Las alfombrillas antideslizantes que colocamos en los cajones de la cocina son muy prácticas. Evitan que platos, cubiertos, utensilios y pequeños recipientes se desplacen cada vez que abrimos el cajón. Sin embargo, su superficie texturizada también tiene un inconveniente: atrapa fácilmente polvo, migas y grasa.
Con el paso del tiempo, una alfombrilla que originalmente era blanca o transparente puede adquirir un desagradable tono amarillento y una textura ligeramente pegajosa.
Por suerte, muchas veces no es necesario sustituirla. Un lavado con agua tibia y lavavajillas desengrasante, acompañado de un cepillado suave, puede eliminar gran parte de esa acumulación y devolverle un aspecto mucho más limpio.
¿Por qué se ensucian tanto las alfombrillas de los cajones?
Aunque permanezcan dentro de un cajón aparentemente protegido, estas superficies reciben bastante suciedad.
Cada vez que guardamos un utensilio que conserva una pequeña cantidad de grasa o humedad, parte puede transferirse a la alfombrilla. También caen migas, especias y pequeñas partículas de alimentos.
En los cajones situados cerca de los fogones, la grasa ambiental de la cocina puede contribuir al problema.
Con el tiempo, el polvo se adhiere a esa película grasa y aparece una capa amarillenta difícil de eliminar simplemente pasando un paño.
Antes de limpiarla, comprueba el material
No todas las alfombrillas para cajones están fabricadas con el mismo material.
Existen modelos de:
- plástico flexible;
- EVA;
- caucho;
- silicona;
- espuma;
- materiales textiles;
- revestimientos adhesivos.
Por eso, antes de sumergir una alfombrilla o aplicar cualquier producto, conviene consultar las instrucciones del fabricante cuando estén disponibles.
El método de agua tibia y detergente suave funciona con muchos modelos lavables, pero no debe aplicarse automáticamente a revestimientos adhesivos o materiales que no toleren el agua.
Primer paso: vacía completamente el cajón
Retira todos los utensilios y coloca la alfombrilla sobre una superficie amplia.
Antes de mojarla, sacúdela sobre el fregadero o la basura.
También puedes utilizar un aspirador de mano para retirar migas, polvo y pequeños residuos.
Este paso parece insignificante, pero facilita enormemente el lavado posterior.
Si añadimos agua directamente sobre una alfombrilla llena de polvo y migas, terminaremos creando una mezcla de suciedad húmeda mucho más incómoda de retirar.
El truco principal: agua tibia y lavavajillas
Para la grasa acumulada no hace falta empezar con productos agresivos.
Llena el fregadero o un recipiente grande con agua tibia y añade unas gotas de lavavajillas desengrasante.
Si la alfombrilla es lavable y puede sumergirse, introdúcela en la solución.
Déjala reposar durante unos minutos.
El objetivo no es dejarla horas en remojo, sino proporcionar al detergente tiempo suficiente para actuar sobre la película grasa.
Después pasa una esponja suave por toda la superficie.
Un cepillo suave marca la diferencia
Muchas alfombrillas tienen pequeños relieves, círculos, cuadrados o una estructura similar a una rejilla.
Estas texturas son precisamente las que impiden que los objetos se deslicen, pero también esconden suciedad.
Para llegar hasta ellas, utiliza un cepillo de cerdas suaves.
Un cepillo de cocina pequeño o incluso un cepillo de dientes viejo puede servir para las zonas más difíciles.
Trabaja con movimientos suaves y presta especial atención a las áreas amarillentas o pegajosas.
No necesitas ejercer una presión excesiva.
¿Qué hacer con las manchas resistentes?
Si después del primer lavado quedan zonas grasas, vuelve a aplicar unas gotas de lavavajillas directamente sobre la alfombrilla húmeda.
Extiéndelas con el cepillo y deja actuar durante unos minutos.
Después vuelve a frotar suavemente.
Repetir un tratamiento suave suele ser preferible a utilizar inmediatamente un limpiador muy agresivo.
En determinados materiales resistentes podría utilizarse una pequeña cantidad de bicarbonato, pero primero habría que probarlo en una esquina poco visible.
El bicarbonato es ligeramente abrasivo y no resulta adecuado para todos los acabados.
Evita el agua demasiado caliente
Cuando queremos eliminar grasa, puede parecer lógico utilizar agua casi hirviendo.
Sin embargo, no es una buena idea para una alfombrilla cuyo material desconocemos.
Las temperaturas elevadas pueden deformar ciertos plásticos, espumas o materiales flexibles.
El agua tibia suele proporcionar un equilibrio adecuado: ayuda al detergente a trabajar sobre la grasa sin someter innecesariamente el material a temperaturas extremas.
Aprovecha para limpiar el cajón
Mientras la alfombrilla está fuera, tenemos la oportunidad perfecta para limpiar la superficie que normalmente permanece escondida.
