Las sillas de plástico blancas son prácticas, resistentes y muy habituales en terrazas, patios y jardines. Sin embargo, después de pasar meses al aire libre pueden perder rápidamente su aspecto original. El polvo, la contaminación, el polen, la lluvia y la suciedad que se introduce en la textura del plástico terminan dejando una superficie grisácea o amarillenta.
En muchos casos no es necesario sustituirlas. Una limpieza profunda puede recuperar gran parte de su aspecto siempre que la pérdida de color proceda principalmente de suciedad superficial. Si el plástico está permanentemente amarillento por envejecimiento y exposición solar, la limpieza puede mejorarlo, pero no siempre devolverle su blanco original.
Qué necesitas
Para empezar con un método suave prepara:
- 2 litros de agua tibia.
- 15-20 ml de detergente lavavajillas.
- Un recipiente o cubo.
- Una esponja no abrasiva.
- Un cepillo de cerdas suaves o medias.
- Dos paños de microfibra.
- Agua limpia para aclarar.
- Guantes de limpieza.
Para algunas manchas resistentes también puedes utilizar bicarbonato de sodio.
No es necesario combinar numerosos productos. Es preferible comenzar con el procedimiento más suave y aumentar la intensidad únicamente donde haga falta.
Retira primero el polvo superficial
Antes de mojar la silla, elimina hojas, polvo, tierra y cualquier residuo seco.
Puedes utilizar un cepillo, un paño seco o una aspiradora.
Presta especial atención a las ranuras del asiento, la unión entre el respaldo y los reposabrazos y la parte inferior de la silla.
Eliminar primero la suciedad seca evita convertir el polvo en barro cuando añadas agua.
Prepara agua jabonosa
Mezcla aproximadamente 15-20 ml de detergente lavavajillas con 2 litros de agua tibia.
No necesitas una concentración muy elevada.
El detergente ayuda especialmente a desprender la película de suciedad y grasa que puede acumularse sobre el plástico.
Humedece una esponja y distribuye la solución por toda la silla.
Si está muy sucia, trabaja por secciones para evitar que el agua jabonosa se seque antes de poder frotar.
Deja que el detergente actúe unos minutos
Cuando la suciedad lleva meses acumulándose, no es necesario empezar inmediatamente a frotar con mucha fuerza.
Extiende el agua jabonosa y déjala actuar aproximadamente 5 minutos.
Mantén la superficie húmeda durante este periodo.
El objetivo es ablandar la suciedad adherida para que resulte más sencilla de retirar posteriormente.
En días muy calurosos, realiza la limpieza a la sombra para evitar que la solución se seque demasiado rápido.
Cepilla las zonas más sucias
Utiliza un cepillo de cerdas suaves o medias.
Trabaja especialmente sobre:
- Las ranuras del respaldo.
- Las uniones del asiento.
- Los reposabrazos.
- Las patas.
- Las esquinas.
- La parte posterior del respaldo.
- Las zonas con textura.
Realiza movimientos cortos sin ejercer una presión excesiva.
El plástico puede rayarse. Por eso no conviene utilizar estropajos metálicos, lana de acero ni herramientas abrasivas.
Bicarbonato para manchas resistentes
Si después de la primera limpieza permanecen algunas manchas, puedes preparar una pasta suave de bicarbonato.
Mezcla:
- 3 cucharadas de bicarbonato de sodio.
- Aproximadamente 1 o 2 cucharadas de agua.
Añade el agua poco a poco hasta conseguir una pasta fácil de extender.
Aplícala únicamente sobre las zonas problemáticas y déjala actuar unos 10 minutos.
Después frota suavemente con una esponja húmeda.
Como el bicarbonato tiene una acción ligeramente abrasiva, prueba primero en una zona poco visible, especialmente si el plástico tiene un acabado brillante.
No es necesario utilizarlo sobre toda la silla si solo existen algunas manchas.
Aclara abundantemente
Después de limpiar, elimina completamente el jabón y cualquier resto de bicarbonato.
Puedes utilizar agua limpia y una esponja o, si trabajas en el exterior y resulta apropiado, una manguera con presión normal.
Aclara desde la parte superior hacia abajo.
Comprueba especialmente las ranuras y uniones, porque la espuma puede permanecer atrapada en ellas.
Un aclarado insuficiente puede dejar una película opaca cuando la silla se seque.
Seca la silla
Aunque una silla de plástico puede dejarse secar al aire, pasar un paño de microfibra limpio ayuda a evitar marcas de gotas, especialmente si el agua de tu zona contiene muchos minerales.
Seca primero el asiento, el respaldo y los reposabrazos.
Después deja la silla en un lugar ventilado hasta que las zonas inferiores y las uniones estén completamente secas.
¿Y si la silla continúa amarillenta?
Es importante distinguir entre suciedad y envejecimiento del material.
Si después de una limpieza profunda el plástico sigue teniendo un tono amarillento uniforme, es posible que la causa no sea una capa de suciedad.
La radiación ultravioleta, el calor y el envejecimiento pueden modificar progresivamente determinados plásticos.
