Las rejillas del frigorífico son uno de esos lugares que pueden parecer limpios a simple vista hasta que las retiramos. Restos de alimentos, pequeñas salpicaduras, líquidos derramados y grasa terminan acumulándose alrededor de las barras, las esquinas y los soportes.
Cuando esa suciedad lleva semanas o meses allí, pasar simplemente un paño húmedo suele no ser suficiente. La solución tampoco consiste en frotar durante horas: ablandar primero los residuos con agua templada y jabón facilita muchísimo el trabajo.
Con una limpieza profunda de vez en cuando y unos sencillos hábitos de mantenimiento, las rejillas pueden conservarse limpias y sin malos olores durante mucho más tiempo.
¿Por qué se ensucian tanto las rejillas del frigorífico?
Dentro del frigorífico ocurren pequeños derrames constantemente. Una botella que gotea, un recipiente mal cerrado, restos de verduras o una salsa que se derrama pueden dejar residuos difíciles de ver.
El problema aparece cuando esos restos se secan.
Con el tiempo pueden formarse:
- manchas pegajosas,
- restos secos de alimentos,
- grasa,
- migas,
- suciedad alrededor de las uniones,
- olores desagradables.
Las rejillas metálicas son especialmente incómodas porque la suciedad puede acumularse alrededor de cada barra.
Antes de empezar: vacía la zona
Retira los alimentos de los estantes que vas a limpiar.
Los productos que necesitan refrigeración no deberían permanecer fuera durante más tiempo del necesario. Si vas a realizar una limpieza completa del frigorífico, puedes guardarlos temporalmente en una bolsa térmica o nevera portátil.
A continuación, apaga o desenchufa el frigorífico si así lo recomienda el fabricante para una limpieza profunda.
Retira cuidadosamente las rejillas.
No pongas una rejilla muy fría directamente en agua caliente
Este detalle es especialmente importante cuando el frigorífico contiene piezas de vidrio.
Los cambios bruscos de temperatura pueden provocar daños por choque térmico.
Aunque las rejillas sean metálicas, es buena idea dejarlas unos minutos a temperatura ambiente antes de introducirlas en agua templada.
Si tienen componentes de plástico o algún revestimiento especial, consulta las instrucciones del fabricante antes de utilizar productos fuertes.
Qué necesitas para limpiarlas
Para una limpieza habitual basta con:
- agua templada,
- jabón lavavajillas,
- una esponja suave,
- un cepillo de cerdas de nailon,
- un paño de microfibra,
- un recipiente o fregadero suficientemente grande.
Para residuos especialmente adheridos también puede resultar útil una pequeña cantidad de bicarbonato, siempre que el material de las rejillas sea compatible.
Paso 1: elimina primero los restos sueltos
Antes de mojar las rejillas, retira migas y restos de alimentos.
Puedes hacerlo con un paño seco o un pequeño cepillo.
Este sencillo paso evita convertir toda la suciedad seca en una pasta cuando añadas agua.
Paso 2: prepara agua templada con jabón
Llena el fregadero o un recipiente grande con agua templada.
Añade una pequeña cantidad de jabón lavavajillas y mezcla hasta formar espuma.
No necesitas utilizar agua hirviendo.
El objetivo es reblandecer la grasa y los restos de comida sin someter las piezas a temperaturas excesivas.
Paso 3: deja las rejillas en remojo
Si el tamaño lo permite, introduce completamente las rejillas en el agua.
Déjalas aproximadamente 10 o 15 minutos.
Este tiempo de espera es el verdadero truco para reducir el esfuerzo posterior.
Los residuos secos absorben humedad y comienzan a desprenderse. Una mancha que parecía imposible de retirar puede salir después con unas pocas pasadas de la esponja.
Paso 4: utiliza un cepillo para las barras
Después del remojo, pasa una esponja suave por toda la superficie.
Para las barras y especialmente sus uniones resulta mucho más cómodo utilizar un cepillo pequeño.
Frota alrededor de:
- las barras,
- las esquinas,
- los soportes,
- las uniones,
- los bordes.
No olvides la parte inferior. Muchas salpicaduras atraviesan la rejilla y terminan secándose precisamente allí.
¿Qué hacer con la suciedad muy incrustada?
Si después del remojo todavía queda algún residuo difícil, no recurras inmediatamente a un estropajo metálico.
Puedes preparar una pequeña pasta con bicarbonato y agua.
Aplícala únicamente sobre la mancha y déjala actuar unos minutos antes de frotar suavemente con una esponja.
Antes de hacerlo, comprueba que el revestimiento de la rejilla admite este tipo de limpieza. Algunas rejillas están recubiertas y pueden dañarse con productos abrasivos.
Cuando tengas dudas, utiliza únicamente jabón suave.
Paso 5: aclara muy bien
Una vez eliminada la suciedad, aclara las rejillas con abundante agua limpia.
No deberían quedar restos de jabón en las barras ni en las uniones.
Pasa los dedos por la superficie. Si todavía notas una textura resbaladiza, continúa aclarando.
Paso 6: seca completamente las rejillas
No vuelvas a colocar las piezas mojadas dentro del frigorífico.
Sécalas cuidadosamente con un paño limpio y déjalas terminar de secarse al aire si es necesario.
Este paso es especialmente importante en rejillas metálicas que presenten pequeñas zonas donde el revestimiento esté deteriorado.
