El secreto para conseguir que una planta de granada produzca más flores y conserve mejor sus frutos.

El granado es un árbol resistente, agradecido y perfectamente adaptado a los veranos cálidos. Sin embargo, que crezca con vigor no significa necesariamente que vaya a llenarse de granadas. A veces desarrolla muchas hojas, produce una floración aparentemente abundante y, pocas semanas después, buena parte de esas flores termina en el suelo.

En otros casos, incluso los pequeños frutos recién formados empiezan a caer antes de engordar.

Para conseguir más flores y, sobre todo, que un mayor número de ellas termine convirtiéndose en frutos, hay que prestar atención a varios factores: sol, riego, nutrición, poda y polinización. No existe un producto milagroso, pero pequeños cambios en estos cuidados pueden mejorar considerablemente la cosecha.

Primero hay que entender las flores del granado

Una característica curiosa del granado (Punica granatum) explica buena parte de la caída de flores que preocupa a muchos jardineros.

No todas sus flores tienen necesariamente la misma capacidad para producir frutos. El árbol puede desarrollar flores funcionalmente masculinas y flores hermafroditas capaces de convertirse en granadas.

Por eso, encontrar flores caídas debajo del árbol no significa automáticamente que exista un problema.

Una parte de esa caída es completamente natural.

Lo que sí merece atención es una caída generalizada acompañada de pocos frutos cuajados, especialmente si el árbol ya tiene edad suficiente para producir con normalidad.

Mucho sol para conseguir una buena floración

Si quieres abundancia de flores, empieza por observar dónde está plantado el granado.

Necesita una posición muy luminosa y funciona especialmente bien a pleno sol. Una ubicación demasiado sombreada puede permitir que sobreviva e incluso produzca bastante vegetación, pero normalmente no será la mejor situación para obtener una cosecha abundante.

Procura que reciba al menos unas seis horas de sol directo, y preferiblemente más.

Si está rodeado de árboles o arbustos que le quitan luz, una poda razonable de la vegetación circundante puede mejorar considerablemente su exposición.

Cuidado con darle demasiado nitrógeno

Este es uno de los errores más fáciles de cometer.

Vemos un granado que no produce demasiado y pensamos: necesita alimento.

Entonces añadimos un fertilizante rico en nitrógeno.

El resultado puede ser exactamente el contrario del esperado.

El nitrógeno favorece principalmente el crecimiento vegetativo. En cantidades excesivas puede estimular numerosos brotes tiernos y hojas sin proporcionar necesariamente el mismo aumento en flores y frutos.

Un granado exageradamente verde, con ramas largas y vigorosas pero poca floración, puede estar recibiendo demasiado nitrógeno.

Lo mejor es mantener una fertilización equilibrada y adaptada a las características reales del suelo. Incorporar compost bien maduro puede ayudar a mejorar su estructura y aportar materia orgánica sin recurrir constantemente a fertilizaciones intensivas.

El riego puede decidir cuántas granadas llegan a madurar

Aunque el granado adulto tolera bastante bien periodos secos, hay una diferencia importante entre sobrevivir a la sequía y producir una cosecha abundante.

Durante la floración, el cuajado y las primeras etapas de crecimiento del fruto, un estrés hídrico importante puede resultar perjudicial.

El problema tampoco se resuelve inundando el árbol.

La mejor estrategia es proporcionar riegos profundos y suficientemente espaciados para mantener una humedad relativamente estable en la zona de las raíces, ajustando siempre la frecuencia al clima y al tipo de suelo.

Un terreno arenoso pierde humedad rápidamente, mientras que uno arcilloso puede conservarla durante mucho más tiempo.

Evita los cambios bruscos

Pasar repetidamente de un suelo extremadamente seco a un riego muy abundante somete al árbol a cambios innecesarios.

La regularidad resulta especialmente importante cuando las granadas ya están creciendo.

Además, las variaciones fuertes en la disponibilidad de agua cerca de la maduración pueden contribuir al agrietamiento de los frutos en determinadas condiciones.

