Los recipientes de plástico son imprescindibles en muchas cocinas. Los utilizamos para guardar sobras, llevar comida al trabajo, congelar preparaciones o conservar salsas. Sin embargo, tienen un inconveniente muy conocido: algunos alimentos dejan una película de grasa difícil de eliminar, especialmente cuando han contenido tomate, curry, aceite o guisos.
Después de varios usos, el recipiente puede quedar amarillento, pegajoso y con restos acumulados en las esquinas. Incluso después de lavarlo con detergente, a veces parece que la grasa continúa adherida.
Antes de darlo por perdido, merece la pena probar una limpieza profunda pero cuidadosa. El secreto está en utilizar agua caliente —siempre dentro de los límites que permita el recipiente—, detergente desengrasante y suficiente tiempo para que la suciedad se desprenda sin necesidad de raspar el plástico.
Por qué la grasa se adhiere tanto al plástico
El plástico y la grasa tienen una relación especialmente problemática.
Los alimentos grasos pueden dejar una fina película sobre la superficie que resulta mucho más difícil de retirar únicamente con agua. Si además el recipiente presenta pequeños arañazos por el uso, los restos pueden acumularse en esas irregularidades.
El problema aumenta cuando guardamos alimentos con salsas muy pigmentadas.
Tomate, pimentón, cúrcuma y curry pueden dejar manchas que permanecen incluso después de haber eliminado la grasa.
Por eso conviene distinguir entre un recipiente que sigue grasiento y otro que está limpio pero conserva cierta coloración.
Empieza retirando todos los restos de comida
Antes de llenar el recipiente de agua, elimina cualquier resto sólido.
Utiliza papel de cocina para retirar el exceso de salsa y grasa.
Este pequeño paso puede marcar una gran diferencia. Si llenamos directamente el recipiente de agua, parte de esa grasa simplemente comenzará a flotar y podrá volver a depositarse sobre las paredes.
Retirar primero todo lo posible facilita el trabajo posterior del detergente.
El método sencillo con agua y lavavajillas
Para una acumulación normal de grasa, comienza con el procedimiento menos agresivo.
Añade al recipiente unas gotas de un buen lavavajillas desengrasante y agua caliente compatible con el tipo de plástico.
No es necesario llenarlo completamente. Basta con cubrir las zonas más afectadas.
Déjalo reposar entre 10 y 20 minutos.
Durante ese tiempo, el detergente ayudará a desprender la película aceitosa de las paredes y las esquinas.
Después utiliza una esponja suave para limpiar todo el interior.
Presta especial atención a las esquinas
En los recipientes cuadrados y rectangulares, las esquinas suelen ser el punto más problemático.
Una esponja grande puede no entrar correctamente en esas zonas.
Puedes utilizar un pequeño cepillo de cerdas suaves reservado exclusivamente para la limpieza de utensilios de cocina.
Pásalo por las uniones entre el fondo y las paredes sin ejercer demasiada presión.
Haz lo mismo alrededor del borde superior, donde también suelen quedar restos de salsa y grasa.
Un truco para recipientes especialmente grasientos
Si después del primer lavado el recipiente sigue teniendo una película aceitosa, prueba una segunda limpieza.
Añade unas gotas de lavavajillas, un poco de agua tibia o caliente y coloca dentro una o dos hojas de papel de cocina.
Cierra el recipiente con su tapa, siempre que esta ajuste correctamente, y agítalo durante unos segundos.
El agua jabonosa ayuda a desprender la grasa mientras el papel puede recoger parte de los residuos liberados.
Después abre el recipiente, desecha el papel y realiza un lavado normal con esponja y detergente.
Finalmente, aclara muy bien.
¿Qué hacer con las manchas amarillas o anaranjadas?
Una vez eliminada la grasa puede ocurrir que el plástico continúe ligeramente teñido.
Esto es frecuente después de guardar salsa de tomate, curry o alimentos con determinadas especias.
En estos casos puede probarse una pasta suave de bicarbonato y agua, siempre que el fabricante no desaconseje su uso.
Mezcla una pequeña cantidad de bicarbonato con suficiente agua para obtener una pasta.
Extiéndela sobre la mancha y déjala actuar durante unos minutos.
Después limpia suavemente con una esponja no abrasiva y aclara abundantemente.
Evita frotar con fuerza, ya que los arañazos harán que el recipiente resulte más difícil de mantener limpio en el futuro.
El bicarbonato no sustituye al detergente
Hay un detalle importante: para eliminar grasa, el lavavajillas debería ser el primer recurso.
El bicarbonato puede resultar útil para determinadas manchas y olores, pero no es necesario convertir cada limpieza en una mezcla de numerosos ingredientes caseros.
Primero elimina correctamente la grasa con detergente.
Después comprueba el resultado.
Solo entonces tiene sentido tratar por separado las manchas que hayan quedado.
