Este sencillo método ayuda a que los puerros engorden y desarrollen una parte blanca mucho más larga

Los puerros son uno de esos cultivos que parecen fáciles hasta que llega el momento de cosecharlos. Las hojas pueden verse verdes y saludables y, sin embargo, al sacarlos de la tierra descubrimos tallos finos y una parte blanca mucho más corta de lo que esperábamos.

La diferencia entre un puerro pequeño y uno grueso, con un largo tallo blanco, no depende únicamente de la variedad o del fertilizante.

Existe una técnica tradicional muy sencilla que puede mejorar notablemente el resultado: plantarlos profundamente y, a medida que crecen, ir acercando tierra alrededor del tallo.

Este método, conocido como aporcado, limita la exposición de una parte del tallo a la luz. Como consecuencia, esa zona permanece blanca y tierna mientras el puerro continúa desarrollándose.

¿Por qué algunos puerros tienen tan poca parte blanca?

La zona blanca del puerro no corresponde a una variedad diferente de tejido. Básicamente, es la parte inferior de las hojas superpuestas que ha crecido protegida de la luz.

Cuando el tallo queda expuesto, desarrolla clorofila y adquiere tonos verdes.

Por eso, si plantamos los puerros demasiado superficialmente y dejamos que crezcan sin hacer nada más, normalmente tendremos una sección blanca relativamente corta.

Para conseguir puerros con un tallo blanco más largo hay que impedir que la luz llegue progresivamente a una mayor parte de la base.

Y aquí es donde el aporcado resulta especialmente útil.

El sencillo método: acercar tierra alrededor de los puerros

Cuando los puerros ya están bien establecidos y han comenzado a engordar, podemos ir acumulando tierra suelta alrededor de su base.

No debemos hacerlo todo de una sola vez.

Lo ideal es realizarlo gradualmente.

Primero acercamos unos centímetros de tierra alrededor de cada planta. Después de varias semanas, cuando los puerros hayan crecido más, podemos repetir la operación.

De esta manera se forma poco a poco una pequeña elevación de tierra alrededor de la fila.

La parte cubierta queda protegida de la luz y continúa creciendo con un color mucho más claro.

Hay un detalle importante: no entierres el centro de las hojas

Aunque queramos obtener una sección blanca larga, no debemos cubrir completamente el puerro.

El punto donde nacen las hojas debe permanecer libre.

Si introducimos demasiada tierra entre las hojas, además de ensuciarlas, podemos favorecer problemas relacionados con una ventilación deficiente y la acumulación de humedad.

Por eso el objetivo es cubrir progresivamente la parte inferior del tallo, no enterrar toda la planta.

Resulta mucho más seguro realizar varios aporcados ligeros que intentar conseguir toda la longitud blanca en una sola operación.

Un buen resultado comienza en el momento de plantar

Podemos facilitar muchísimo el trabajo si plantamos correctamente desde el principio.

Una técnica tradicional consiste en hacer agujeros relativamente profundos con un plantador y colocar una plántula de puerro dentro de cada uno.

La profundidad dependerá del tamaño de las plantas y de las características del suelo, pero frecuentemente se utilizan agujeros de alrededor de 10 a 15 centímetros.

Las raíces deben quedar hacia abajo y las hojas por encima del nivel del terreno.

Después se puede regar cuidadosamente para que la tierra vaya asentándose alrededor de las raíces.

Este sistema permite que una parte considerable del tallo comience su desarrollo protegida de la luz.

Más adelante podemos combinarlo con el aporcado.

El espacio también ayuda a que los puerros engorden

Si nuestro objetivo es obtener puerros gruesos, no conviene plantarlos excesivamente juntos.

Cuando las plantas están demasiado apretadas compiten por luz, agua y nutrientes.

Una separación aproximada de 10 a 15 centímetros entre plantas suele proporcionar un espacio razonable para obtener buenos tallos, aunque la distancia ideal depende de la variedad y del tamaño final que busquemos.

Para puerros especialmente grandes podemos aumentar ligeramente el espacio.

También conviene dejar suficiente distancia entre filas para poder trabajar cómodamente y acercar tierra a los tallos durante el crecimiento.

El agua es fundamental para conseguir tallos gruesos

El aporcado puede aumentar la longitud de la parte blanca, pero para que los puerros realmente engorden necesitan crecer de manera constante.

Y para ello necesitan agua.

