Septiembre puede engañarnos. Después de semanas de calor intenso, seguimos cuidando muchas plantas como si todavía estuviéramos en pleno verano. Y uno de los hábitos que más cuesta cambiar es precisamente el riego.
Continuar regando con la misma frecuencia que en julio o agosto puede provocar que el sustrato permanezca húmedo durante demasiado tiempo.
El problema no siempre se ve inmediatamente. La planta puede empezar a mostrar hojas amarillas, crecimiento más lento o un aspecto decaído que, paradójicamente, puede hacernos pensar que necesita todavía más agua.
¿Qué cambia cuando llega septiembre?
Aunque todavía haya días calurosos, las condiciones empiezan a ser diferentes.
Los días se acortan, las noches suelen ser más frescas y, dependiendo de la zona, la evaporación puede disminuir. Muchas plantas también reducen progresivamente su ritmo de crecimiento.
Esto significa que el agua del sustrato puede tardar más en desaparecer.
Una maceta que en agosto necesitaba agua casi todos los días podría necesitarla con menos frecuencia unas semanas después.
No existe, sin embargo, una fecha exacta en la que debamos cambiar el riego. Septiembre puede ser muy caluroso en unas regiones y bastante fresco en otras.
Por eso, la clave no está en el calendario, sino en observar la tierra y la planta.
El error: regar automáticamente por rutina
Imagina que durante todo el verano has regado tus macetas cada mañana.
Llega septiembre y continúas exactamente igual.
Si la planta consume ahora menos agua, el sustrato puede seguir húmedo cuando llega el siguiente riego. Añades más agua, vuelves a hacerlo al día siguiente y las raíces permanecen continuamente en un medio saturado.
Ahí comienza el problema.
Las raíces necesitan agua, pero también necesitan oxígeno. Un sustrato permanentemente empapado puede dificultar la aireación y favorecer problemas radiculares.
Las hojas amarillas no siempre significan falta de agua
Este es uno de los errores más frecuentes.
Cuando vemos una planta con hojas amarillentas o ligeramente decaídas, nuestra primera reacción puede ser coger la regadera.
Pero síntomas parecidos pueden aparecer tanto por falta como por exceso de humedad.
Antes de añadir agua, toca el sustrato.
Introduce un dedo unos centímetros en la tierra. Si debajo de la superficie todavía está claramente húmeda, probablemente no sea necesario volver a regar en ese momento.
También puedes levantar una maceta pequeña: con algo de práctica, notarás fácilmente la diferencia de peso entre un sustrato húmedo y uno que empieza a secarse.
Cómo adaptar correctamente el riego
No se trata simplemente de empezar a utilizar menos agua en cada riego.
En muchas plantas resulta más conveniente espaciar los riegos según la velocidad a la que se seca el sustrato, pero regar correctamente cuando realmente sea necesario.
Cuando toque regar, humedece el sustrato de manera uniforme y deja salir el exceso por los agujeros de drenaje.
Después espera y vuelve a comprobar la humedad antes del siguiente riego.
Así abandonas el sistema rígido de “regar cada día” y empiezas a responder a las necesidades reales de la planta.
Cuidado con el agua acumulada en los platos
En septiembre hay otro detalle que adquiere todavía más importancia.
Después de regar una maceta, puede quedar agua acumulada en el plato inferior.
No conviene dejar las raíces permanentemente expuestas a ese exceso de humedad. Si después del drenaje queda agua estancada, retírala.
Comprueba también que los agujeros de la maceta no estén obstruidos.
Un buen drenaje puede marcar una enorme diferencia.
No todas las plantas necesitan lo mismo
No existe una frecuencia universal de riego.
Una maceta pequeña situada al sol puede secarse rápidamente incluso en septiembre, mientras que una maceta grande colocada a la sombra puede conservar humedad durante muchos días.
También influyen el material de la maceta, el viento, el tipo de sustrato y, por supuesto, la especie.
Una planta mediterránea acostumbrada a cierta sequedad no tiene las mismas necesidades que una especie que prefiere un sustrato constantemente fresco.
Por eso, evita aplicar una regla idéntica a todas tus macetas.
¿Y si septiembre sigue siendo muy caluroso?
En muchas regiones españolas, septiembre todavía puede traer temperaturas elevadas.
En esos casos, no reduzcas el riego simplemente porque haya cambiado el mes.
Si el sustrato se seca rápidamente y la planta sigue consumiendo mucha agua, habrá que continuar regando según sus necesidades.
La recomendación es ajustar el riego a las condiciones reales, no reducirlo automáticamente.
Cuando las temperaturas empiecen a bajar y observes que la tierra tarda más en secarse, entonces podrás espaciar progresivamente los riegos.
Una revisión de diez segundos antes de coger la regadera
Durante esta época del año puedes adoptar un hábito muy sencillo:
Antes de regar, comprueba la tierra.
Si todavía está suficientemente húmeda, espera.
Si comienza a secarse hasta la profundidad adecuada para esa planta, riega.
Este pequeño cambio evita mantener las raíces continuamente empapadas y ayuda a que las plantas lleguen al otoño en mejores condiciones.
Septiembre es un mes de transición también para el jardín. El error no es regar mucho o poco por definición, sino seguir regando por calendario sin comprobar lo que está ocurriendo realmente en la maceta.
Observa el sustrato, adapta la frecuencia y deja que tus plantas te indiquen cuándo necesitan realmente la regadera.