Las asas de las ollas son uno de esos rincones de la cocina que pueden pasar desapercibidos durante la limpieza diaria. Aunque lavemos bien el interior y el exterior de la olla, alrededor de los remaches, las uniones y la propia asa suele quedar una fina película de grasa que, con el calor y el paso del tiempo, termina convirtiéndose en una capa oscura y pegajosa.
La buena noticia es que no hace falta recurrir inmediatamente a productos muy agresivos ni frotar con estropajos que puedan rayar el metal. Un sencillo truco casero puede ayudar a ablandar esa suciedad para retirarla con mucha menos dificultad.
Por qué se acumula tanta grasa en las asas
Mientras cocinamos, pequeñas gotas de aceite y partículas de alimentos salen de la sartén o la olla y terminan depositándose sobre las superficies cercanas. Las asas y, especialmente, sus puntos de unión con el recipiente son lugares perfectos para que esta suciedad se acumule.
El problema aparece cuando volvemos a utilizar la olla. El calor hace que esa película de grasa se adhiera cada vez más a la superficie. Después de semanas o meses, lo que inicialmente podía retirarse con agua y detergente puede convertirse en una costra marrón difícil de eliminar.
Por eso, en este caso, la clave no está en frotar con más fuerza, sino en ablandar primero la grasa acumulada.
El truco casero: bicarbonato y lavavajillas
Una combinación sencilla para tratar la grasa adherida en muchas ollas metálicas es utilizar bicarbonato de sodio y detergente lavavajillas.
El detergente ayuda a desprender la grasa, mientras que el bicarbonato permite trabajar sobre los residuos más resistentes mediante una limpieza suave.
Qué necesitas
Para poner en práctica este método basta con tener:
- 2 cucharadas de bicarbonato de sodio
- Una pequeña cantidad de detergente lavavajillas
- Agua tibia
- Un recipiente pequeño
- Una esponja suave o un cepillo de dientes viejo de cerdas blandas
- Un paño de microfibra
No es necesario preparar grandes cantidades. Lo importante es conseguir una mezcla suficientemente espesa como para mantenerse sobre las zonas sucias.
Cómo limpiar las asas paso a paso
1. Deja que la olla se enfríe completamente
Nunca realices este procedimiento sobre una olla caliente. Además de evitar quemaduras, trabajar sobre una superficie fría permite aplicar la mezcla de manera más controlada.
2. Retira la suciedad superficial
Lava rápidamente la zona con agua tibia y unas gotas de detergente. Así eliminarás la grasa reciente y podrás concentrarte en los residuos realmente incrustados.
Después, seca ligeramente la superficie.
3. Prepara una pasta de bicarbonato
Coloca unas dos cucharadas de bicarbonato en un recipiente pequeño. Añade unas gotas de detergente lavavajillas y una cantidad mínima de agua tibia.
Mezcla hasta obtener una pasta cremosa.
Si queda demasiado líquida, añade un poco más de bicarbonato. Si está excesivamente seca, incorpora unas gotas de agua.
4. Cubre las zonas con grasa acumulada
Extiende la mezcla sobre el asa y, sobre todo, alrededor de los remaches y las uniones con la olla.
Estas pequeñas ranuras suelen esconder mucha más suciedad de la que parece a simple vista.
Deja actuar la pasta durante unos 10-15 minutos, procurando que no se seque completamente.
El detalle que facilita mucho la limpieza
Después del tiempo de espera, humedece ligeramente una esponja suave o un cepillo de dientes viejo y trabaja sobre la suciedad con movimientos cortos y sin ejercer demasiada presión.
En las zonas alrededor de los tornillos o remaches, el cepillo resulta especialmente práctico porque sus cerdas llegan a espacios donde una esponja convencional no puede entrar.
Si todavía quedan restos, es preferible repetir el proceso antes que utilizar inmediatamente un estropajo metálico.
Aclara y seca muy bien
Una vez desprendida la grasa, retira completamente los restos de bicarbonato y detergente con agua.
Después seca la olla con un paño de microfibra.
Este último paso es especialmente importante en las zonas de unión del asa, donde puede quedar humedad atrapada. Además, secar el acero inoxidable inmediatamente ayuda a reducir las marcas producidas por las gotas de agua.
Lo que conviene evitar
Cuando vemos una capa de grasa muy oscura, la primera reacción puede ser utilizar el estropajo más abrasivo que tengamos en casa. Sin embargo, no siempre es una buena idea.
Los estropajos metálicos y otros materiales muy abrasivos pueden dejar arañazos visibles en determinados acabados. También conviene evitar cuchillos, espátulas metálicas u objetos afilados para raspar la suciedad.
Hay que tener especial precaución con ollas pintadas, esmaltadas, anodizadas o con revestimientos especiales. En estos casos, consulta las instrucciones del fabricante antes de utilizar bicarbonato u otros métodos caseros y prueba primero en una zona poco visible.
Tampoco conviene mezclar productos de limpieza al azar. Especialmente, nunca mezcles lejía con amoniaco, vinagre, ácidos u otros limpiadores, ya que pueden producirse vapores peligrosos.
¿Y si la grasa lleva años acumulada?
Una sola aplicación puede no ser suficiente cuando los residuos han recibido calor cientos de veces.
En lugar de intentar eliminarlos de una vez mediante una fricción muy agresiva, repite el tratamiento. Aplica nuevamente la pasta, espera unos minutos y vuelve a trabajar suavemente sobre la zona.
El proceso puede ser más lento, pero reduce el riesgo de estropear el acabado de la olla.
Cómo evitar que las asas vuelvan a ponerse negras
La prevención resulta mucho más sencilla que retirar grasa quemada durante meses.
Después de cocinar alimentos que producen muchas salpicaduras, pasa una esponja con agua tibia y detergente por las asas cuando la olla ya esté fría. Presta especial atención a la zona donde el asa se une al cuerpo del recipiente.
Una limpieza rápida de apenas unos segundos evita que las pequeñas gotas de aceite permanezcan allí hasta la siguiente cocción.
También merece la pena realizar una limpieza más minuciosa alrededor de los remaches de vez en cuando.
Un pequeño hábito que marca la diferencia
No existe un producto milagroso capaz de hacer desaparecer cualquier tipo de grasa incrustada en segundos. Sin embargo, bicarbonato, detergente lavavajillas, un poco de tiempo y una limpieza suave pueden facilitar considerablemente el trabajo en muchas ollas metálicas.
El secreto está en permitir que la suciedad se ablande antes de empezar a frotar.
Y una vez recuperada la limpieza de las asas, mantenerlas así es mucho más fácil: basta con eliminar las salpicaduras regularmente antes de que el calor las transforme en esa resistente capa marrón que parece imposible de quitar.