Los utensilios de cocina con asas de silicona son cómodos, resistentes y fáciles de sujetar. Sin embargo, después de meses o años de uso pueden empezar a presentar un problema bastante desagradable: la superficie se vuelve pegajosa, pierde su aspecto uniforme y aparecen manchas de grasa difíciles de eliminar.
Esto ocurre especialmente con espátulas, cucharones, pinzas y otros utensilios que permanecen cerca de los fogones. Las diminutas partículas de grasa que circulan por la cocina terminan adhiriéndose a las asas y, mezcladas con polvo y otros residuos, forman una película que un lavado rápido no siempre consigue retirar.
Antes de tirar el utensilio, merece la pena probar una limpieza profunda con agua caliente, detergente lavavajillas y bicarbonato de sodio.
¿Por qué las asas empiezan a estar pegajosas?
No siempre existe una única causa.
En muchos casos se trata simplemente de grasa acumulada. Cada vez que cocinamos, pequeñas partículas pueden depositarse sobre los objetos situados alrededor de la placa.
Con el tiempo se forma una película difícil de percibir visualmente, pero muy evidente al tocarla.
También pueden acumularse residuos de detergente si los utensilios no se aclaran correctamente.
Pero existe otra posibilidad importante: algunas superficies de tacto gomoso pueden deteriorarse con los años. En ese caso, la sensación pegajosa no procede de la suciedad, sino de la degradación del propio revestimiento.
La limpieza puede solucionar el primer problema, pero no puede reparar un material que ya está descomponiéndose.
Empieza con un buen desengrasado
Antes de utilizar bicarbonato, prueba el procedimiento más sencillo.
Llena un recipiente con agua caliente —sin necesidad de que esté hirviendo— y añade unas gotas de un buen detergente lavavajillas desengrasante.
Introduce únicamente la parte del utensilio que pueda mojarse con seguridad.
Déjala unos 10–15 minutos para que la grasa se ablande.
Después frota el asa con una esponja suave.
En muchas ocasiones, esta primera limpieza ya consigue eliminar buena parte de la sensación pegajosa.
El truco del bicarbonato para la suciedad resistente
Si después del lavado todavía quedan zonas grasientas o manchadas, puedes preparar una sencilla pasta.
Necesitas:
- 2 cucharadas de bicarbonato de sodio;
- unas gotas de agua;
- detergente lavavajillas;
- una esponja o cepillo suave;
- un paño limpio.
Coloca el bicarbonato en un pequeño recipiente y añade agua poco a poco hasta conseguir una pasta espesa.
También puedes incorporar una gota de detergente lavavajillas para mejorar la acción sobre la grasa.
No necesitas preparar una gran cantidad.
Haz primero una prueba
Aunque solemos llamar “silicona” a muchas asas blandas de cocina, no todas están fabricadas exactamente con el mismo material.
Algunas son de silicona auténtica, mientras que otras pueden tener revestimientos de goma o acabados especiales.
Por eso es recomendable probar la pasta en una pequeña zona poco visible.
Frota suavemente, aclara y deja secar.
Si no observas pérdida de color, cambios en la textura o daños superficiales, puedes continuar.
Cómo limpiar correctamente el asa
Aplica una pequeña cantidad de la pasta sobre la superficie.
Utiliza una esponja no abrasiva o un cepillo de cerdas suaves y realiza movimientos delicados, prestando especial atención a las zonas que están más pegajosas.
No hace falta ejercer mucha presión.
El bicarbonato aporta una ligera acción abrasiva, por lo que frotar agresivamente puede terminar modificando el acabado de determinados materiales.
Después aclara con abundante agua.
Si todavía notas grasa, repite el procedimiento en lugar de aumentar demasiado la fuerza.
No olvides los pequeños huecos
La suciedad suele acumularse especialmente alrededor de la unión entre el metal y el asa, en los relieves y alrededor del agujero utilizado para colgar el utensilio.
Un cepillo de dientes suave reservado exclusivamente para tareas domésticas puede resultar muy práctico para estas zonas.
Trabaja alrededor de las uniones sin intentar introducir agua dentro de partes huecas.