Los puerros permanecen bastante tiempo en el huerto y agradecen un suelo que conserve cierta humedad sin permanecer constantemente encharcado.

Durante periodos secos, un riego insuficiente puede ralentizar considerablemente su crecimiento.

Es preferible realizar un riego profundo y regular que limitarse a humedecer superficialmente el terreno.

Después podemos utilizar una fina capa de acolchado orgánico para reducir la evaporación.

Un suelo fértil marca la diferencia

Los puerros tienen un ciclo de cultivo relativamente largo y agradecen un suelo fértil y rico en materia orgánica.

Antes de plantarlos podemos incorporar compost bien maduro.

Esto no solo aporta nutrientes, sino que también puede mejorar la estructura del terreno y su capacidad para conservar humedad.

Durante el crecimiento, si el suelo es pobre, puede resultar necesario proporcionar nutrición adicional adecuada para cultivos hortícolas, siempre respetando las dosis recomendadas del producto utilizado.

El objetivo es mantener un crecimiento constante.

Un puerro que pasa semanas prácticamente detenido difícilmente alcanzará el mismo grosor que una planta que ha dispuesto regularmente de agua, espacio y nutrientes.

¿Cuándo debemos empezar a aporcar?

No conviene hacerlo inmediatamente después de trasplantar plántulas pequeñas.

Primero debemos permitir que se establezcan correctamente.

Cuando observemos un crecimiento activo y los tallos hayan comenzado a ganar grosor, podemos realizar el primer aporcado ligero.

Posteriormente repetiremos el proceso según vaya creciendo la planta.

Una rutina sencilla podría ser:

  • acercar unos centímetros de tierra;
  • esperar a que el puerro continúe creciendo;
  • volver a cubrir ligeramente la parte inferior;
  • repetir cuando sea necesario.

Así conseguimos un blanqueamiento progresivo sin someter la planta a un cambio brusco.

Otra posibilidad: cultivar los puerros en pequeños surcos

Si queremos facilitar todavía más el proceso, podemos plantar los puerros en un surco.

Al principio las plantas quedan ligeramente por debajo del nivel general del bancal.

A medida que crecen, vamos rellenando progresivamente el surco con tierra.

Cuando finalmente queda nivelado, una parte importante del tallo ya ha crecido protegida de la luz.

Después todavía podemos realizar un pequeño aporcado adicional si necesitamos más longitud blanca.

Es una técnica sencilla que permite aprovechar el propio diseño del bancal.

No hace falta exagerar con el aporcado

Más tierra no significa necesariamente mejores puerros.

Una montaña excesiva alrededor de una planta pequeña puede provocar más inconvenientes que beneficios.

También debemos recordar que el puerro necesita sus hojas verdes para realizar la fotosíntesis.

Precisamente gracias a ellas obtiene la energía necesaria para crecer.

El objetivo consiste en encontrar un equilibrio: mantener una sección inferior protegida de la luz mientras dejamos las hojas completamente expuestas.

¿Cuándo están listos para cosechar?

Una de las ventajas de los puerros es que normalmente podemos cosecharlos de manera escalonada.

No tenemos que retirar toda la fila el mismo día.

Podemos comenzar por los ejemplares más gruesos y dejar los pequeños creciendo durante más tiempo.

Para cosecharlos, es preferible aflojar primero la tierra con cuidado, especialmente si el terreno está compacto.

Intentar tirar directamente de un puerro profundamente plantado puede romper parte del tallo o de las raíces.

Una vez fuera de la tierra podremos apreciar perfectamente el resultado: una sección inferior clara, larga y tierna seguida de las características hojas verdes.

Tres factores para conseguir puerros espectaculares

El secreto no consiste en un producto milagroso.

Para obtener puerros gruesos y con una parte blanca larga debemos combinar tres elementos básicos: profundidad, crecimiento constante y protección frente a la luz.

Plantarlos suficientemente profundos proporciona una buena base. Darles espacio, agua y un suelo fértil permite que engorden. Finalmente, acercar tierra progresivamente alrededor del tallo ayuda a aumentar la longitud de la zona blanca.

Es una técnica tradicional, económica y fácil de aplicar incluso en un huerto pequeño.

Con unos cuantos aporcados realizados durante la temporada, la diferencia en la cosecha puede ser sorprendente: puerros más robustos, con tallos blancos más largos y una parte tierna mucho más aprovechable en la cocina.

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