Cuando llega el calor y volvemos a utilizar el ventilador después de varias semanas o meses guardado, es habitual encontrarnos con una desagradable sorpresa: las rejillas están cubiertas de polvo, pelusas y una fina capa de suciedad.
No es solamente una cuestión estética. Al encender el aparato, parte del polvo acumulado puede volver a circular por la habitación. Además, cuando la suciedad lleva mucho tiempo adherida, pasar simplemente un paño por encima suele ser insuficiente.
Por suerte, limpiar las rejillas de un ventilador no requiere productos especiales. Con agua templada, jabón y unos sencillos pasos podemos dejarlas prácticamente como nuevas.
Por qué las rejillas acumulan tanto polvo
Mientras funciona, el ventilador mueve constantemente grandes cantidades de aire.
Con ese aire también circulan pequeñas partículas de polvo, fibras textiles, pelos y otras partículas presentes en casa. Parte de ellas terminan depositándose sobre las rejillas y las aspas.
El problema aumenta cuando se combina el polvo con restos de grasa presentes en el ambiente, algo especialmente frecuente cuando el ventilador se utiliza cerca de la cocina.
Entonces aparece una capa pegajosa a la que se adhiere todavía más suciedad.
Por eso, después de meses sin una limpieza profunda, no siempre basta con utilizar un plumero.
Qué necesitas para limpiar el ventilador
Para realizar una limpieza doméstica sencilla puedes preparar:
- agua templada
- unas gotas de lavavajillas
- un recipiente o barreño suficientemente grande
- un paño de microfibra
- un cepillo pequeño de cerdas suaves
- un cepillo de dientes viejo para las zonas difíciles
- una toalla limpia
En la mayoría de los casos, esta combinación es suficiente para eliminar tanto el polvo como la suciedad ligeramente grasa.
Lo primero: desenchufa siempre el ventilador
Antes de empezar cualquier limpieza, desconecta completamente el ventilador de la corriente.
No basta con apagarlo mediante el botón.
Si el modelo permite desmontar fácilmente la rejilla frontal siguiendo las instrucciones del fabricante, retírala con cuidado.
Muchos ventiladores utilizan pequeñas pestañas, clips o un aro de fijación. Otros incorporan tornillos.
No fuerces ninguna pieza. Si no sabes cómo desmontar la rejilla, consulta las instrucciones correspondientes a tu modelo.
Y recuerda algo importante: las partes que contienen el motor, conexiones eléctricas o componentes electrónicos nunca deben sumergirse ni mojarse directamente.
Retira primero el polvo seco
Antes de utilizar agua, conviene eliminar la mayor cantidad posible de polvo superficial.
Puedes hacerlo con un paño seco de microfibra o un cepillo suave.
Trabaja especialmente entre las barras de la rejilla, donde suelen acumularse pequeñas pelusas.
Este paso facilita mucho la limpieza posterior. Si introduces directamente una rejilla muy polvorienta en agua, el polvo se convierte en una especie de barro que puede resultar más incómodo de retirar.
El método casero con agua templada y lavavajillas
Si la rejilla desmontable es apta para lavarse con agua, llena un recipiente con agua templada.
Añade unas gotas de lavavajillas y mezcla suavemente.
No necesitas utilizar una gran cantidad. El objetivo es conseguir una solución jabonosa que ayude a desprender la película de grasa y suciedad.
Introduce únicamente las piezas desmontables que puedan entrar en contacto con el agua.
Déjalas unos minutos para que la suciedad se ablande.
Después pasa un cepillo suave por toda la rejilla.
El jabón facilita que la suciedad acumulada alrededor de las barras se desprenda con mucho menos esfuerzo.
El cepillo de dientes es perfecto para los rincones
Las rejillas de los ventiladores tienen numerosos cruces y pequeños espacios donde un paño no consigue entrar correctamente.
Aquí resulta especialmente útil un cepillo de dientes viejo.
Humedece ligeramente el cepillo en el agua jabonosa y pásalo por las zonas más complicadas.
