Con este sencillo método, las rejillas de un rallador quedan libres de queso seco y restos de comida

El rallador es uno de los utensilios más prácticos de la cocina, pero también uno de los más incómodos de limpiar. Después de rallar queso, verduras o alimentos blandos, pequeños restos pueden quedarse atrapados alrededor de los agujeros y, si dejamos pasar unas horas, terminan secándose y adhiriéndose al metal.

Intentar eliminarlos frotando con fuerza no siempre funciona y, además, puede ser peligroso para los dedos. Por suerte, el agua caliente, un poco de lavavajillas y un cepillo adecuado pueden hacer casi todo el trabajo.

¿Por qué cuesta tanto limpiar un rallador?

Los bordes de los agujeros están diseñados precisamente para cortar los alimentos. Esto significa que también pueden retener pequeñas partículas.

El queso es especialmente problemático. Su grasa se adhiere al metal mientras los pequeños fragmentos se secan rápidamente.

Cuando esto sucede, pasar simplemente el rallador bajo el grifo puede no ser suficiente.

La clave está en ablandar primero los residuos antes de intentar retirarlos.

Qué necesitas

Para este método puedes utilizar:

  • agua caliente;
  • unas gotas de lavavajillas;
  • un recipiente suficientemente grande;
  • un cepillo para platos de mango largo;
  • un cepillo de dientes viejo y limpio para las zonas pequeñas;
  • un paño limpio.

No necesitas utilizar productos especialmente agresivos.

Empieza con un buen remojo

Llena el fregadero o un recipiente con agua caliente y añade unas gotas de lavavajillas.

Introduce el rallador y déjalo en remojo aproximadamente 10–15 minutos.

Si el queso lleva mucho tiempo seco, puedes dejarlo algunos minutos más.

El agua ayuda a rehidratar los restos mientras que el detergente facilita la eliminación de la grasa.

Después del remojo, buena parte de la suciedad debería estar considerablemente más blanda.

Utiliza un cepillo en lugar de una esponja

Aquí está uno de los detalles más importantes.

Frotar un rallador con una esponja puede resultar incómodo porque los bordes afilados pueden engancharla y deteriorarla. También existe el riesgo de acercar demasiado los dedos.

Es preferible utilizar un cepillo para lavar platos con mango.

Cepilla la superficie siguiendo una dirección controlada y manteniendo siempre las manos alejadas de las partes cortantes.

Trabaja también desde la parte interior del rallador cuando su diseño permita acceder de forma segura.

Muchas veces los restos que parecen imposibles de eliminar desde fuera salen fácilmente al empujarlos desde el lado contrario.

Presta atención a cada tipo de rejilla

Los ralladores de caja suelen tener varias superficies.

Los agujeros grandes pueden retener trozos de queso, mientras que las rejillas finas acumulan una película mucho más difícil de ver.

Revisa también:

  • las esquinas;
  • la base;
  • la zona situada debajo del mango;
  • los bordes interiores;
  • las ranuras laterales.

Un cepillo pequeño resulta especialmente útil en estas partes.

¿Qué hacer si todavía quedan restos secos?

No aumentes inmediatamente la fuerza del frotado.

Vuelve a sumergir el rallador en agua caliente con lavavajillas durante otros 5–10 minutos y repite el cepillado.

Con los residuos secos, repetir el remojo suele ser mucho más efectivo que intentar arrancarlos a la fuerza.

También puedes dirigir un chorro de agua desde el interior hacia el exterior para ayudar a expulsar las partículas atrapadas.

Acláralo cuidadosamente

Cuando ya no veas restos de alimentos, aclara todo el rallador bajo agua corriente.

Comprueba ambos lados de cada superficie.

Es importante retirar completamente tanto los residuos de comida como el detergente, especialmente porque se trata de un utensilio que estará en contacto directo con alimentos.

Sacude el exceso de agua cuando termines.

El secado es más importante de lo que parece

No guardes inmediatamente el rallador todavía mojado.

Sécalo con cuidado utilizando un paño, evitando pasar los dedos directamente sobre las zonas cortantes.

Después puedes dejarlo unos minutos en el escurridor hasta que esté completamente seco.

Esto es especialmente importante en ralladores metálicos, ya que mantener humedad durante largos periodos puede favorecer manchas o corrosión dependiendo del material.

El mejor momento para limpiarlo es justo después de utilizarlo

El truco más eficaz para no tener que luchar contra queso seco es extremadamente sencillo: aclarar el rallador inmediatamente después de usarlo.

Cuando los restos todavía están blandos, un chorro de agua caliente puede eliminar gran parte de ellos en segundos.

Después solo tendrás que realizar el lavado habitual.

Si vas a continuar cocinando y no puedes limpiarlo en ese momento, déjalo al menos en agua para evitar que los residuos se sequen.

Un truco especial para el queso

Cuando ralles quesos blandos o grasos, presta especial atención a la parte interior.

Muchas veces limpiamos únicamente la superficie exterior porque es donde vemos la mayor cantidad de restos, pero parte del queso atraviesa los agujeros y queda adherido por detrás.

Lavar desde ambos lados marca una gran diferencia.

Además, evita dejar el rallador junto a una fuente de calor con restos de queso. El calor puede secarlos todavía más rápidamente.

Errores que conviene evitar

No introduzcas los dedos en los agujeros para empujar restos de comida.

Aunque parezca que el rallador ya no está afilado, sus pequeños bordes pueden provocar cortes con facilidad.

Tampoco es recomendable utilizar cuchillos u otros objetos metálicos para rascar los agujeros. Podrías dañar el utensilio o hacer que la herramienta resbale.

Los estropajos metálicos tampoco son necesarios para una limpieza normal y pueden afectar determinados acabados.

¿Se puede meter en el lavavajillas?

Depende completamente del modelo.

Algunos ralladores de acero inoxidable son aptos para lavavajillas, mientras que otros incorporan mangos, bases o materiales que pueden deteriorarse.

Consulta las instrucciones del fabricante.

Incluso cuando sea apto para lavavajillas, conviene retirar previamente los trozos grandes de alimentos. Un residuo de queso muy seco puede permanecer atrapado después de un ciclo completo.

Un pequeño hábito que ahorra mucho trabajo

La diferencia entre un rallador que se limpia en menos de un minuto y otro que necesita una limpieza profunda suele depender simplemente del tiempo que dejamos secar los alimentos.

Si los residuos ya están endurecidos, un remojo con agua caliente y lavavajillas seguido de un cepillado desde ambos lados puede facilitar enormemente la tarea.

Y para la próxima vez, recuerda la regla más sencilla: enjuaga el rallador nada más terminar de utilizarlo. Así evitarás que el queso y otros alimentos se conviertan en una capa seca difícil de eliminar.

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