Si el mango presenta grietas o espacios por los que puede penetrar líquido, evita dejarlo completamente sumergido.
El aclarado es tan importante como la limpieza
Cuando el utensilio parezca limpio, acláralo varias veces con agua.
No deberían quedar restos de bicarbonato ni detergente sobre la superficie.
Después sécalo cuidadosamente con un paño limpio y déjalo terminar de secar al aire.
Solo entonces comprueba el tacto.
A veces una superficie todavía húmeda puede dar una impresión diferente, por lo que conviene evaluar el resultado cuando esté completamente seca.
¿Y si continúa pegajosa después de limpiarla?
Esta es la prueba más importante.
Si has eliminado toda la grasa, has aclarado correctamente el utensilio y, una vez seco, el mango vuelve a sentirse pegajoso, probablemente el problema no sea suciedad.
Puede estar deteriorándose el propio material o un revestimiento superficial.
En ese caso, seguir aplicando bicarbonato, alcohol u otros productos cada vez más agresivos no reparará el asa.
Incluso puede acelerar el deterioro.
Si la superficie se desprende, deja residuos en las manos, presenta grietas o se vuelve cada vez más blanda, lo más sensato es sustituir el utensilio.
Cuidado con el alcohol y los disolventes
En internet es frecuente encontrar recomendaciones para limpiar superficies pegajosas con alcohol, acetona u otros disolventes.
No son una solución universal.
Dependiendo del tipo de plástico, goma o revestimiento, estos productos pueden eliminar acabados, alterar el color o deteriorar todavía más la superficie.
La acetona es especialmente poco recomendable para experimentar con utensilios cuyo material exacto desconocemos.
Para la grasa de cocina, agua caliente y detergente desengrasante deberían ser siempre el primer intento.
Tampoco necesitas mezclar muchos productos
Un error habitual en los trucos caseros consiste en pensar que cuantos más ingredientes añadamos, mejor funcionará la limpieza.
No es así.
Evita preparar combinaciones improvisadas de lejía, vinagre, amoniaco, alcohol y otros limpiadores.
Algunas mezclas pueden producir gases peligrosos y otras simplemente neutralizan parcialmente sus componentes.
Para este trabajo normalmente basta con jabón lavavajillas y, cuando el material lo permita, una pequeña cantidad de bicarbonato.
¿Se pueden meter estos utensilios en el lavavajillas?
Depende del fabricante.
Aunque una espátula o un cucharón parezcan resistentes, las altas temperaturas y los detergentes utilizados en el lavavajillas pueden afectar con el tiempo a determinados mangos, adhesivos y revestimientos.
Busca el símbolo correspondiente o consulta las instrucciones del producto.
Si tienes dudas, el lavado manual suele ser la opción más prudente.
Cómo evitar que las asas vuelvan a llenarse de grasa
Una vez limpias, mantenerlas en buen estado es mucho más sencillo.
No esperes hasta que el mango vuelva a sentirse pegajoso.
Después de cocinar, lava los utensilios con detergente desengrasante y acláralos bien. Si están colgados cerca de los fogones, límpialos periódicamente aunque no los hayas utilizado.
También ayuda mantenerlos alejados de las zonas donde reciben directamente vapor y salpicaduras de aceite.
Una película de grasa reciente sale fácilmente. Después de meses acumulándose, la limpieza requiere mucho más trabajo.
Un truco sencillo que puede salvar muchos utensilios
Un asa pegajosa no significa automáticamente que el utensilio haya llegado al final de su vida útil.
Cuando el problema está provocado por grasa y residuos acumulados, un remojo corto en agua caliente con detergente seguido de una limpieza suave con pasta de bicarbonato puede producir un antes y un después sorprendente.
La superficie recupera un tacto más limpio y un aspecto mucho más uniforme.
Pero también conviene saber cuándo detenerse. Si después de una limpieza completa la pegajosidad regresa, aparecen grietas o el material empieza a desprenderse, probablemente estamos ante degradación y no ante suciedad.
En ese caso, sustituir el utensilio es mejor que intentar prolongar indefinidamente la vida de un mango deteriorado.