Las asas de ollas y sartenes son zonas donde la grasa se acumula con sorprendente facilidad. Durante la cocción, pequeñas salpicaduras de aceite y restos de alimentos llegan hasta el mango, las uniones, los tornillos y los bordes. Si no se eliminan después de cada uso, el calor puede hacer que esa grasa forme una capa oscura, pegajosa y cada vez más resistente.
El problema suele ser especialmente visible alrededor de la unión entre el asa y el recipiente, porque son rincones difíciles de alcanzar con una esponja convencional.
La mejor estrategia consiste en ablandar primero la grasa, aplicar un producto desengrasante adecuado y utilizar un cepillo pequeño para trabajar las zonas estrechas sin dañar el material.
Antes de empezar, identifica el material
No todas las asas pueden limpiarse de la misma manera.
Puedes encontrar asas fabricadas en:
- Acero inoxidable
- Otros metales
- Plástico resistente al calor
- Baquelita
- Silicona
- Madera
- Combinaciones de varios materiales
El procedimiento de este artículo funciona especialmente bien para superficies resistentes y asas metálicas.
Si el mango es de madera, tiene pintura, un recubrimiento especial o un material cuya resistencia desconoces, evita remojarlo y consulta las recomendaciones del fabricante.
Material necesario
Para una limpieza doméstica puedes preparar:
- Agua caliente, pero no hirviendo
- Detergente líquido desengrasante para platos
- Bicarbonato de sodio
- Una esponja no abrasiva
- Un cepillo de dientes viejo
- Un paño de microfibra
- Bastoncillos de algodón para rincones pequeños
- Guantes domésticos
No necesitas mezclar numerosos productos.
En muchos casos, agua caliente, detergente y tiempo son suficientes para retirar una gran parte de la grasa.
Espera hasta que la olla o sartén esté fría
Nunca empieces a limpiar inmediatamente después de cocinar.
Deja que el recipiente se enfríe completamente.
Además de evitar quemaduras, trabajar sobre una superficie fría permite controlar mejor la limpieza.
Retira primero cualquier resto grande de alimento con papel de cocina o un paño.
Empieza con agua caliente y detergente
Prepara agua caliente con unas gotas de detergente para platos.
Humedece una esponja y distribuye la solución alrededor del asa, especialmente en la zona donde se une al recipiente.
Si el material permite el contacto prolongado con agua, puedes mantener un paño empapado en agua jabonosa sobre las zonas grasientas durante unos 10 minutos.
Esto ayuda a reblandecer la capa superficial.
Después frota con una esponja no abrasiva.
Si la grasa es reciente, este procedimiento puede ser suficiente.
Prepara una pasta para la grasa incrustada
Cuando la grasa lleva mucho tiempo acumulándose, prepara una pasta sencilla con bicarbonato.
Mezcla aproximadamente:
- 3 cucharadas de bicarbonato de sodio
- 1 cucharada de agua
- Unas gotas de detergente para platos
Añade el agua poco a poco.
La mezcla debe quedar suficientemente espesa para permanecer sobre la superficie sin escurrirse inmediatamente.
Extiéndela sobre las zonas grasientas.
Déjala actuar entre 10 y 20 minutos.
No es necesario dejar que la pasta se seque completamente.
Trabaja las uniones con un cepillo pequeño
La zona más difícil suele encontrarse alrededor de los puntos donde el asa está fijada al recipiente.
Utiliza un cepillo de dientes viejo para trabajar estos rincones.
Realiza movimientos cortos alrededor de:
- La base del asa
- Los remaches
- Los tornillos
- Las pequeñas ranuras
- Los bordes inferiores
- Las uniones entre diferentes materiales
El cepillo permite alcanzar espacios donde una esponja grande no puede entrar.
Si la grasa comienza a desprenderse, retírala con un paño húmedo y continúa trabajando sobre los residuos restantes.
Utiliza bastoncillos para las ranuras pequeñas
Cuando exista una ranura demasiado estrecha para el cepillo, utiliza un bastoncillo de algodón ligeramente humedecido con agua jabonosa.
Pásalo varias veces por el espacio.
Sustitúyelo cuando se llene de grasa.
No introduzcas cuchillos, destornilladores ni objetos metálicos afilados en las juntas.
Además de rayar el recipiente, podrías deteriorar componentes del asa.
Repite el tratamiento si es necesario
Una capa de grasa que lleva meses calentándose repetidamente puede no desaparecer con una sola aplicación.
En ese caso, retira la primera pasta, aclara y observa el resultado.
Si todavía quedan zonas oscuras o pegajosas, repite únicamente sobre esas áreas.
Dos tratamientos moderados suelen ser preferibles a intentar retirar todo de una vez utilizando un estropajo extremadamente abrasivo.
Cuidado con las sartenes antiadherentes
Si estás limpiando el asa de una sartén antiadherente, procura que el tratamiento no termine dañando el revestimiento de la zona de cocción.
