Los recipientes y compartimentos blancos donde guardamos detergente suelen empezar impecables, pero con el uso pueden adquirir un aspecto amarillento, opaco y lleno de residuos. El detergente seco, el suavizante, el polvo y la humedad forman poco a poco una película difícil de eliminar con una simple pasada de paño.
Esto resulta especialmente frecuente en el cajetín de la lavadora, donde los restos de producto permanecen constantemente en contacto con el plástico.
La buena noticia es que, si el cambio de color se debe principalmente a suciedad y residuos acumulados, agua caliente, jabón y una limpieza profunda de todas las ranuras pueden recuperar gran parte del blanco original.
¿Por qué el plástico blanco termina amarillento?
No siempre se trata del mismo problema.
En un recipiente para detergente pueden acumularse restos de jabón, suavizante seco, polvo, minerales presentes en el agua e incluso pequeñas cantidades de suciedad procedentes de nuestras manos.
Con el tiempo, estas capas se adhieren al plástico y cambian visualmente su color.
Sin embargo, también debemos tener en cuenta que algunos plásticos amarillean debido al envejecimiento. En ese caso, limpiar puede mejorar muchísimo su aspecto, pero quizá no consiga devolverles exactamente el tono blanco que tenían cuando eran nuevos.
El primer paso: vaciar y desmontar
Si estamos limpiando recipientes independientes, vacíalos completamente.
En el caso del cajetín de una lavadora, consulta el manual del aparato para comprobar cómo se retira. Muchos modelos disponen de una pequeña pestaña que permite extraerlo por completo.
Desenchufa la lavadora antes de realizar una limpieza profunda alrededor del alojamiento del cajetín.
Retira también las pequeñas piezas desmontables del compartimento, siempre siguiendo las instrucciones del fabricante.
Trabajar con las piezas separadas facilita muchísimo llegar a las esquinas donde se acumula el detergente.
El método sencillo con agua caliente
Llena un recipiente grande o el fregadero con agua tibia o caliente, pero no hirviendo, y añade unas gotas de jabón lavavajillas.
Introduce únicamente las piezas desmontables que el fabricante permita lavar de esta manera.
Déjalas unos minutos para que los restos secos comiencen a ablandarse.
Este pequeño tiempo de espera marca una gran diferencia. En lugar de intentar arrancar inmediatamente depósitos endurecidos, permitimos que el agua y el detergente hagan parte del trabajo.
Utiliza un cepillo suave
Después del remojo, utiliza un cepillo de dientes viejo o un cepillo pequeño de cerdas suaves.
Trabaja especialmente:
- las esquinas;
- los canales estrechos;
- la parte inferior;
- los bordes;
- las piezas del compartimento del suavizante;
- las zonas donde el detergente se ha secado.
No hace falta ejercer una presión exagerada.
Cuando los residuos se han ablandado correctamente, deberían desprenderse progresivamente.
Aclara el cepillo con frecuencia para no volver a distribuir la suciedad.
Las esquinas esconden más suciedad de la que parece
Uno de los motivos por los que estos recipientes continúan pareciendo sucios después de limpiarlos es que solemos concentrarnos únicamente en las superficies grandes.
Sin embargo, basta con que permanezca una línea oscura en una esquina para que todo el recipiente parezca viejo.
Utiliza el cepillo para trabajar cuidadosamente las uniones.
Si existe un depósito especialmente resistente, vuelve a humedecerlo y espera unos minutos antes de insistir.
Es preferible repetir el remojo que rayar el plástico con un objeto metálico.
¿Qué hacer con los depósitos minerales?
En zonas con agua dura pueden aparecer depósitos blanquecinos o amarillentos de minerales.
Si el fabricante permite utilizar un producto antical o una solución ligeramente ácida sobre esa pieza concreta, puede ser necesario recurrir a ella.
Pero comprueba primero las recomendaciones del aparato o recipiente.
El vinagre es muy popular en la limpieza doméstica, pero no debemos asumir que resulta adecuado para absolutamente todos los plásticos, juntas y componentes.
Y, sobre todo, nunca mezcles vinagre con lejía.
¿Sirve el bicarbonato?
El bicarbonato puede ayudar en algunas tareas domésticas, pero tiene una ligera acción abrasiva.
