La campana extractora trabaja cada vez que cocinamos, pero también es uno de los lugares donde la grasa puede pasar más tiempo inadvertida. Con las semanas, los vapores de la cocina se depositan sobre los bordes, la parte inferior y las rejillas, formando una película amarilla y pegajosa que termina atrapando todavía más polvo.
Cuando esa capa lleva tiempo acumulándose, pasar simplemente un paño húmedo suele servir de poco. Sin embargo, tampoco hace falta empezar frotando con productos extremadamente agresivos. La clave consiste en ablandar primero la grasa y limpiar cada parte de la campana por separado.
¿Por qué aparece esa grasa amarilla?
Mientras cocinamos, pequeñas partículas de aceite y grasa quedan suspendidas en el vapor. La campana captura una parte importante, especialmente a través de sus filtros.
Con el tiempo, esos residuos se acumulan.
Al principio pueden ser prácticamente transparentes, pero al mezclarse con polvo, humedad y nuevas capas de grasa adquieren ese característico tono amarillo o marrón.
Las zonas más afectadas suelen ser los filtros metálicos, las esquinas y el borde situado justo encima de los fogones.
Antes de limpiar, corta la alimentación
Antes de tocar filtros o limpiar cerca de los controles y luces, apaga la campana y desconéctala de la corriente siempre que sea posible siguiendo las indicaciones del fabricante.
Espera también a que la placa y las superficies cercanas estén completamente frías.
Después, retira los filtros únicamente si el modelo está diseñado para hacerlo fácilmente.
Si no sabes cómo desmontarlos, consulta el manual. No conviene forzar pestañas o cierres que pueden romperse.
Empieza por las rejillas metálicas
Los filtros suelen concentrar la mayor cantidad de grasa.
Si son filtros metálicos lavables, colócalos en el fregadero o en un recipiente suficientemente grande.
Añade agua caliente —sin necesidad de que esté hirviendo— y unas gotas de jabón lavavajillas desengrasante.
Deja que los filtros permanezcan sumergidos durante unos 15 o 20 minutos.
Este tiempo de espera es precisamente lo que permite ahorrar buena parte del esfuerzo posterior.
El agua caliente hace gran parte del trabajo
Cuando la grasa está fría, puede formar una película espesa y pegajosa.
El agua caliente y el detergente ayudan a reblandecerla y desprenderla de los pequeños huecos de la malla.
Después del remojo, utiliza un cepillo de cerdas suaves para recorrer la superficie.
Trabaja siguiendo la dirección de la rejilla y presta atención a los bordes, donde suele acumularse una capa especialmente gruesa.
No necesitas aplastar ni deformar la malla.
Si todavía queda grasa muy adherida
Puedes cambiar el agua cuando esté demasiado sucia y repetir el remojo.
Para determinados filtros metálicos compatibles, una pequeña cantidad de bicarbonato añadida al agua puede ayudar con algunos residuos resistentes, pero conviene comprobar primero las instrucciones del fabricante.
Esto es especialmente importante porque no todas las rejillas están fabricadas con el mismo material o acabado.
En determinados metales, los productos alcalinos fuertes o los limpiadores agresivos pueden alterar la superficie.
No todos los filtros pueden lavarse
Este detalle es fundamental.
Muchas campanas utilizan filtros metálicos reutilizables, pero otras incorporan filtros de carbón u otros elementos que deben sustituirse periódicamente.
Un filtro de carbón desechable no debe sumergirse simplemente porque parezca sucio.
Antes de lavarlo, confirma qué tipo de filtro utiliza tu campana y sigue las recomendaciones del fabricante.
Cómo limpiar los bordes de la campana
Mientras las rejillas están en remojo, puedes aprovechar para limpiar el exterior.
Prepara agua tibia con unas gotas de jabón lavavajillas.
Humedece un paño de microfibra, escúrrelo bien y pásalo por los bordes grasientos.
Si la capa está muy pegajosa, mantén el paño húmedo sobre la zona durante unos instantes antes de retirarlo.
Así la grasa se ablanda y resulta mucho más fácil eliminarla sin tener que raspar.
Presta atención al acero inoxidable
Si la campana es de acero inoxidable, evita estropajos metálicos y esponjas extremadamente abrasivas.
Pueden dejar arañazos permanentes.
Utiliza un paño suave y, cuando sea posible, limpia siguiendo la dirección visible del acabado del acero.
Después pasa otro paño ligeramente humedecido únicamente con agua para retirar cualquier residuo de jabón.
Finalmente, seca la superficie.
Este último paso ayuda a evitar marcas de agua.
Los botones y las pequeñas ranuras necesitan otro tratamiento
La grasa suele concentrarse alrededor de botones, mandos y pequeñas uniones.
Aquí no conviene pulverizar limpiador directamente.
Humedece ligeramente un paño o un bastoncillo y trabaja alrededor de estas zonas sin permitir que el líquido penetre en los componentes eléctricos.
Para las esquinas estrechas puedes utilizar un cepillo pequeño de cerdas suaves.
Aclara muy bien las rejillas
Una vez desprendida la grasa, aclara los filtros metálicos con abundante agua.
Observa la malla a contraluz.
Si todavía encuentras zonas amarillentas y pegajosas, repite el remojo en lugar de atacar la rejilla con un objeto duro.
Cuando estén limpios, sacude suavemente el exceso de agua y déjalos secar completamente.
No vuelvas a instalarlos mientras todavía estén mojados.
Evita mezclar productos de limpieza
Para una limpieza habitual de la campana no es necesario preparar una mezcla complicada.
Agua caliente y un buen jabón lavavajillas pueden hacer gran parte del trabajo.
Nunca mezcles lejía con vinagre, amoníaco, ácidos u otros limpiadores, ya que determinadas combinaciones pueden liberar gases peligrosos.
Si utilizas un desengrasante comercial, comprueba que sea compatible con el material de la campana y sigue las instrucciones de su etiqueta.
El truco para no volver a enfrentarte a una capa gruesa
La diferencia está en la frecuencia.
Cuando los filtros pasan meses acumulando grasa, limpiarlos requiere bastante más trabajo. En cambio, una revisión periódica evita que los residuos lleguen a formar una capa oscura y pegajosa.
Después de cocinar alimentos que generan muchas salpicaduras o vapores grasos, también puedes pasar un paño por la parte exterior de la campana una vez que todo esté frío y sea seguro hacerlo.
Así eliminas la película reciente antes de que se endurezca.
Una campana limpia también necesita filtros cuidados
Recuperar una campana cubierta de grasa amarilla no depende de frotar durante horas.
El método más práctico consiste en desmontar los filtros metálicos lavables, dejarlos en remojo con agua caliente y jabón y dar tiempo a que la grasa se ablande.
Mientras tanto, los bordes pueden limpiarse con un paño suave y una solución jabonosa.
Después solo queda aclarar, secar completamente y volver a montar las piezas.
Con una limpieza periódica, esa capa amarilla resulta mucho más fácil de controlar y la campana puede conservar durante más tiempo un aspecto limpio y cuidado.