Aspira primero todas las migas.
Después pasa un paño de microfibra ligeramente humedecido con agua y unas gotas de lavavajillas.
Presta atención a las esquinas.
Si el cajón es de madera o tablero revestido, evita empaparlo. Utiliza un paño bien escurrido y seca la superficie después.
No vuelvas a colocar la alfombrilla hasta que tanto ella como el interior del cajón estén completamente secos.
Aclara muy bien
Una vez eliminada la grasa, aclara la alfombrilla con agua limpia.
Este paso es más importante de lo que parece.
Si quedan restos de detergente, la superficie puede sentirse pegajosa cuando se seque. Además, ese residuo puede facilitar que el polvo vuelva a adherirse.
Aclara hasta que no aparezca espuma y el material deje de sentirse resbaladizo.
El secado es fundamental
No coloques inmediatamente la alfombrilla húmeda dentro del cajón.
Sacúdela suavemente para eliminar el exceso de agua y déjala secar completamente al aire.
Puedes extenderla sobre una toalla limpia y seca.
Si es posible, dale la vuelta después de un tiempo para facilitar el secado de ambas caras.
Evita colocarla sobre una fuente de calor intenso salvo que el fabricante indique expresamente que el material lo tolera.
¿Qué ocurre si sigue amarilla?
Una alfombrilla puede estar perfectamente limpia y continuar mostrando cierto tono amarillento.
Esto ocurre porque no toda la coloración procede necesariamente de la grasa.
Algunos plásticos y materiales sintéticos pueden cambiar de color con el tiempo debido al envejecimiento, la exposición al calor o las características del propio material.
Si has lavado la alfombrilla varias veces, ya no está pegajosa y el agua de aclarado sale limpia, pero el amarillo permanece uniforme, probablemente exista decoloración permanente.
Seguir utilizando productos cada vez más fuertes podría deteriorarla sin conseguir devolverle su color original.
Productos que es mejor no utilizar
A menos que el fabricante los recomiende específicamente, evita experimentar con:
- acetona;
- disolventes;
- estropajos metálicos;
- limpiadores extremadamente abrasivos;
- agua hirviendo;
- mezclas de varios productos químicos.
Tampoco mezcles lejía con vinagre, amoniaco, ácidos ni otros limpiadores. Algunas combinaciones domésticas pueden liberar gases peligrosos.
Para una alfombrilla cubierta principalmente de grasa, normalmente un buen lavavajillas y un poco de paciencia son suficientes.
¿Se puede meter en el lavavajillas?
Depende completamente del producto.
Algunas alfombrillas de silicona pueden tolerar temperaturas relativamente altas, mientras que otros revestimientos podrían deformarse.
No asumas que una alfombrilla es apta para lavavajillas simplemente porque parece de plástico.
Comprueba el embalaje o las instrucciones del fabricante.
Cuando no dispongas de esa información, el lavado manual con agua tibia es generalmente la opción más prudente.
Cuándo merece la pena sustituirla
La limpieza puede hacer mucho, pero no puede reparar un material deteriorado.
Considera cambiar la alfombrilla si presenta:
- grietas;
- zonas quebradizas;
- deformaciones;
- bordes que se deshacen;
- olor persistente después del lavado;
- una superficie pegajosa que no desaparece incluso estando limpia.
Cuando el propio material comienza a degradarse, sustituirlo suele ser más práctico que intentar seguir recuperándolo.
Cómo mantenerla limpia durante más tiempo
Una vez conseguida una buena limpieza, no esperes hasta que vuelva a adquirir una gruesa capa amarillenta.
Cada cierto tiempo, vacía el cajón y sacude la alfombrilla.
Si observas pequeñas manchas, límpialas inmediatamente con un paño húmedo y una gota de lavavajillas.
También ayuda guardar los utensilios completamente secos y razonablemente limpios.
Una pequeña cantidad de aceite en la base de una botella o utensilio puede extenderse lentamente sobre la alfombrilla y terminar atrapando polvo.
Un antes y después que transforma el interior del cajón
Cuando retiramos una alfombrilla después de meses o años de uso, podemos sorprendernos al descubrir cuánta suciedad se había acumulado.
La diferencia después de una limpieza profunda puede ser enorme.
El secreto no está en utilizar una combinación complicada de productos: retirar primero las migas, dejar actuar agua tibia con lavavajillas, cepillar suavemente las texturas, aclarar muy bien y secar completamente.
Si el tono amarillo procedía principalmente de grasa y suciedad, la alfombrilla puede recuperar un aspecto mucho más limpio y uniforme.
Y una vez colocada de nuevo dentro de un cajón también recién limpiado, el resultado se nota inmediatamente: un espacio más ordenado, sin residuos pegajosos y listo para volver a guardar los utensilios de cocina.