No utilices estropajos metálicos ni abrasivos fuertes sobre una superficie antiadherente.
Evita también raspar los bordes.
Si la grasa está situada muy cerca del revestimiento, trabaja con un cepillo suave y pequeñas cantidades de producto.
No sumerjas asas de madera
La madera necesita un tratamiento diferente.
No dejes un mango de madera durante largos periodos dentro de agua caliente.
La humedad puede favorecer deformaciones, grietas o deteriorar su acabado.
En este caso, utiliza un paño ligeramente humedecido con agua y detergente.
Trabaja progresivamente sobre la grasa y seca inmediatamente después.
Qué hacer con las asas desmontables
Algunas ollas y sartenes permiten desmontar el mango siguiendo las instrucciones del fabricante.
Si el sistema está diseñado para ello, desmontarlo puede facilitar considerablemente la limpieza de las zonas ocultas.
Sin embargo, no desmontes remaches, tornillos estructurales o mecanismos si el fabricante no indica que son piezas destinadas a retirarse.
Un asa mal montada puede convertirse en un problema de seguridad cuando el recipiente está lleno y caliente.
¿Sirve el vinagre para la grasa?
El vinagre puede resultar útil para determinados depósitos minerales, pero no es necesariamente la mejor primera opción para una gruesa capa de grasa.
Para este problema, un detergente desengrasante suele ser más apropiado.
El bicarbonato puede complementar la limpieza proporcionando una acción ligeramente abrasiva.
No necesitas mezclar bicarbonato y vinagre. La reacción produce espuma, pero ambos productos se neutralizan parcialmente.
Utilízalos por separado y únicamente cuando exista una razón concreta.
Aclara cuidadosamente
Una vez eliminada la grasa, pasa varias veces un paño limpio humedecido con agua.
Retira completamente el detergente y el bicarbonato.
Presta especial atención a las uniones, ya que la pasta puede quedarse acumulada alrededor de los tornillos o remaches.
Si el recipiente puede aclararse normalmente bajo el grifo, hazlo y después elimina inmediatamente el exceso de agua.
Seca las uniones
Este paso es especialmente importante en las zonas donde se juntan diferentes piezas.
Utiliza un paño seco para eliminar la humedad.
Después deja el recipiente en un lugar ventilado hasta que esté completamente seco antes de guardarlo.
Evitar que el agua permanezca durante mucho tiempo alrededor de tornillos y uniones ayuda a conservar mejor los componentes.
Productos y herramientas que conviene evitar
Para una limpieza doméstica habitual, evita utilizar:
- Cuchillas
- Lana de acero sobre acabados delicados
- Cepillos metálicos agresivos
- Limpiadores para horno sin comprobar su compatibilidad
- Productos extremadamente corrosivos
- Mezclas de diferentes limpiadores
Nunca mezcles lejía con vinagre, limón, amoníaco ni otros productos de limpieza.
Si utilizas un producto comercial específico, sigue exactamente las instrucciones de su etiqueta.
No confundas grasa con deterioro del material
Después de una limpieza profunda pueden permanecer algunas zonas oscuras.
No siempre se trata de suciedad.
El calor puede provocar cambios de color en determinados metales, mientras que el uso prolongado puede producir arañazos y desgaste.
Si la superficie ya no está pegajosa y no quedan residuos que puedan desprenderse, insistir con abrasivos fuertes puede hacer más daño que beneficio.
El objetivo debe ser conseguir un utensilio higiénicamente limpio y funcional, no necesariamente devolverle un aspecto idéntico al de fábrica.
Cómo evitar que la grasa vuelva a incrustarse
La prevención es mucho más sencilla que eliminar una capa acumulada durante meses.
Después de cocinar y cuando el recipiente esté suficientemente frío, pasa una esponja con detergente por el asa.
No limpies únicamente la zona interior de la olla o sartén.
Revisa especialmente la unión del mango, los remaches y la parte inferior.
Si observas una pequeña salpicadura de grasa, elimínala antes de guardar el recipiente.
Una capa reciente puede desaparecer en segundos. Después de múltiples ciclos de calentamiento, esa misma grasa puede necesitar una limpieza mucho más profunda.
Una limpieza sencilla que puede recuperar las asas
Para eliminar grasa incrustada de las asas de ollas y sartenes, empieza siempre por ablandarla con agua caliente y detergente.
Si persiste, aplica una pasta de bicarbonato con unas gotas de detergente y déjala actuar durante unos minutos. Después trabaja las uniones con un cepillo pequeño, retira todos los residuos, aclara y seca cuidadosamente.
La clave está en adaptar el procedimiento al material del asa y trabajar progresivamente. Una limpieza regular de estas zonas evita que las pequeñas salpicaduras se transformen en una capa oscura y endurecida mucho más difícil de eliminar.