Los azulejos de la cocina, especialmente los que están situados cerca de los fogones, acumulan poco a poco una película de grasa. Al principio puede resultar casi invisible, pero con el tiempo atrapa polvo y pequeñas salpicaduras, dejando la superficie pegajosa, opaca y con un aspecto amarillento.
La buena noticia es que normalmente no hace falta recurrir a productos demasiado agresivos. Una limpieza adecuada con agua caliente y lavavajillas puede eliminar gran parte de la grasa. Para la suciedad más resistente se puede reforzar el tratamiento con bicarbonato, siempre teniendo en cuenta el tipo de azulejo y de junta.
Material necesario
Para limpiar una superficie de tamaño medio prepara:
- 1 litro de agua caliente, pero no hirviendo
- 1 cucharada de lavavajillas desengrasante suave
- 2 cucharadas de bicarbonato de sodio para las zonas difíciles
- 2 paños de microfibra
- 1 esponja no abrasiva
- 1 cepillo pequeño de cerdas suaves
- Un recipiente o cubo
- Agua limpia para el aclarado
- Un paño seco para el acabado
Antes de empezar, comprueba que el producto elegido es compatible con el revestimiento. La piedra natural y determinados materiales porosos requieren cuidados específicos.
Empezar retirando la suciedad superficial
Antes de mojar la pared, pasa un paño seco o ligeramente húmedo para retirar polvo, migas y otras partículas.
Si vas a trabajar alrededor de los fogones, espera hasta que estén completamente fríos. Retira también los pequeños utensilios y objetos situados contra la pared para poder limpiar cómodamente toda la superficie.
Esta preparación evita convertir el polvo acumulado en una pasta al aplicar el agua.
Ablandar primero la grasa
Llena un recipiente con aproximadamente un litro de agua caliente y añade una cucharada de lavavajillas.
Mezcla suavemente.
Humedece una esponja no abrasiva o un paño de microfibra y escúrrelo para evitar que el agua chorree por toda la pared.
Distribuye la solución sobre los azulejos y deja que permanezca en contacto con la grasa durante unos 3 a 5 minutos. Esto ayuda a ablandar la película grasienta y facilita su eliminación posterior.
No es necesario inundar las juntas.
Limpiar de arriba hacia abajo
Trabaja por pequeñas zonas, empezando por la parte superior.
Pasa la esponja con movimientos suaves y repetidos. En lugar de ejercer mucha presión, aclara frecuentemente la esponja y vuelve a aplicar la solución limpia.
Este detalle es importante: cuando el agua del recipiente se vuelve muy grasienta, conviene cambiarla. De lo contrario, parte de esa grasa termina nuevamente sobre los azulejos.
Continúa hasta llegar a la zona situada inmediatamente detrás de los fogones, donde normalmente se concentra la mayor cantidad de salpicaduras.
Tratar las manchas de grasa más resistentes
Si después de la primera limpieza quedan manchas pegajosas, puedes preparar una pasta sencilla con:
- 2 cucharadas de bicarbonato
- Una pequeña cantidad de agua
Añade el agua poco a poco hasta obtener una pasta fácil de extender.
Coloca una capa fina únicamente sobre las manchas resistentes y déjala actuar aproximadamente 5 minutos.
Después, frota delicadamente con una esponja suave y retira completamente los residuos con agua.
No utilices este método sobre materiales delicados sin comprobar previamente su compatibilidad. También es recomendable probar cualquier tratamiento en una pequeña zona poco visible.
No olvidar las juntas
Las juntas pueden acumular grasa y oscurecerse más rápidamente que los propios azulejos.
Utiliza un cepillo pequeño de cerdas suaves ligeramente humedecido con agua jabonosa. Trabaja sobre las juntas sin ejercer una presión excesiva.
Si las juntas están deterioradas, agrietadas o desprendiéndose, evita un cepillado intenso. En esos casos, una limpieza demasiado agresiva puede empeorar su estado.
Aclarar para evitar una superficie opaca
Una de las razones por las que los azulejos pueden parecer apagados después de limpiarlos es que quedan restos de detergente sobre la superficie.
Prepara agua limpia y humedece otro paño de microfibra.
Pásalo por toda la pared, aclarando el paño varias veces. Si has utilizado bicarbonato, presta especial atención a retirar completamente cualquier residuo blanquecino.
Cuando el agua de aclarado esté demasiado sucia, sustitúyela.
El secreto para recuperar el brillo
Después del aclarado, no dejes que los azulejos se sequen completamente al aire.
Utiliza un paño de microfibra limpio y seco y pásalo inmediatamente por toda la superficie.
El secado manual ayuda a evitar marcas de gotas y residuos minerales del agua. En los azulejos brillantes, este sencillo paso puede marcar una diferencia considerable en el acabado final.
No es necesario aplicar ceras ni productos abrillantadores para obtener un aspecto limpio.
Qué productos conviene evitar
La grasa puede resultar frustrante, pero utilizar productos demasiado agresivos no siempre produce mejores resultados.
Evita los estropajos metálicos y otros materiales abrasivos que puedan rayar superficies brillantes. Tampoco mezcles productos de limpieza entre sí.
Especialmente importante: nunca mezcles lejía con vinagre, amoníaco u otros limpiadores, ya que pueden producirse gases peligrosos.
Si utilizas un producto comercial, sigue las instrucciones de su etiqueta y mantén la cocina bien ventilada.
Cómo evitar que vuelva a acumularse tanta grasa
La prevención permite reducir considerablemente el esfuerzo necesario.
Después de cocinar alimentos que producen muchas salpicaduras, espera a que la zona sea segura y pasa un paño húmedo con una pequeña cantidad de lavavajillas sobre los azulejos cercanos.
Una película reciente de grasa se elimina mucho más fácilmente que una capa que lleva semanas acumulándose.
También puede resultar útil limpiar rápidamente la pared después de frituras o preparaciones especialmente grasas.
Para una cocina de uso habitual, una limpieza ligera semanal de las zonas próximas a los fogones y una limpieza más profunda cuando aparezca suciedad visible suelen facilitar el mantenimiento.
Un resultado limpio sin tratamientos complicados
Para recuperar unos azulejos cubiertos de grasa, el método más eficaz suele consistir en trabajar progresivamente: primero ablandar la suciedad con agua caliente y lavavajillas, después tratar únicamente las manchas resistentes, aclarar cuidadosamente y terminar secando la superficie.
La clave no está en utilizar una gran cantidad de productos, sino en dar tiempo al agua jabonosa para actuar y evitar herramientas demasiado abrasivas.
Con una limpieza regular, los azulejos pueden conservar durante más tiempo su aspecto limpio y brillante, mientras que las futuras sesiones de limpieza serán mucho más rápidas y sencillas.