Cómo recuperar una silla de plástico blanca amarillenta y dejarla casi como nueva

Las sillas blancas de plástico son económicas, resistentes y perfectas para terrazas y jardines. Sin embargo, después de varios años expuestas al sol, la lluvia y la suciedad, pueden terminar con un aspecto parecido al de la imagen: amarillentas, manchadas y aparentemente imposibles de recuperar.

La diferencia entre el antes y el después puede ser enorme. Y lo mejor es que, antes de gastar dinero en muebles nuevos, existen varios métodos sencillos que merece la pena probar.

¿Por qué una silla blanca termina tan amarilla?

Aunque parezca únicamente suciedad, el problema puede tener diferentes causas.

Las sillas de exterior acumulan polvo, tierra, contaminación, restos vegetales, grasa y humedad. Si pasan meses sin limpiarse, estas sustancias terminan formando una capa difícil de eliminar con un simple paño húmedo.

Además, existe otro responsable importante: el sol.

La exposición prolongada a los rayos ultravioleta puede provocar el envejecimiento del plástico y modificar progresivamente su color. Esto significa que no todo el amarilleamiento podrá eliminarse necesariamente mediante una limpieza.

Aun así, merece la pena intentarlo porque muchas sillas esconden bajo esa capa amarillenta un plástico mucho más blanco de lo que parece.

Empieza con una buena limpieza

Antes de aplicar cualquier tratamiento, hay que eliminar toda la suciedad superficial.

Prepara un cubo con agua templada y jabón lavavajillas.

Moja completamente la silla y aplica el agua jabonosa utilizando una esponja. Para las ranuras del respaldo, las uniones y otras zonas difíciles puedes ayudarte de un cepillo de cerdas suaves.

Frota especialmente:

  • el asiento;
  • los reposabrazos;
  • las ranuras del respaldo;
  • las uniones de las patas;
  • los bordes;
  • la parte inferior de la silla.

Es precisamente en estos lugares donde suele acumularse más suciedad.

Después, aclara abundantemente con agua.

El bicarbonato puede marcar la diferencia

Si después del primer lavado todavía quedan zonas amarillas y manchas incrustadas, prueba con bicarbonato de sodio.

Pon varias cucharadas de bicarbonato en un recipiente y añade poco a poco agua hasta conseguir una pasta espesa.

Extiende esta mezcla sobre las zonas más afectadas y déjala actuar durante aproximadamente 10-15 minutos.

Después, frota suavemente con una esponja húmeda.

No es necesario aplicar demasiada presión. El bicarbonato tiene una ligera acción abrasiva y el objetivo es retirar la suciedad sin arañar el plástico.

Cuando termines, aclara muy bien.

Para el amarilleamiento persistente: agua oxigenada

Si la silla está limpia pero todavía presenta zonas amarillentas, se puede probar con agua oxigenada doméstica al 3 %.

Primero realiza una prueba en una parte pequeña y poco visible de la silla.

Si el plástico no presenta ninguna reacción negativa, aplica una pequeña cantidad con un paño o una esponja sobre las zonas afectadas.

Déjala actuar unos minutos y posteriormente aclara completamente.

Es importante no utilizar concentraciones más fuertes de forma improvisada. Dependiendo de su composición y estado, los diferentes plásticos pueden reaccionar de manera distinta.

¿Y si tiene puntos negros o verdosos?

Las sillas que pasan mucho tiempo en ambientes húmedos también pueden desarrollar manchas oscuras.

En primer lugar, intenta eliminarlas con jabón y un cepillo.

Si persisten y se trata de moho, utiliza un producto específico para eliminarlo que indique claramente que es compatible con superficies de plástico.

Respeta siempre las instrucciones del fabricante y trabaja en un lugar ventilado.

No cometas este error con la lejía

Cuando una superficie blanca está muy sucia, muchas personas recurren inmediatamente a la lejía.

Hay que tener especial cuidado.

Nunca combines diferentes productos de limpieza pensando que así conseguirás un efecto más potente. La lejía no debe mezclarse con vinagre, amoníaco ni otros limpiadores domésticos, ya que determinadas combinaciones pueden producir gases peligrosos.

Si decides utilizar un limpiador comercial, úsalo exactamente como indique su etiqueta.

Evita los estropajos metálicos

Una silla tan sucia como la del « antes » puede provocar ganas de utilizar un estropajo muy abrasivo.

No es recomendable.

El metal y otros materiales extremadamente ásperos pueden dejar multitud de pequeños arañazos sobre la superficie. El plástico puede perder brillo y, además, posteriormente la suciedad se acumulará con mayor facilidad dentro de esas marcas.

Una esponja no abrasiva y un cepillo suave son opciones más seguras.

También deben evitarse los disolventes fuertes que no estén expresamente indicados para plástico.

Aclara y deja secar antes de comprobar el resultado

Cuando termines la limpieza, aclara la silla varias veces hasta retirar completamente cualquier residuo.

Después déjala secar al aire.

Este paso es importante porque una superficie mojada puede parecer temporalmente más brillante y limpia.

Cuando esté completamente seca podrás comprobar el verdadero resultado.

Si gran parte del tono amarillo desaparece, significará que el problema procedía principalmente de la suciedad acumulada.

¿Puede quedar realmente tan blanca como en el “después”?

Depende del estado de la silla.

Cuando el amarillo procede principalmente de polvo, grasa, contaminación y otras manchas superficiales, el cambio puede ser realmente espectacular.

Pero si el propio plástico ha sufrido años de degradación debido a la radiación solar, es posible que permanezca cierto tono amarillo incluso después de limpiarlo perfectamente.

En ese caso, seguir aplicando productos cada vez más agresivos no necesariamente conseguirá devolverle el blanco original y podría terminar dañando la superficie.

Por eso es importante distinguir entre suciedad y envejecimiento permanente del material.

Cómo evitar que vuelva a ponerse amarilla

Una vez limpia, merece la pena adoptar algunas medidas para conservar el resultado durante más tiempo.

Lava las sillas ocasionalmente durante los meses de mayor uso en lugar de esperar varios años para realizar una limpieza profunda.

Al terminar la temporada, límpialas y deja que se sequen completamente antes de guardarlas.

Siempre que sea posible, mantenlas en un espacio protegido de la luz solar directa, la lluvia y la humedad.

Si tienen que permanecer en el exterior, una funda apropiada para muebles de jardín puede proporcionar protección adicional.

Antes de tirarla, prueba a recuperarla

Una silla amarillenta, cubierta de suciedad y aparentemente envejecida puede parecer destinada a la basura. Sin embargo, una buena limpieza puede revelar una superficie completamente diferente.

Empieza siempre por agua templada y jabón. Continúa con una pasta de bicarbonato para las manchas más difíciles y, si es necesario, prueba cuidadosamente agua oxigenada doméstica al 3 % en una pequeña zona.

No necesitas recurrir inmediatamente a productos extremadamente agresivos.

Como muestra perfectamente un buen antes y después, una silla que parecía vieja y descuidada puede recuperar un aspecto mucho más blanco, limpio y cuidado.

Y si la estructura sigue siendo resistente, dedicar un poco de tiempo a limpiarla puede permitirte disfrutar de ella durante varios veranos más, evitando además una compra innecesaria.

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