El acolchado es un aliado sencillo

Una capa de materia orgánica alrededor del árbol ayuda a conservar la humedad del suelo y protege las raíces frente a temperaturas extremas.

Puedes utilizar compost, hojas trituradas, corteza apropiada u otros materiales orgánicos.

Distribuye el acolchado alrededor de la zona radicular, pero no lo amontones directamente contra el tronco. Conviene dejar unos centímetros libres alrededor de la base.

Esta sencilla práctica también reduce la competencia de las malas hierbas.

No podes demasiado el granado

La poda excesiva es otro posible enemigo de una buena cosecha.

El granado puede producir flores y frutos sobre brotes que no conviene eliminar indiscriminadamente. Una poda demasiado agresiva puede reducir considerablemente el potencial productivo de esa temporada.

La poda debería concentrarse principalmente en:

  • Eliminar ramas muertas, dañadas o enfermas.
  • Retirar ramas que se cruzan de forma problemática.
  • Controlar algunos chupones cuando sean excesivos.
  • Mantener una estructura suficientemente abierta para que penetren la luz y el aire.

No es necesario transformar cada invierno el granado en una estructura prácticamente desnuda.

Cuando el objetivo principal es obtener frutos, una intervención moderada suele ser preferible a una poda drástica.

Las abejas también participan en la cosecha

Una floración espectacular no garantiza automáticamente una gran cantidad de frutos.

La polinización también importa.

Los granados pueden beneficiarse de la actividad de abejas y otros insectos polinizadores. Por eso conviene crear un jardín atractivo para ellos.

Cultivar otras plantas con flores cerca y evitar el uso indiscriminado de insecticidas, especialmente durante la floración, puede favorecer su presencia.

Si utilizas algún tratamiento fitosanitario, comprueba siempre que sea apropiado para el problema concreto y respeta las indicaciones de aplicación y protección de polinizadores.

¿Debemos preocuparnos cuando caen pequeños frutos?

Una cierta caída de frutos jóvenes también puede formar parte del ajuste natural de la carga del árbol.

El granado dispone de recursos limitados. Si ha cuajado más frutos de los que puede mantener, puede desprenderse de algunos durante las primeras etapas.

Sin embargo, si prácticamente todos los frutos jóvenes caen, conviene investigar.

Entre los factores que merece la pena revisar están:

  • Riegos demasiado irregulares.
  • Estrés por temperaturas extremas.
  • Problemas de polinización.
  • Exceso de fertilización.
  • Plagas o enfermedades.
  • Falta de luz.
  • Un árbol todavía demasiado joven.

Antes de aplicar cualquier producto, identifica primero la causa probable.

Un granado joven necesita paciencia

También hay que considerar la edad.

Un granado recién plantado no tiene por qué ofrecer inmediatamente una cosecha espectacular. Durante sus primeros años dedica una parte importante de sus recursos al desarrollo de raíces y estructura.

Aunque aparezcan algunas flores, la producción puede ser limitada.

A medida que el árbol se establece y aumenta su estructura productiva, la cosecha normalmente puede mejorar si las condiciones son adecuadas.

El equilibrio es el verdadero “secreto”

Si tu granado produce muchas hojas pero pocas flores, revisa primero la exposición solar y el exceso de nitrógeno.

Si florece mucho pero conserva pocos frutos, presta especial atención al riego, la polinización y las condiciones ambientales durante el cuajado.

Y si ya tiene numerosas granadas pequeñas, intenta mantener unas condiciones relativamente constantes mientras se desarrollan.

La combinación que buscamos es sencilla: mucho sol, nutrición equilibrada, riego profundo sin cambios extremos, poda moderada y buenas condiciones para los polinizadores.

No es necesario llenar el suelo de productos ni aplicar remedios caseros constantemente.

De hecho, uno de los mejores cuidados que podemos proporcionar a un granado establecido es evitar los extremos.

Con suficiente luz, raíces sanas y cuidados constantes, el árbol puede concentrar sus recursos donde realmente interesa: producir flores fértiles, convertirlas en pequeños frutos y mantener esas granadas en las ramas hasta que alcancen la madurez.

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