La cafetera es uno de esos electrodomésticos que utilizamos prácticamente todos los días, pero hay una zona que solemos olvidar durante la limpieza: las bandejas interiores y la bandeja de goteo.
Restos de café, agua, aceites y pequeñas partículas se van acumulando hasta formar una capa oscura y pegajosa. Si además dejamos que se seque durante varios días, la suciedad puede parecer imposible de eliminar.
Sin embargo, antes de recurrir a productos agresivos, existe un método sencillo que puede devolver a estas piezas un aspecto mucho más limpio y cuidado.
Por qué las bandejas de la cafetera se ensucian tanto
Cada vez que preparamos café, pequeñas gotas terminan en la bandeja. A ellas se suman restos procedentes del aclarado automático que realizan muchas cafeteras.
El problema aparece cuando esta mezcla permanece durante demasiado tiempo.
Los aceites naturales del café se adhieren al plástico y a las superficies metálicas. Después, el calor y el paso del tiempo hacen que la suciedad se reseque.
Por eso no siempre basta con pasar rápidamente la bandeja bajo el grifo.
El primer paso: desmonta las piezas extraíbles
Antes de comenzar, apaga y desenchufa la cafetera y espera a que las partes calientes se enfríen.
Retira la bandeja de goteo, la rejilla y cualquier recipiente extraíble siguiendo las indicaciones del fabricante.
Vacía completamente los restos de agua y café.
Es también un buen momento para retirar los posos que puedan haberse acumulado en rincones y pequeñas ranuras.
Agua templada y lavavajillas: la combinación más sencilla
Llena el fregadero o un recipiente suficientemente grande con agua templada y añade unas gotas de lavavajillas.
Introduce únicamente las piezas que el fabricante permita lavar de esta manera.
Déjalas unos minutos para que los residuos secos comiencen a ablandarse.
El agua no necesita estar hirviendo. De hecho, el agua excesivamente caliente puede deformar determinados componentes de plástico.
Después del remojo, muchas manchas que parecían incrustadas se desprenden con mucha más facilidad.
Utiliza una esponja suave
Una vez ablandada la suciedad, limpia las piezas utilizando una esponja no abrasiva o un paño de microfibra.
Presta especial atención a:
- las ranuras de la bandeja;
- las esquinas;
- la zona situada bajo la rejilla;
- los bordes del recipiente;
- los pequeños huecos donde se acumulan restos de café.
Para las zonas estrechas puedes utilizar un cepillo pequeño y suave.
No es necesario frotar con enorme fuerza. Si una mancha se resiste, resulta preferible dejarla nuevamente unos minutos en agua jabonosa antes que utilizar un estropajo agresivo.
Para la suciedad persistente, prueba con bicarbonato
Si después del lavado todavía quedan manchas, puedes preparar una pequeña pasta con bicarbonato y agua.
La consistencia debe ser suficientemente húmeda para extenderla sin necesidad de raspar la superficie.
Coloca una pequeña cantidad sobre la zona afectada y frota delicadamente con una esponja suave.
Antes de utilizar este método sobre toda la pieza, pruébalo en un lugar poco visible, especialmente si la bandeja tiene un acabado brillante, pintado o delicado.
Después, aclara abundantemente para que no queden residuos.
¿Y qué hacemos con la cal?
Las manchas blanquecinas no siempre son restos de café. Si el agua de tu zona contiene muchos minerales, pueden aparecer depósitos de cal.
En piezas compatibles, una pequeña cantidad de ácido cítrico diluido o el descalcificador recomendado por el fabricante puede ayudar.
Pero existe una diferencia importante: descalcificar el circuito interno de una cafetera no es lo mismo que limpiar su bandeja.
Para realizar una descalcificación completa utiliza exclusivamente el procedimiento y los productos compatibles indicados en el manual de tu modelo.
Aclara y seca perfectamente
Una vez eliminada la suciedad, aclara todas las piezas con abundante agua limpia.
Este paso es especialmente importante si has utilizado jabón, bicarbonato u otro limpiador.
Después, seca las piezas con un paño limpio o déjalas secar completamente al aire antes de volver a instalarlas.
No olvides aprovechar mientras tanto para limpiar con un paño húmedo el espacio donde se coloca la bandeja.
Nunca sumerjas el cuerpo de la cafetera en agua.
Un pequeño cepillo marca una gran diferencia
Las bandejas suelen tener diseños llenos de ranuras y pequeños orificios. Precisamente allí es donde se acumula la suciedad que una esponja convencional no consigue alcanzar.
Un cepillo de cerdas suaves permite acceder a esos rincones.
Puedes reservar uno exclusivamente para la cafetera y utilizarlo periódicamente en las juntas, esquinas y canales de la bandeja.
El resultado final suele ser mucho más uniforme.
Productos que conviene evitar
Una bandeja muy sucia puede invitarnos a utilizar el limpiador más fuerte que tengamos en casa, pero no siempre es buena idea.
Evita los estropajos metálicos, disolventes y productos muy abrasivos. También debes tener cuidado con limpiadores agresivos que puedan deteriorar plásticos, juntas o revestimientos.
Además, no todas las piezas de una cafetera pueden introducirse en el lavavajillas.
Aunque aparentemente sean de plástico resistente, las temperaturas elevadas pueden deformarlas o deteriorar su acabado. Consulta el manual antes de hacerlo.
El verdadero secreto es no dejar que la suciedad se acumule
La mejor manera de conseguir que la bandeja vuelva a parecer nueva es evitar que llegue a un estado extremo.
Vacía regularmente el agua acumulada y elimina los restos de café.
Una vez por semana —o con mayor frecuencia si utilizas mucho la cafetera— puedes retirar la bandeja y realizar una limpieza más completa con agua templada y jabón.
Así evitarás la formación de capas pegajosas y también los malos olores.
Una cafetera limpia se nota a primera vista
No necesitas dedicar una tarde entera a esta tarea. Agua templada, unas gotas de lavavajillas, una esponja suave y unos minutos de remojo pueden transformar por completo unas bandejas cubiertas de restos secos.
Para las manchas más resistentes, el bicarbonato utilizado con cuidado puede proporcionar una ayuda adicional.
Lo importante es limpiar regularmente y respetar siempre las recomendaciones específicas del fabricante. Con este sencillo mantenimiento, las bandejas interiores dejan de tener ese aspecto oscuro y descuidado y vuelven a lucir limpias, brillantes y mucho más próximas a su apariencia original.