La caléndula (Calendula officinalis) es una de esas plantas capaces de aportar muchísimo color al jardín con relativamente pocos cuidados. Sus flores amarillas y anaranjadas aparecen durante una larga temporada, pero a veces la planta crece con pocos tallos, se alarga demasiado y termina produciendo muchas menos flores de las esperadas.
La buena noticia es que existe una técnica muy sencilla para favorecer una planta más compacta, ramificada y con numerosos puntos de floración: controlar el crecimiento de las puntas jóvenes y retirar regularmente las flores marchitas.
Por qué algunas caléndulas producen pocas flores
Cuando una caléndula joven desarrolla un tallo principal muy dominante, gran parte de su energía se concentra en hacerlo crecer hacia arriba.
El resultado puede ser una planta relativamente alta pero con pocas ramas laterales. Y cuantas menos ramas tenga, menos extremos disponibles habrá para producir nuevos botones florales.
También existen otros factores que pueden reducir la floración:
- Falta de luz solar.
- Exceso de fertilizante rico en nitrógeno.
- Riego demasiado frecuente.
- Flores marchitas que permanecen demasiado tiempo en la planta.
- Falta de espacio para desarrollar nuevas ramas.
Por eso, además de proporcionarle buenas condiciones de cultivo, merece la pena estimular la ramificación desde que la planta todavía es joven.
El sencillo gesto que favorece nuevas ramificaciones
Cuando la caléndula haya desarrollado varios pares de hojas verdaderas y esté creciendo con vigor, observa la punta del tallo principal.
Con unas tijeras pequeñas y limpias —o simplemente con los dedos si el brote es muy tierno— retira únicamente la punta de crecimiento justo por encima de un nudo con hojas sanas.
No es necesario realizar una poda fuerte.
Al eliminar ese extremo dominante, la planta puede empezar a desarrollar con mayor intensidad las yemas situadas en las axilas de las hojas.
Con el paso de los días aparecerán nuevos tallos laterales.
Esos tallos también podrán ramificarse y producir botones florales, dando como resultado una mata progresivamente más densa.
No cortes demasiado de una sola vez
Uno de los errores más frecuentes consiste en podar excesivamente una planta joven pensando que así crecerá todavía más.
No es necesario.
El objetivo es estimular la ramificación sin eliminar una cantidad excesiva de hojas, porque las hojas son precisamente las encargadas de producir mediante la fotosíntesis buena parte de la energía que necesita la planta.
Después del primer pinzado, espera a observar su reacción.
Cuando los nuevos brotes hayan crecido suficientemente, puedes repetir un pinzado ligero en algunos de ellos si quieres conseguir una forma todavía más compacta.
El segundo secreto: retirar las flores marchitas
Cuando comiencen a aparecer las primeras flores, existe otro hábito especialmente útil.
No dejes todas las flores secas en la planta.
Una vez que una flor haya perdido su atractivo y empiece a marchitarse, corta el tallo floral por encima de una hoja o de una nueva ramificación.
¿Por qué?
Porque si dejamos evolucionar todas las flores marchitas, la planta comienza a dedicar recursos a la formación y maduración de semillas.
Al retirar regularmente parte de esas flores pasadas, favorecemos que la caléndula continúe desarrollando nuevos botones florales durante más tiempo, siempre que las condiciones ambientales sean adecuadas.
Si quieres recoger semillas para la temporada siguiente, simplemente deja algunas flores sin cortar hacia el final del ciclo.
Mucha luz para conseguir una floración abundante
El pinzado por sí solo no puede compensar unas malas condiciones de cultivo.
La caléndula agradece especialmente una ubicación luminosa y normalmente florece mejor cuando recibe varias horas de sol directo cada día.
En lugares con veranos extremadamente calurosos, algo de protección durante las horas más intensas puede resultar beneficioso.
Una planta cultivada con muy poca luz puede desarrollar tallos más largos y débiles mientras busca iluminación.
Por eso, si observas una caléndula excesivamente alargada, comprueba también su ubicación antes de comenzar a podarla repetidamente.
Cuidado con el exceso de fertilizante
Otro error bastante habitual consiste en utilizar demasiado fertilizante con la esperanza de conseguir más flores.
Especialmente cuando contiene mucho nitrógeno, el resultado puede ser exactamente el contrario: una planta llena de hojas verdes pero con una floración decepcionante.
Las caléndulas cultivadas en un suelo razonablemente fértil normalmente no necesitan una fertilización intensa.
En maceta, donde los nutrientes disponibles son más limitados, puede utilizarse ocasionalmente un fertilizante equilibrado siguiendo siempre la dosis indicada por el fabricante.
Más fertilizante no significa automáticamente más flores.
Cómo regar correctamente una caléndula en maceta
Introduce un dedo unos centímetros en el sustrato.
Si la capa superficial todavía está claramente húmeda, generalmente no es necesario volver a regar inmediatamente.
Cuando notes que comienza a secarse, realiza un riego profundo hasta humedecer bien el sustrato y deja que el exceso de agua salga por los agujeros de drenaje.
Evita mantener permanentemente encharcada la tierra.
Un recipiente con agujeros de drenaje y un sustrato aireado ayudan enormemente a mantener las raíces en buenas condiciones.
Una rutina sencilla durante toda la temporada
Para mantener una caléndula compacta y productiva, basta con observarla regularmente.
Durante las primeras etapas, realiza pinzados ligeros para estimular nuevas ramas. Cuando empiece la floración, elimina las flores marchitas y los tallos claramente deteriorados.
Al mismo tiempo, asegúrate de proporcionarle suficiente luz y un riego adaptado a la humedad real del sustrato.
Con estos pequeños cuidados, la diferencia puede ser considerable.
En lugar de desarrollar solamente unos pocos tallos largos, la caléndula puede formar una mata mucho más ramificada, con numerosos botones y sucesivas oleadas de flores.
Un último detalle que marca la diferencia
No esperes a que la planta esté completamente desordenada para intervenir.
Los mejores resultados se consiguen realizando pequeños cuidados periódicos: observar los nuevos brotes, retirar una punta cuando sea necesario y cortar las flores que ya han terminado su ciclo.
Es una técnica sencilla que aprovecha el crecimiento natural de la planta y permite disfrutar durante mucho más tiempo del espectacular color de las caléndulas.