Los mandos de la cocina están justo donde más fácilmente se acumulan grasa, vapor y pequeñas salpicaduras de alimentos. Si además llevan protectores o fundas de silicona, con el tiempo estas piezas pueden adquirir un aspecto amarillento, pegajoso y lleno de manchas.
Aunque parezcan definitivamente estropeadas, muchas veces el problema es simplemente una capa de grasa que se ha ido adhiriendo a la silicona. Antes de sustituirlas, una limpieza profunda con productos sencillos puede devolverles un aspecto mucho más limpio.
Por qué la silicona acaba tan sucia
La grasa que se libera durante la cocción no siempre permanece alrededor de las sartenes. Parte de ella se dispersa en forma de pequeñas partículas y termina depositándose sobre las superficies cercanas.
Los mandos son especialmente vulnerables porque los tocamos constantemente con las manos.
Cuando esa grasa se mezcla con polvo y restos de alimentos, aparece una película pegajosa que puede ser difícil de eliminar únicamente con un paño húmedo.
En la silicona clara, además, cualquier mancha resulta mucho más visible.
Antes de empezar, comprueba que las piezas puedan retirarse
Si los protectores de silicona son desmontables, retirarlos permite limpiar mucho mejor tanto la parte exterior como la cara que permanece en contacto con el mando.
Hazlo siempre con la cocina completamente apagada y fría.
No fuerces ninguna pieza. Si tienes dudas sobre cómo desmontar los protectores o los propios mandos, consulta las instrucciones del fabricante.
El objetivo es limpiar únicamente las partes que estén diseñadas para retirarse, sin dañar el mecanismo de control.
El primer paso: agua caliente y detergente
Para la grasa de cocina, el detergente lavavajillas es uno de los recursos más útiles.
Llena un recipiente con agua caliente, pero no necesariamente hirviendo, y añade unas gotas de detergente desengrasante.
Introduce únicamente los protectores desmontables que sean aptos para lavarse de esta manera.
Déjalos en remojo durante unos 15 o 20 minutos.
El agua templada o caliente ayuda a ablandar la película grasienta, mientras que el detergente facilita que esa grasa se desprenda de la superficie.
Frota las ranuras con un cepillo suave
Después del remojo, utiliza una esponja suave para limpiar cada protector.
Para las pequeñas ranuras, bordes y zonas donde se acumula suciedad, un cepillo de dientes viejo reservado para la limpieza puede resultar especialmente práctico.
Frota con movimientos suaves.
En muchos casos comprobarás que una suciedad que parecía completamente adherida comienza a desaparecer después del remojo.
Si el agua queda muy grasienta, sustitúyela y repite el lavado antes de continuar.
Bicarbonato para la suciedad persistente
Cuando el detergente no elimina todas las manchas, puedes probar con una pequeña cantidad de bicarbonato de sodio, siempre que el fabricante no desaconseje su uso.
Mezcla bicarbonato con unas gotas de agua hasta formar una pasta ligera.
Aplica una pequeña cantidad sobre las zonas especialmente sucias y trabaja suavemente con una esponja o un cepillo blando.
Después, aclara abundantemente.
No es necesario frotar agresivamente. La silicona puede resistir bastante bien el uso cotidiano, pero los acabados y colores varían entre productos.
Por eso, ante cualquier duda, prueba primero en una zona discreta.
¿Qué hacer si siguen estando grasientos?
A veces una sola limpieza no es suficiente, especialmente cuando la grasa lleva meses acumulándose.
En lugar de recurrir inmediatamente a productos muy agresivos, repite el proceso.
Prepara agua limpia con detergente, deja las piezas nuevamente en remojo y vuelve a cepillarlas.
Dos ciclos suaves pueden resultar más seguros que intentar eliminar toda la suciedad mediante un estropajo abrasivo.
También es importante cambiar el agua cuando está cubierta por una película de grasa. De lo contrario, parte de esa suciedad puede volver a depositarse sobre la silicona.