En esas circunstancias, continuar frotando con productos cada vez más abrasivos puede dañar la superficie sin recuperar realmente el color.
Una silla perfectamente limpia puede conservar cierto cambio de tonalidad debido simplemente a su antigüedad.
Cuidado con la lejía
La lejía puede utilizarse para determinadas tareas de limpieza y desinfección, pero no debería convertirse automáticamente en la primera opción para cualquier silla blanca.
Algunos plásticos pueden reaccionar mal a concentraciones elevadas o exposiciones prolongadas.
Si existe una necesidad específica de desinfección, consulta las instrucciones del fabricante del producto y comprueba previamente la compatibilidad con la silla.
Nunca mezcles lejía con vinagre, amoniaco, alcohol ni otros limpiadores.
Para la suciedad doméstica normal, empezar con agua y detergente suele ser suficiente.
No necesitas limón, vinagre y bicarbonato al mismo tiempo
Los remedios caseros suelen recomendar combinar numerosos ingredientes, pero más productos no significan necesariamente mejores resultados.
El bicarbonato y los productos ácidos, como el vinagre o el limón, reaccionan entre sí. La efervescencia puede resultar visualmente llamativa, pero ambos productos se neutralizan parcialmente.
Para una silla con suciedad normal, utiliza primero detergente.
Si quedan manchas compatibles con el uso de bicarbonato, aplícalo después como tratamiento independiente.
Una rutina sencilla es más fácil de controlar y también reduce el riesgo de dañar la superficie.
Cómo limpiar pequeñas manchas negras
Las sillas almacenadas en lugares húmedos pueden presentar pequeños puntos oscuros.
Primero intenta eliminarlos con agua jabonosa y un cepillo.
Si reaparecen rápidamente o existe una proliferación extensa, revisa también el lugar donde guardas las sillas. Una ventilación insuficiente y una humedad elevada pueden favorecer nuevamente el problema.
Utiliza guantes y evita cepillar en seco una cantidad importante de crecimiento sospechoso de moho, ya que podrías dispersar partículas.
Cuando el problema sea considerable, puede ser necesario utilizar un producto específicamente indicado para esa superficie siguiendo sus instrucciones.
Limpia también la parte inferior
Es muy habitual dejar perfectamente limpio el asiento y olvidarse del resto.
Da la vuelta a la silla y revisa:
- La parte inferior del asiento.
- Las patas.
- Los refuerzos estructurales.
- Las uniones.
- Los extremos que están en contacto con el suelo.
Estas zonas pueden acumular tierra, telarañas e insectos.
Límpialas con la misma solución de agua y detergente y aclara correctamente.
Cómo conservarlas blancas durante más tiempo
La prevención resulta mucho más sencilla que recuperar una silla después de varios años de abandono.
Retira regularmente el polvo con un paño húmedo y limpia rápidamente las manchas.
Cuando no vayas a utilizar las sillas durante un periodo prolongado, guárdalas en un espacio seco y protegido de la exposición solar continua siempre que sea posible.
Si utilizas una funda, asegúrate de que las sillas estén completamente secas antes de cubrirlas.
Guardar plástico mojado durante semanas puede generar olores y favorecer la aparición de suciedad biológica.
Frecuencia recomendada
La frecuencia depende de dónde estén situadas.
En una terraza cubierta puede bastar con una limpieza ligera cada pocas semanas y una limpieza profunda varias veces durante la temporada de uso.
Las sillas permanentemente expuestas a polvo, árboles, contaminación o lluvia probablemente necesitarán atención con mayor frecuencia.
Una pasada rápida con agua jabonosa cuando empieza a aparecer suciedad evita tener que realizar posteriormente un tratamiento mucho más intenso.
Errores que pueden dañar las sillas
Evita especialmente:
- Utilizar lana de acero.
- Raspar el plástico con cuchillos.
- Frotar agresivamente con productos abrasivos.
- Utilizar disolventes fuertes.
- Mezclar diferentes productos químicos.
- Dejar limpiadores concentrados durante horas.
- Aplicar agua extremadamente caliente.
- Utilizar una hidrolimpiadora demasiado cerca de la superficie.
- Intentar eliminar mediante abrasión un amarilleamiento causado por el envejecimiento del plástico.
También conviene revisar la estructura antes de volver a utilizar una silla antigua. Si presenta grietas importantes, patas deformadas o zonas debilitadas, una limpieza perfecta no solucionará el problema estructural.
El resultado depende del estado inicial
Cuando el aspecto grisáceo procede principalmente de polvo, contaminación y suciedad acumulada, la diferencia después de una limpieza profunda puede ser considerable.
El plástico vuelve a verse limpio, las ranuras recuperan su aspecto y desaparece la película opaca que cubría la superficie.
Si parte de la decoloración se debe al envejecimiento provocado por el sol, el resultado será más moderado. En ese caso, lo importante es obtener una silla realmente limpia sin deteriorar el material intentando conseguir un blanco artificialmente perfecto.
Agua tibia, una pequeña cantidad de detergente, un cepillado cuidadoso y un buen aclarado constituyen una rutina sencilla y eficaz para mantener las sillas de plástico blancas mucho más limpias durante toda la temporada.