Con este truco, los cepillos y peines llenos de grasa y residuos vuelven a quedar impecables

Los usamos prácticamente todos los días, pero no siempre reciben la limpieza que necesitan. Los cepillos y peines acumulan cabellos, grasa natural del cuero cabelludo, polvo y restos de productos como laca, gel, aceites o acondicionadores. Con el tiempo, toda esa suciedad puede formar una capa pegajosa bastante desagradable.

Por suerte, no hace falta comprar un limpiador especial. Con agua tibia y un poco de jabón se puede hacer una limpieza profunda que devuelve a muchos cepillos y peines un aspecto mucho más limpio.

Por qué los cepillos se ensucian tan rápido

Cada vez que pasamos un cepillo por el cabello, una pequeña cantidad de grasa y residuos queda adherida a las púas y a la base.

A esto se suman cabellos sueltos, células muertas, polvo ambiental y productos cosméticos. La mezcla termina formando esa característica suciedad grisácea o grasosa que se concentra especialmente alrededor de las cerdas.

En los peines ocurre algo parecido: los residuos suelen acumularse entre los dientes y en las zonas donde resulta más difícil pasar un paño.

Por eso, quitar solamente los cabellos visibles no equivale a limpiar realmente estos accesorios.

El sencillo truco del agua tibia con jabón

Uno de los métodos más fáciles para limpiar peines y cepillos de plástico consiste en utilizar agua tibia y unas gotas de jabón líquido suave, como el que normalmente se utiliza para lavar los platos.

El agua ayuda a ablandar la suciedad, mientras que el jabón facilita la eliminación de la grasa acumulada.

Necesitarás

  • Un recipiente o lavabo.
  • Agua tibia.
  • Unas gotas de jabón líquido para platos.
  • Un cepillo de dientes viejo y limpio.
  • Un peine fino, palillo o herramienta similar para retirar cabellos.
  • Una toalla limpia.

Antes de empezar, comprueba de qué material está fabricado el cepillo. Los modelos de madera, con almohadillas especiales, componentes eléctricos o materiales sensibles al agua no deben sumergirse de la misma manera.

Paso 1: retira todos los cabellos

Este es probablemente el paso más importante antes del lavado.

Con los dedos, un peine fino o una herramienta sin filo, levanta los cabellos atrapados entre las cerdas. Si están muy enredados, trabaja poco a poco para evitar arrancar o deformar las púas.

Presta especial atención a la base del cepillo, donde suelen acumularse auténticas marañas de cabello.

Cuanto más pelo retires en seco, más eficaz será el lavado posterior.

Paso 2: prepara el baño de limpieza

Llena un recipiente con suficiente agua tibia para limpiar los accesorios y añade unas gotas de jabón líquido.

Agita ligeramente hasta formar un poco de espuma.

Para peines y cepillos completamente de plástico, puedes dejarlos unos minutos en el agua jabonosa para ayudar a desprender la grasa.

No hace falta utilizar agua hirviendo. Una temperatura excesivamente alta podría deformar algunos tipos de plástico.

Paso 3: limpia entre las cerdas

Después de unos minutos, la suciedad debería estar más blanda.

Utiliza un cepillo de dientes viejo para frotar cuidadosamente:

  • Entre las cerdas.
  • Alrededor de la base.
  • Los laterales del cepillo.
  • Entre los dientes del peine.
  • El mango y las zonas de difícil acceso.

En los accesorios que llevan mucho tiempo sin limpiarse, el agua puede volverse bastante turbia. Es simplemente una señal de toda la suciedad que se había ido acumulando.

Paso 4: enjuaga muy bien

Cuando hayas terminado de frotar, enjuaga los accesorios con agua limpia hasta eliminar completamente el jabón y los residuos desprendidos.

Revisa nuevamente la base de las cerdas.

Si todavía encuentras zonas pegajosas, puedes repetir el cepillado con una pequeña cantidad de jabón en lugar de aumentar la fuerza y correr el riesgo de dañar el accesorio.

Paso 5: el secado también importa

Sacude suavemente el exceso de agua y coloca el cepillo sobre una toalla limpia.

En muchos modelos resulta conveniente dejar las cerdas orientadas hacia abajo para facilitar que el agua salga de la base.

Déjalo secar completamente al aire antes de volver a utilizarlo o guardarlo.

Evita meter un cepillo todavía húmedo en un cajón cerrado.

¿Y si el cepillo no se puede sumergir?

No todos los cepillos pueden meterse directamente en agua.

Los modelos de madera, bambú o materiales naturales, así como determinados cepillos acolchados, pueden deteriorarse si permanecen sumergidos.

En estos casos, retira primero los cabellos y prepara agua tibia con una pequeña cantidad de jabón. Humedece un paño o un cepillo de dientes, escurre el exceso de líquido y limpia únicamente las zonas necesarias.

Después pasa un paño ligeramente humedecido con agua limpia y seca inmediatamente.

Los cepillos eléctricos requieren todavía más precaución: nunca se debe sumergir el cuerpo del aparato. Lo adecuado es seguir las instrucciones específicas del fabricante para limpiar las piezas desmontables.

¿Sirve el bicarbonato?

Para la mayoría de los peines y cepillos, empezar con agua tibia y jabón suele ser suficiente.

El bicarbonato puede utilizarse en determinadas superficies resistentes, pero no siempre es necesario y puede resultar demasiado abrasivo para algunos acabados decorativos.

Lo mismo ocurre con otros remedios caseros populares.

Antes de aplicar alcohol, vinagre, lejía u otras sustancias, conviene comprobar que el material sea compatible. Además, nunca se deben mezclar productos de limpieza, especialmente lejía con vinagre, amoniaco u otros limpiadores.

Cada cuánto conviene limpiar los cepillos y peines

No existe una frecuencia universal, ya que depende de cuánto se utilicen y de la cantidad de productos que se apliquen al cabello.

Una buena costumbre es retirar los cabellos atrapados con frecuencia, incluso varias veces por semana si el cepillo se utiliza diariamente.

La limpieza con agua y jabón puede hacerse cuando notes grasa, polvo o residuos visibles. Quienes utilizan habitualmente aceites, geles, ceras o laca probablemente necesitarán hacerlo con mayor frecuencia.

La ventaja es que, si eliminas regularmente los cabellos, la limpieza profunda tarda apenas unos minutos.

Un pequeño hábito que marca una gran diferencia

Un cepillo puede parecer viejo simplemente porque lleva meses acumulando grasa y residuos entre las cerdas. Después de retirar los cabellos y limpiar cuidadosamente esas zonas, el cambio puede ser sorprendente.

Además, mantener limpios estos accesorios evita que parte de la suciedad acumulada vuelva a entrar en contacto con el cabello recién lavado.

Así que, la próxima vez que encuentres un peine pegajoso o un cepillo lleno de residuos, no es necesario darlo por perdido. Un recipiente con agua tibia, unas gotas de jabón y unos minutos de limpieza pueden ser suficientes para dejarlo nuevamente impecable.

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