Sobre plásticos mates puede pasar desapercibida, mientras que sobre superficies brillantes el frotado intenso puede producir pequeñas marcas.
Por eso no debería ser nuestra primera opción.
Empieza siempre con agua tibia, jabón y un cepillo suave. Muchas veces es suficiente.
Aclara abundantemente
Una vez eliminados los residuos, aclara las piezas con agua limpia.
Este paso es especialmente importante en los compartimentos de una lavadora.
No queremos que queden restos del jabón utilizado durante la limpieza que posteriormente puedan mezclarse con los productos de lavado.
Comprueba las esquinas y los pequeños conductos.
Después sacude suavemente el exceso de agua.
Deja secar completamente
No tengas prisa por volver a montar todo inmediatamente.
Deja las piezas en un lugar ventilado hasta que estén completamente secas.
Mientras tanto, si estás limpiando una lavadora, puedes aprovechar para revisar el hueco donde se introduce el cajetín.
Allí también suelen acumularse residuos.
Con la máquina desenchufada, limpia únicamente las zonas accesibles siguiendo las recomendaciones del fabricante y evitando introducir grandes cantidades de agua dentro del aparato.
¿Y si sigue amarillo después de limpiarlo?
Esta es una cuestión importante.
Si después de retirar completamente la suciedad el recipiente conserva un tono amarillo uniforme, probablemente parte de la decoloración se encuentre en el propio plástico.
El envejecimiento, la exposición a determinadas sustancias, la temperatura y el paso del tiempo pueden modificar algunos materiales.
En esa situación, continuar frotando cada vez con productos más fuertes puede terminar deteriorando la superficie sin devolverle realmente su color original.
Si la pieza es económica y reemplazable, sustituirla puede ser una opción más razonable.
Evita la lejía concentrada
Cuando vemos plástico blanco amarillento, la tentación de utilizar lejía es comprensible.
Pero una concentración elevada puede dañar ciertos materiales y no solucionará necesariamente el amarilleamiento provocado por envejecimiento.
Además, si el recipiente se utiliza para productos de lavandería, cualquier residuo químico debe eliminarse perfectamente.
Nunca mezcles lejía con otros limpiadores domésticos.
Si decides utilizar algún desinfectante, comprueba primero que sea compatible con el material y respeta estrictamente las instrucciones del fabricante.
Cómo evitar que vuelva a ensuciarse
La mejor manera de evitar otra limpieza profunda es impedir que los residuos se acumulen durante meses.
En el cajetín de la lavadora, retira periódicamente los restos visibles de detergente y suavizante.
Si accidentalmente derramas producto alrededor del compartimento, límpialo antes de que se seque.
También es importante respetar las cantidades de detergente recomendadas. Utilizar más producto del necesario no significa necesariamente obtener ropa más limpia y puede favorecer la acumulación de residuos.
Un pequeño hábito que marca la diferencia
Después de terminar un lavado, algunos fabricantes recomiendan dejar ligeramente abierto el cajetín y la puerta durante un tiempo para favorecer el secado y la ventilación. Comprueba siempre las indicaciones específicas de tu lavadora.
Reducir la humedad persistente ayuda a mantener el aparato en mejores condiciones.
En recipientes independientes, procura guardarlos completamente secos y limpia inmediatamente cualquier derrame.
El blanco puede reaparecer sin horas de esfuerzo
Antes de dar por perdido un recipiente amarillento, merece la pena realizar una limpieza profunda.
Desmonta las piezas que puedan retirarse, déjalas unos minutos en agua tibia con unas gotas de jabón, trabaja las esquinas con un cepillo suave, aclara abundantemente y deja secar completamente.
Muchas veces ese desagradable tono amarillo no era el plástico, sino varias capas de detergente, suavizante, minerales y suciedad acumuladas con el tiempo.
Una vez retiradas, el cambio puede ser espectacular: las superficies recuperan su aspecto limpio y el blanco vuelve a destacar.
Y si después de una limpieza completa permanece un amarilleamiento uniforme, probablemente estemos ante envejecimiento del material. En ese caso, es mejor aceptar cierta decoloración o sustituir la pieza antes que dañarla utilizando mezclas químicas agresivas.