El pelador de verduras es uno de esos utensilios que utilizamos casi a diario y que solemos enjuagar rápidamente después de usar. Sin embargo, alrededor de la cuchilla, en las pequeñas ranuras y especialmente en los puntos donde la hoja se une al mango pueden quedar diminutos restos de patata, zanahoria, calabacín u otras verduras.
Cuando estos residuos se secan, eliminarlos resulta mucho más complicado. Además, frotar directamente la cuchilla con una esponja no es una buena idea, tanto por el riesgo de cortarse como porque resulta difícil llegar a todos los rincones.
Por suerte, un sencillo remojo con agua caliente y jabón puede ablandar la suciedad y facilitar muchísimo la limpieza.
Por qué se acumula tanta suciedad en el pelador
La mayoría de los peladores modernos cuentan con una cuchilla móvil. Este diseño permite que la hoja se adapte a la superficie de los alimentos, pero también crea pequeños espacios donde pueden introducirse restos.
El problema aparece cuando terminamos de cocinar y dejamos el utensilio sin limpiar durante varias horas. La humedad desaparece y los residuos vegetales se endurecen.
Un simple aclarado bajo el grifo puede entonces no ser suficiente.
La clave consiste en rehidratar primero esos restos secos antes de intentar retirarlos.
Qué necesitas para limpiarlo
No hace falta recurrir a productos especialmente agresivos. Para una limpieza habitual puedes preparar:
- agua caliente, pero no necesariamente hirviendo;
- unas gotas de lavavajillas;
- un recipiente pequeño;
- un cepillo de dientes viejo limpio o un pequeño cepillo de cocina;
- un palillo de madera, opcional;
- un paño limpio.
Con estos elementos es posible acceder a las zonas que una esponja convencional no alcanza.
Primer paso: dejar que el agua caliente haga el trabajo
Llena un recipiente con suficiente agua caliente para cubrir la parte de la cuchilla.
Añade unas gotas de lavavajillas y mezcla ligeramente.
Introduce el pelador y déjalo en remojo entre 10 y 20 minutos. Si los restos llevan bastante tiempo secos, puedes prolongar un poco el remojo.
El objetivo no es desinfectar el utensilio mediante temperaturas extremas, sino conseguir que los restos vegetales absorban humedad y se desprendan con mayor facilidad.
Cuando lo retires, probablemente comprobarás que parte de la suciedad ya se ha soltado.
El cepillo permite llegar a las ranuras
Después del remojo llega la parte más importante.
Utiliza un cepillo pequeño y trabaja alrededor de la cuchilla, especialmente en:
- los extremos de la hoja;
- las uniones con el mango;
- la abertura central;
- la parte posterior de la cuchilla;
- cualquier pequeña ranura donde veas residuos.
Haz movimientos suaves y mantén siempre los dedos alejados del filo.
Un cepillo resulta mucho más adecuado que intentar introducir una esponja entre las cuchillas. Sus cerdas pueden alcanzar pequeños espacios sin necesidad de acercar demasiado las manos.
¿Y si todavía queda algún resto atrapado?
Algunas partículas pueden permanecer pegadas incluso después del cepillado.
En ese caso, puedes utilizar cuidadosamente un palillo de madera para empujarlas hacia fuera.
Hazlo únicamente en zonas donde puedas trabajar sin deslizar los dedos hacia el filo. No utilices cuchillos, agujas u otros objetos metálicos afilados para rascar el pelador.
Si la suciedad sigue muy adherida, lo más sencillo es repetir el remojo durante otros 10 minutos y volver a cepillar.
Es preferible repetir el proceso antes que aplicar demasiada fuerza.
Aclara muy bien el utensilio
Cuando hayas eliminado todos los residuos visibles, coloca el pelador bajo agua corriente y acláralo cuidadosamente.
Mueve ligeramente la cuchilla, si su diseño lo permite, para que el agua pueda pasar también por los puntos de unión.
Comprueba que no quedan restos de jabón ni partículas de alimentos.
Después, sacude el exceso de agua y seca el pelador con un paño limpio.
El secado también es importante
Dejar continuamente mojado un utensilio metálico puede favorecer la aparición de manchas y, dependiendo de los materiales y su calidad, incluso signos de corrosión.
Por eso conviene secarlo después de lavarlo.
Presta especial atención a las zonas alrededor de los pequeños ejes que sujetan la cuchilla, ya que allí puede quedar agua atrapada.
Puedes dejar el pelador unos minutos sobre un paño seco antes de guardarlo para asegurarte de que la humedad restante desaparezca.
El mejor truco es no dejar que los restos se sequen
Aunque este método resulta práctico cuando ya tenemos un pelador sucio, hay una forma todavía más sencilla de evitar el problema: enjuagarlo inmediatamente después de utilizarlo.
Solo requiere unos segundos.
Nada más terminar de pelar las verduras, coloca la cuchilla bajo el agua y deja que el chorro arrastre los restos todavía húmedos. Después lávalo normalmente con lavavajillas.
Esta pequeña costumbre evita que la pulpa se endurezca en las ranuras y reduce considerablemente la necesidad de realizar limpiezas más profundas.
Errores que conviene evitar
Uno de los más habituales es pasar los dedos directamente por la cuchilla para retirar un trozo de alimento. Aunque parezca una operación sencilla, el filo puede provocar cortes.
Tampoco conviene utilizar estropajos metálicos sobre cuchillas o superficies delicadas. Pueden producir arañazos y deteriorar algunos acabados.
Otro error consiste en guardar el pelador todavía húmedo dentro de un cajón cerrado.
Y, por supuesto, si observas óxido importante, una cuchilla dañada, piezas flojas o bordes deteriorados, puede ser más prudente sustituir el utensilio que intentar recuperarlo indefinidamente.
Una limpieza sencilla que marca la diferencia
Los utensilios pequeños son precisamente los que más fácilmente olvidamos revisar durante la limpieza de la cocina. Un pelador puede parecer perfectamente limpio a primera vista mientras mantiene restos secos escondidos alrededor de su cuchilla.
Un breve remojo en agua caliente con lavavajillas, seguido de un cepillado cuidadoso, suele ser suficiente para facilitar enormemente el trabajo.
Y una vez limpio, basta adoptar una costumbre muy sencilla: aclararlo inmediatamente después de cada uso. Así las ranuras permanecen limpias, la cuchilla se conserva mejor y el pelador estará listo para utilizar la próxima vez.