reproducir un chupón.
Paso 4: espera a que aparezcan raíces
No tengas prisa por trasplantar el esqueje en cuanto aparezca el primer pequeño punto blanco.
Espera hasta observar varias raíces claramente desarrolladas.
No necesitas dejar que formen una enorme maraña dentro del recipiente. Una vez que exista un sistema radicular suficiente para manipular la planta, puedes preparar el trasplante.
Mientras esperas, continúa vigilando que las hojas mantengan un aspecto saludable.
Paso 5: trasplanta el esqueje a una maceta
Prepara una maceta pequeña con agujeros de drenaje y un sustrato adecuado.
Haz un hueco suficientemente amplio para introducir las nuevas raíces sin doblarlas innecesariamente.
Coloca el esqueje y cubre cuidadosamente con tierra.
Presiona muy ligeramente alrededor del tallo para estabilizarlo y riega después del trasplante para asentar el sustrato.
Los primeros días después del trasplante son importantes
Una planta que ha producido raíces dentro del agua debe adaptarse ahora a un medio diferente.
Durante los primeros días, evita exponerla bruscamente a condiciones extremas.
Mantén el sustrato ligeramente húmedo, pero no permanentemente empapado.
También es recomendable realizar una adaptación progresiva a la luz solar directa si el esqueje ha permanecido en un lugar protegido durante el enraizamiento.
Una vez establecido, podrá recibir las condiciones de cultivo habituales para una tomatera.
También puedes enraizar el brote directamente en tierra
El agua no es la única posibilidad.
Puedes retirar las hojas inferiores y plantar directamente una buena sección del tallo en un sustrato húmedo.
Este método evita posteriormente el cambio de agua a tierra, aunque durante los primeros días tendrás menos posibilidades de comprobar visualmente si las raíces ya se están formando.
Mantén una humedad equilibrada mientras el esqueje se establece.
¿Necesitas hormona de enraizamiento?
Generalmente no.
Las tomateras tienen tanta facilidad para producir raíces adventicias que un esqueje sano puede enraizar sin utilizar hormonas.
Esto convierte la técnica en una de las formas más sencillas de experimentar con la propagación de plantas del huerto.
¿La nueva planta dará los mismos tomates?
Si el brote procede de una planta de una variedad estable, el esqueje es una reproducción vegetativa de esa misma planta, por lo que conserva su genética.
Esto es diferente de guardar semillas, especialmente cuando hablamos de ciertos híbridos.
Sin embargo, recuerda algo importante: un esqueje también puede transmitir problemas presentes en la planta madre.
Si sospechas de una enfermedad, no utilices sus brotes para crear nuevas plantas.
El momento de la temporada también importa
Aunque un chupón pueda producir raíces, eso no significa que siempre vaya a tener tiempo suficiente para convertirse en una tomatera productiva.
Si realizas la propagación demasiado tarde y quedan pocas semanas de temperaturas favorables, la nueva planta podría no disponer de tiempo para desarrollarse y producir frutos maduros.
Por eso esta técnica resulta especialmente interesante cuando todavía queda una parte suficientemente larga de la temporada de cultivo.
No elimines todos los chupones automáticamente
La poda de tomates depende del tipo de tomatera, del espacio disponible y de cómo quieras conducirla.
Las variedades indeterminadas suelen admitir un manejo de los brotes laterales para controlar su tamaño y mejorar la ventilación.
Las variedades determinadas, en cambio, tienen un crecimiento más limitado y eliminar demasiados brotes puede significar retirar parte de su potencial productivo.
Por tanto, no conviertas la eliminación de chupones en una regla automática para todas las tomateras.
Aprovecha aquellos que realmente necesites retirar.
Una planta que normalmente acabaría en el compost
La próxima vez que podes una tomatera y tengas en la mano un brote lateral sano, obsérvalo antes de tirarlo.
Retira sus hojas inferiores, coloca parte del tallo en un recipiente con agua y mantenlo en buenas condiciones. Con el paso de los días, podrás observar cómo empiezan a aparecer raíces.
Cuando estén suficientemente desarrolladas, trasplanta el esqueje a una maceta y permite que se adapte progresivamente.
De esta manera, un simple brote lateral que normalmente terminaría en el compost puede convertirse en una nueva tomatera, prácticamente sin gastar nada y aprovechando una sorprendente capacidad natural de esta planta.