¿Se puede utilizar vinagre?
El vinagre puede resultar útil para determinados depósitos y olores, pero no es el desengrasante principal para este trabajo.
Si el problema es una gruesa película de aceite, comienza con lavavajillas.
Además, evita mezclar indiscriminadamente vinagre con otros productos de limpieza.
Una rutina sencilla suele ser más segura y eficaz que combinar muchos productos pensando que aumentará su potencia.
Nunca utilices un estropajo metálico
Cuando observamos restos oscuros adheridos al fondo, puede resultar tentador utilizar un estropajo muy abrasivo.
En plástico es una mala idea.
Los arañazos pueden dejar la superficie permanentemente opaca y crear pequeñas irregularidades donde posteriormente se acumularán con mayor facilidad grasa y residuos.
Utiliza una esponja suave o un cepillo compatible con recipientes de plástico.
Si una mancha no sale, déjala en remojo un poco más en lugar de aumentar la fuerza.
Cuidado con el agua demasiado caliente
El agua caliente facilita la limpieza de la grasa, pero eso no significa que debamos utilizar agua hirviendo.
Algunos recipientes pueden deformarse con temperaturas excesivas.
Consulta los símbolos o las instrucciones del fabricante para saber si el recipiente admite lavavajillas, microondas y temperaturas elevadas.
Si no conoces sus especificaciones, utiliza agua caliente del grifo en lugar de verter agua recién hervida.
No olvides limpiar la tapa
Muchas veces conseguimos dejar impecable el recipiente y olvidamos la tapa.
Sin embargo, grasa y restos de comida pueden acumularse alrededor de las juntas, cierres y ranuras.
Si la tapa tiene una junta de silicona desmontable y el fabricante permite retirarla, límpiala por separado.
Aclara muy bien todas las piezas y déjalas secar completamente antes de volver a montar el recipiente.
La humedad atrapada en una junta puede favorecer malos olores.
Cómo eliminar los olores persistentes
Un recipiente puede parecer limpio y continuar oliendo a la comida que contenía.
Primero asegúrate de que realmente no queda grasa.
Después de lavarlo y aclararlo, déjalo secar completamente abierto.
En muchos casos, una buena ventilación reduce notablemente los olores.
Si el olor persiste, puedes dejar durante un tiempo una pequeña cantidad de bicarbonato seco dentro del recipiente ya limpio y completamente seco. Después retíralo y vuelve a aclarar antes de utilizarlo con alimentos.
El secado también importa
Después del aclarado, no cierres inmediatamente el recipiente húmedo.
Colócalo boca abajo sobre un escurridor o déjalo abierto hasta que esté completamente seco.
Haz lo mismo con la tapa.
Guardar recipientes todavía húmedos y cerrados puede provocar olores desagradables.
Cuando todo esté seco, puedes volver a colocar la tapa, preferiblemente sin cerrarla herméticamente durante periodos prolongados de almacenamiento vacío.
Cómo evitar que vuelva a quedar tan sucio
La prevención resulta mucho más sencilla que una limpieza profunda.
Después de vaciar un recipiente que contenía comida grasa, retira los restos cuanto antes.
No lo dejes durante varios días con una capa de salsa seca en el fondo.
Si no puedes lavarlo inmediatamente, elimina al menos el exceso de comida y grasa antes de dejarlo en el fregadero.
También conviene evitar cortar alimentos directamente dentro de los recipientes de plástico, ya que los cuchillos pueden crear arañazos donde posteriormente se acumule suciedad.
Cuándo es mejor sustituir el recipiente
No todos los recipientes merecen una restauración indefinida.
Si el plástico está muy arañado, agrietado, deformado o presenta zonas deterioradas que ya no pueden limpiarse correctamente, puede ser momento de reemplazarlo.
Lo mismo ocurre cuando una tapa deja de cerrar correctamente.
El objetivo no es conseguir que un recipiente extremadamente deteriorado dure para siempre, sino mantener en buenas condiciones aquellos que todavía son perfectamente utilizables.
De un recipiente grasiento a uno limpio en pocos pasos
Como muestra claramente el antes y después, un recipiente cubierto de grasa y residuos puede cambiar radicalmente con una limpieza adecuada.
Empieza retirando el exceso de grasa con papel. Después deja actuar agua caliente compatible con el recipiente y unas gotas de lavavajillas. Limpia las esquinas con una esponja o cepillo suave y repite el proceso si todavía queda una película aceitosa.
Para manchas persistentes, una pequeña cantidad de bicarbonato puede utilizarse de manera puntual si el material lo permite.
Lo más importante es evitar herramientas abrasivas y temperaturas excesivas.
Con una limpieza progresiva y un buen secado, muchos recipientes que parecían destinados a la basura pueden recuperar un aspecto limpio, transparente y listo para volver a utilizarse.