Cuidado con la lejía y los productos agresivos
Cuando una funda originalmente blanca se vuelve amarillenta, puede resultar tentador utilizar lejía para recuperar el color.
No siempre es una buena idea.
La silicona puede incorporar pigmentos, tratamientos superficiales u otros componentes cuya compatibilidad con determinados productos químicos depende del fabricante.
Evita mezclar productos de limpieza y, especialmente, nunca combines lejía con vinagre, amoníaco u otros limpiadores.
Para la suciedad grasa habitual, agua y detergente deberían ser el punto de partida.
Una mancha no siempre es suciedad
Existe una diferencia entre una capa superficial de grasa y una alteración permanente del material.
Después de lavar y secar completamente la pieza, comprueba su aspecto.
Si continúa amarillenta pero ya no está grasienta ni presenta residuos, el color puede haberse alterado debido al envejecimiento, al calor o a la absorción de determinados pigmentos.
En ese caso, insistir con productos cada vez más agresivos probablemente no conseguirá que vuelva a ser completamente blanca.
Una limpieza puede eliminar suciedad; no siempre puede revertir el envejecimiento del material.
Aprovecha para limpiar alrededor de los mandos
Mientras los protectores desmontables están fuera, puedes limpiar la superficie exterior que los rodea.
Con la cocina apagada y fría, utiliza un paño ligeramente humedecido con agua y unas gotas de detergente adecuado para el acabado de tu electrodoméstico.
Evita que el líquido entre en los ejes, conexiones o mecanismos situados detrás de los mandos.
No pulverices grandes cantidades de limpiador directamente sobre el panel. Es preferible aplicarlo primero sobre el paño.
Después pasa otro paño húmedo para retirar los residuos y termina secando la superficie.
El secado es fundamental
Cuando los protectores estén limpios, acláralos cuidadosamente hasta que no quede detergente.
Sécalos con un paño y déjalos al aire hasta que estén completamente secos, también por dentro.
No los coloques nuevamente si todavía contienen agua en las cavidades interiores.
Una vez secos, vuelve a instalarlos correctamente y comprueba que los mandos puedan girar y funcionar con total normalidad.
Cuándo conviene reemplazar los protectores
Una limpieza profunda puede mejorar muchísimo unas piezas cubiertas de grasa, pero no puede reparar daños físicos.
Considera sustituirlas si encuentras:
- grietas o roturas;
- deformaciones producidas por el calor;
- zonas derretidas;
- pérdida notable de elasticidad;
- superficies que permanecen pegajosas después de limpiarlas;
- un ajuste que impide utilizar correctamente los mandos.
En un elemento situado cerca de una fuente de calor y asociado a los controles de la cocina, el ajuste correcto es más importante que el aspecto estético.
Cómo mantenerlos limpios durante más tiempo
La forma más sencilla de evitar una limpieza profunda es retirar la grasa antes de que tenga tiempo de acumularse.
Cuando termines de cocinar y la superficie se haya enfriado, pasa un paño húmedo por los mandos y sus protectores.
Si has preparado alimentos que producen muchas salpicaduras, limpia la zona ese mismo día.
Una vez cada cierto tiempo, si las fundas son desmontables y el fabricante lo permite, retíralas para limpiar también la cara interior.
Son apenas unos minutos de mantenimiento, pero evitan que pequeñas manchas terminen convirtiéndose en una capa pegajosa difícil de retirar.
Un truco sencillo para que vuelvan a parecer cuidados
No hace falta esperar hasta que los protectores estén completamente cubiertos de grasa.
Un remojo con agua caliente y detergente, seguido de un cepillado suave, puede eliminar buena parte de los residuos acumulados. Para determinadas manchas persistentes, una pequeña cantidad de bicarbonato puede servir como ayuda adicional si el material es compatible.
Después solo queda aclarar, secar perfectamente y volver a colocar cada pieza.
El resultado puede ser sorprendente: unos protectores que parecían viejos recuperan un aspecto limpio y uniforme, mientras que toda la zona de los mandos vuelve a transmitir esa sensación de cocina cuidada e impecable.