Los malos olores que salen del fregadero son un problema bastante habitual en la cocina. Aunque muchas veces se piensa inmediatamente en una tubería atascada, el origen suele ser más sencillo: restos de alimentos, grasa, jabón y materia orgánica acumulados alrededor del desagüe, en el colador o en las paredes interiores de las primeras secciones de la tubería.
Una limpieza regular puede solucionar muchos casos leves y, sobre todo, evitar que el problema vuelva rápidamente. Lo importante es limpiar primero las partes accesibles y no recurrir automáticamente a mezclas agresivas.
Material necesario
Para realizar una limpieza básica necesitarás:
- Guantes domésticos
- Detergente lavavajillas
- Agua caliente, pero no necesariamente hirviendo
- Un cepillo pequeño de cerdas de nailon
- Una esponja
- 3 o 4 cucharadas de bicarbonato de sodio
- Un recipiente
- Un paño limpio
- Papel absorbente
Si el fregadero dispone de un colador o tapón desmontable, retíralo antes de comenzar.
Empieza eliminando los restos visibles
Vacía completamente el fregadero y retira cualquier resto de comida que pueda haber alrededor del desagüe.
Saca el colador y observa cuidadosamente sus ranuras y su parte inferior. Estas pequeñas piezas pueden acumular una sorprendente cantidad de grasa y residuos orgánicos.
Lávalo con agua caliente y detergente. Utiliza el cepillo para alcanzar las ranuras y las zonas difíciles.
No empujes los restos sólidos hacia el desagüe. Retíralos y deposítalos en la basura.
Limpia alrededor de la boca del desagüe
Aplica unas gotas de detergente lavavajillas alrededor del desagüe y frota con el cepillo.
Trabaja especialmente alrededor del borde metálico y debajo de cualquier pieza desmontable. La suciedad que queda atrapada en estas zonas puede producir olor incluso cuando el interior del fregadero parece limpio.
Después, aclara con agua caliente.
Si utilizas habitualmente el fregadero para lavar platos grasientos, esta sencilla operación realizada con frecuencia puede reducir considerablemente la acumulación de residuos.
Utiliza bicarbonato para la suciedad adherida
Cuando existe una película de suciedad alrededor de la entrada del desagüe, puedes preparar una pasta sencilla mezclando aproximadamente 3 cucharadas de bicarbonato con una pequeña cantidad de agua.
La textura debe quedar suficientemente espesa para mantenerse sobre la superficie.
Extiende la pasta alrededor del desagüe y déjala actuar unos 15 minutos. Después, frota suavemente con un cepillo de nailon y aclara abundantemente.
El bicarbonato puede ayudar a desprender determinados residuos y también resulta útil para limpiar las superficies accesibles, pero no debe considerarse una solución para un atasco importante.
Limpia el interior con agua caliente
Una vez retirados los residuos visibles, deja correr agua caliente durante aproximadamente uno o dos minutos.
El objetivo es arrastrar los restos de jabón y grasa que hayan quedado sueltos durante la limpieza.
No es necesario utilizar agua hirviendo. En determinadas instalaciones, especialmente aquellas con componentes plásticos, verter repetidamente agua extremadamente caliente puede no ser recomendable.
El agua caliente del grifo suele ser suficiente para una limpieza doméstica habitual.
No mezcles productos químicos
Uno de los errores más importantes que deben evitarse es combinar diferentes limpiadores pensando que así serán más eficaces.
Nunca mezcles lejía con vinagre, amoníaco, ácidos, desatascadores ni otros productos de limpieza. Algunas combinaciones pueden liberar gases peligrosos o provocar reacciones químicas intensas.
Tampoco conviene utilizar un desatascador químico y añadir después otro producto diferente.
Si necesitas recurrir a un producto comercial para tuberías, utiliza únicamente uno, comprueba que sea compatible con tu instalación y sigue exactamente las instrucciones de seguridad del fabricante.
Comprueba el sifón si el olor persiste
Debajo del fregadero existe normalmente un sifón, cuya forma permite mantener una pequeña cantidad de agua en su interior. Esta barrera ayuda a impedir que los gases procedentes de las tuberías entren en la vivienda.
Cuando el fregadero lleva mucho tiempo sin utilizarse, esa agua puede evaporarse. En ese caso, simplemente dejar correr el agua durante un momento puede restablecer la barrera.
Si utilizas el fregadero diariamente y el olor persiste después de limpiarlo, puede existir suciedad acumulada en el sifón, una obstrucción parcial o algún problema en la instalación.
Si sabes desmontar el sifón correctamente, coloca primero un cubo debajo porque contendrá agua y residuos. Si no tienes experiencia con fontanería, es preferible solicitar ayuda antes que desmontar conexiones de forma incorrecta y provocar una fuga.
Si el agua también baja lentamente
Un mal olor acompañado de un desagüe cada vez más lento puede indicar una acumulación de residuos más importante.
En primer lugar, limpia el colador y las partes accesibles. Si existe un atasco leve, una ventosa para fregadero puede ayudar a movilizarlo sin necesidad de utilizar productos químicos agresivos.
Cuando el agua prácticamente no baja, el atasco reaparece constantemente o varios desagües de la vivienda presentan problemas simultáneamente, puede ser necesario revisar la instalación.
En estos casos, seguir añadiendo productos domésticos al desagüe no soluciona necesariamente el origen del problema.
Cómo prevenir los malos olores
La mejor estrategia consiste en reducir la cantidad de materia orgánica que entra en la tubería.
Utiliza un colador para recoger restos de alimentos y vacíalo regularmente. No viertas aceite de cocina ni grandes cantidades de grasa por el fregadero. Una vez dentro de las tuberías, la grasa puede enfriarse, adherirse a las paredes y atrapar otros residuos.
Después de lavar utensilios especialmente grasientos, utiliza suficiente detergente y agua caliente para limpiar correctamente el fregadero.
Una o dos veces por semana, limpia también el colador y el borde del desagüe con detergente y un cepillo.
No olvides limpiar el propio fregadero
A veces se atribuye el olor al desagüe cuando realmente procede de pequeños restos repartidos por el fregadero.
Lava toda la cubeta con agua caliente y detergente. Presta atención a las esquinas, alrededor del grifo y a las uniones entre diferentes piezas.
En un fregadero de acero inoxidable, utiliza una esponja no abrasiva para evitar arañazos innecesarios. Después del aclarado, seca la superficie con un paño limpio.
Cuándo conviene investigar más
Si el olor desaparece después de la limpieza pero vuelve rápidamente, merece la pena buscar la causa en lugar de repetir continuamente el mismo procedimiento.
Un sifón sucio, una fuga, una junta defectuosa, un atasco parcial o un problema de ventilación de la instalación pueden producir olores persistentes.
Un olor intenso similar al de las aguas residuales que continúa incluso después de limpiar las partes accesibles también merece una revisión más profunda.
Para los casos habituales, sin embargo, una rutina sencilla suele ser suficiente: retirar los residuos sólidos, limpiar el colador y la boca del desagüe, utilizar detergente y agua caliente y mantener la zona limpia regularmente. Así se evita que la grasa y los restos de alimentos tengan tiempo de acumularse y convertirse en una fuente constante de malos olores.