Aprovecha para limpiar el interior
Mientras las rejillas están fuera, tendrás acceso a zonas que normalmente quedan ocultas.
Retira primero las migas.
Después limpia las paredes interiores y los soportes de los estantes con un paño y agua templada con un poco de jabón suave.
Pasa finalmente otro paño humedecido únicamente con agua y seca la superficie.
Consulta siempre las recomendaciones del fabricante, especialmente antes de aplicar desinfectantes u otros limpiadores dentro del electrodoméstico.
No olvides las guías y soportes
Podemos dejar las rejillas completamente blancas y seguir teniendo un frigorífico aparentemente sucio porque las guías laterales permanecen llenas de residuos.
Utiliza un paño o cepillo pequeño para llegar a estas zonas.
Presta atención a las esquinas donde se unen las paredes con la base. Son lugares habituales para la acumulación de líquidos secos y migas.
¿Qué hacer si aparece óxido?
Las manchas marrones no siempre son suciedad.
En rejillas metálicas recubiertas, un golpe o arañazo puede dejar expuesto el metal y provocar corrosión.
Si después de limpiar continúa existiendo una zona marrón áspera o el revestimiento se está desprendiendo, puede tratarse de óxido.
En ese caso, seguir frotando con fuerza no solucionará el problema y puede retirar todavía más revestimiento.
Cuando el deterioro sea importante, consulta al fabricante sobre la posibilidad de sustituir la rejilla.
Evita los estropajos metálicos
Puede parecer la forma más rápida de conseguir una rejilla blanca, pero también puede dañar su capa protectora.
Evita especialmente:
- lana de acero,
- cepillos metálicos,
- cuchillos,
- cuchillas,
- raspadores agresivos.
Un cepillo de nailon suele ser suficiente después de un buen remojo.
Cuidado con los productos de limpieza fuertes
El interior del frigorífico está muy cerca de los alimentos.
No es necesario utilizar una gran cantidad de productos químicos para una limpieza rutinaria.
Agua templada y jabón suelen ser suficientes para la mayoría de la suciedad.
Si utilizas un producto específico, asegúrate de que sea adecuado para interiores de frigoríficos y superficies cercanas a alimentos, y sigue las instrucciones de su etiqueta.
Nunca mezcles diferentes productos de limpieza.
Especialmente, no mezcles lejía con vinagre, amoníaco, productos antical ni otros ácidos.
Cómo eliminar los malos olores
Cuando un frigorífico huele mal, limpiar únicamente las rejillas puede no solucionar el problema.
Revisa también:
- cajones de verduras,
- recipientes abiertos,
- alimentos caducados,
- derrames bajo los cajones,
- juntas de la puerta,
- rincones inferiores.
Muchas veces el origen del olor es una pequeña cantidad de líquido que ha quedado escondida debajo de un cajón.
Una vez localizado y eliminado el residuo, limpia y seca completamente la zona.
Limpia también los cajones
Los cajones transparentes pueden acumular restos de verduras, tierra y líquidos.
Retíralos con cuidado y deja que pierdan el frío antes de lavarlos con agua templada y jabón.
Evita cambios bruscos de temperatura, especialmente si el plástico está muy frío.
Aclara y seca completamente antes de volver a colocarlos.
Cómo mantener las rejillas limpias durante más tiempo
Después de una limpieza profunda no hace falta desmontar todo el frigorífico cada semana.
Lo más efectivo es actuar rápidamente ante los pequeños derrames.
Intenta:
- limpiar los líquidos en cuanto aparezcan,
- guardar salsas y líquidos en recipientes bien cerrados,
- revisar regularmente frutas y verduras,
- retirar migas visibles,
- limpiar rápidamente los estantes durante la revisión semanal de alimentos.
Un derrame fresco puede retirarse en segundos. El mismo derrame después de varias semanas puede necesitar remojo y cepillado.
Un pequeño hábito que ahorra mucho trabajo
Antes de hacer la compra semanal, dedica unos minutos a revisar el frigorífico.
Cuando hay menos alimentos dentro resulta mucho más fácil detectar pequeños derrames y retirar productos que ya no se consumirán.
Pasa un paño por las zonas visibles y comprueba especialmente debajo de botellas y recipientes.
Esta limpieza rápida evita que la suciedad llegue al punto mostrado en muchas imágenes de “antes y después”.
¿Cada cuánto conviene hacer una limpieza profunda?
No existe una frecuencia idéntica para todos los hogares.
Depende de cuánto se utilice el frigorífico, del número de personas y de la frecuencia con la que se produzcan derrames.
En lugar de esperar una fecha concreta, utiliza el estado del frigorífico como referencia.
Si aparecen residuos secos, olores o suciedad en lugares difíciles de alcanzar, es momento de retirar las piezas y realizar una limpieza más completa.
El secreto está en dejar que la suciedad se ablande
Cuando una rejilla está cubierta de residuos secos, nuestra primera reacción suele ser coger una esponja y comenzar a frotar con fuerza.
Pero existe una forma mucho más sencilla.
Agua templada, jabón y unos minutos de remojo pueden hacer gran parte del trabajo por ti.
Después solo necesitas un cepillo suave para llegar entre las barras, aclarar bien y secar completamente.
El resultado es un frigorífico mucho más limpio y agradable sin necesidad de utilizar herramientas agresivas ni pasar horas frotando. Y si limpias los pequeños derrames en cuanto aparecen, la próxima limpieza profunda será todavía más rápida.