No hace falta ejercer demasiada presión. Si has dejado actuar el agua jabonosa unos minutos, la mayor parte de la suciedad debería desprenderse fácilmente.
También puedes utilizar este método alrededor de los bordes y sistemas de cierre de la rejilla.
¿Y si la rejilla no se puede desmontar?
En ese caso hay que ser mucho más cuidadoso.
Con el aparato desenchufado, utiliza primero un cepillo seco o un paño de microfibra para retirar el polvo.
Después puedes pasar un paño apenas humedecido con agua y una pequeña cantidad de jabón por las zonas accesibles.
El paño debe estar bien escurrido.
Nunca pulverices agua o limpiador directamente sobre el ventilador, ya que el líquido podría alcanzar el motor o las conexiones eléctricas.
Para los espacios estrechos puedes envolver una esquina del paño alrededor de un objeto fino y romo o utilizar un pequeño cepillo ligeramente humedecido, siempre evitando que el líquido gotee hacia el interior.
No olvides limpiar las aspas
Si el diseño del ventilador permite acceder de forma segura a las aspas una vez retirada la rejilla, probablemente descubrirás que también tienen una considerable capa de polvo.
Pásales primero un paño seco.
Después utiliza un paño de microfibra ligeramente humedecido con agua jabonosa.
Sujeta cada aspa con cuidado mientras la limpias para evitar ejercer una presión excesiva sobre el mecanismo.
No viertas agua directamente sobre las aspas cuando estas continúen conectadas al cuerpo del ventilador.
El secado es una parte fundamental
Después de lavar una rejilla desmontable, aclárala si es necesario y sécala con una toalla limpia.
Luego déjala secar completamente al aire.
No tengas prisa por volver a montar el ventilador.
Las piezas deben estar totalmente secas antes de colocarlas de nuevo, especialmente porque estarán cerca de componentes eléctricos.
Lo ideal es dejarlas en un lugar bien ventilado hasta asegurarse de que no queda humedad en los pequeños rincones.
Qué productos conviene evitar
Para la suciedad habitual no hacen falta limpiadores agresivos.
De hecho, productos demasiado fuertes pueden deteriorar determinados plásticos, pinturas o acabados de las rejillas.
También conviene evitar mezclas caseras improvisadas de diferentes productos de limpieza. Combinar sustancias químicas sin saber cómo reaccionan entre sí puede ser peligroso.
Agua templada y unas gotas de lavavajillas suelen ser suficientes para la mayoría de los ventiladores domésticos.
Si existe una mancha especialmente resistente, es preferible repetir la limpieza y dejar actuar el jabón un poco más antes que recurrir inmediatamente a productos agresivos.
Cómo evitar que vuelva a acumular tanta suciedad
La mejor forma de facilitar la limpieza es no esperar hasta que la rejilla esté completamente cubierta.
Durante los meses en los que utilizas el ventilador con frecuencia, pasa periódicamente un paño de microfibra seco por la parte exterior.
Esta sencilla rutina elimina el polvo antes de que se mezcle con grasa y humedad.
Cuando termine la temporada de calor, limpia bien el aparato antes de guardarlo.
Una vez completamente seco, puedes cubrirlo con una funda transpirable o guardarlo en un lugar protegido del polvo.
Así, cuando vuelvas a necesitarlo, no tendrás que enfrentarte a meses de suciedad acumulada.
Una limpieza sencilla que se nota inmediatamente
La diferencia entre una rejilla llena de polvo y otra recién limpiada puede ser sorprendente.
Y no hace falta dedicar toda una tarde ni comprar un producto específico. Retirar primero el polvo, utilizar agua templada con unas gotas de lavavajillas en las piezas lavables y ayudarse de un pequeño cepillo suele ser más que suficiente.
La clave está en desmontar únicamente las piezas previstas por el fabricante, mantener siempre el agua lejos del motor y esperar a que todo esté perfectamente seco antes de volver a montar y enchufar el aparato.
Con una limpieza periódica, las rejillas permanecerán mucho más limpias y el mantenimiento del ventilador será considerablemente más fácil durante toda la temporada.