Así puedes limpiar las rejillas del extractor y eliminar años de grasa acumulada

Las rejillas de la campana extractora son una de esas zonas de la cocina que pueden pasar meses sin recibir una limpieza profunda. Poco a poco, el vapor, el aceite y las pequeñas partículas de grasa se adhieren a la malla hasta formar una capa pegajosa, oscura y difícil de eliminar.

La buena noticia es que, en muchos casos, no hace falta pasar horas frotando. Con agua caliente, un buen desengrasante y un poco de paciencia es posible ablandar gran parte de la suciedad acumulada y devolver a los filtros metálicos un aspecto mucho más limpio.

¿Por qué se acumula tanta grasa en las rejillas?

La campana extractora aspira el aire que se genera mientras cocinamos. Ese aire contiene vapor, olores y pequeñas gotas de grasa.

Los filtros metálicos están diseñados precisamente para atrapar buena parte de esas partículas antes de que lleguen al interior de la campana. Por eso, con el uso frecuente, terminan cubiertos de una película grasa.

Si dejamos pasar demasiado tiempo entre limpiezas, las distintas capas se van endureciendo. En ese momento, pasar simplemente una esponja con jabón suele resultar insuficiente.

Qué necesitas para limpiar los filtros

Para una limpieza doméstica sencilla puedes preparar:

  • agua caliente;
  • jabón lavavajillas desengrasante;
  • bicarbonato de sodio;
  • un recipiente grande o el fregadero;
  • un cepillo de cerdas suaves o un cepillo de dientes viejo;
  • guantes de limpieza;
  • un paño limpio.

Antes de comenzar, consulta las instrucciones de la campana. Algunos filtros pueden tener acabados o materiales que requieren cuidados específicos.

1. Retira las rejillas con cuidado

Apaga la campana extractora y asegúrate de que esté fría.

Retira los filtros siguiendo el sistema de apertura indicado por el fabricante. Normalmente incorporan una pequeña pestaña o tirador.

Hazlo con cuidado: cuando existe mucha grasa acumulada, la superficie puede resultar bastante resbaladiza.

2. Prepara un baño de agua caliente

Llena el fregadero o un recipiente suficientemente grande con agua bien caliente, pero evita temperaturas que puedan deformar piezas delicadas.

Añade una cantidad generosa de jabón lavavajillas desengrasante.

El calor ayuda a reblandecer la grasa, mientras que el detergente facilita que se desprenda de la superficie metálica.

3. Añade bicarbonato

Puedes incorporar unas cucharadas de bicarbonato de sodio al agua con detergente y remover con cuidado.

No es necesario preparar mezclas complicadas ni combinar muchos productos diferentes. El objetivo principal es mantener los filtros en contacto con agua caliente y detergente durante suficiente tiempo para ablandar la suciedad.

Introduce las rejillas procurando que queden cubiertas.

4. Déjalas en remojo

Aquí está una de las claves del método: no empieces a frotar inmediatamente.

Déjalas en remojo unos 20–30 minutos. Si llevan muchísimo tiempo sin limpiarse, puede ser necesario prolongar el proceso o repetirlo con agua limpia y caliente.

Poco a poco notarás cómo parte de la grasa comienza a desprenderse y el agua adquiere un aspecto más turbio.

5. Cepilla suavemente la malla

Después del remojo, utiliza un cepillo suave para trabajar las zonas donde todavía quede grasa.

Cepilla siguiendo la estructura de la rejilla y evita ejercer una presión excesiva. Las mallas metálicas pueden doblarse con facilidad.

Presta especial atención a las esquinas y al marco exterior, donde suelen acumularse depósitos particularmente resistentes.

Si todavía quedan zonas muy pegajosas, vuelve a sumergir el filtro durante unos minutos antes de continuar.

6. Aclara abundantemente

Cuando hayas eliminado la suciedad, enjuaga las rejillas con abundante agua.

Es importante retirar completamente los restos de jabón, bicarbonato y grasa desprendida.

Comprueba ambos lados del filtro bajo una buena iluminación. La grasa puede quedar escondida entre las distintas capas de la malla.

7. Déjalas secar completamente

Sacude suavemente el exceso de agua y coloca las rejillas sobre un paño limpio.

Déjalas secar completamente al aire antes de volver a instalarlas.

No conviene colocar un filtro húmedo en la campana. Espera hasta que tanto el marco como el interior de la malla estén secos.

¿Y si la grasa lleva años acumulándose?

Una rejilla que no se ha limpiado durante mucho tiempo probablemente necesitará más de una ronda.

En lugar de intentar eliminar toda la suciedad mediante un cepillado agresivo, suele ser preferible repetir el proceso de remojo.

Cambia el agua cuando esté muy sucia, añade nuevamente detergente y deja actuar.

Dos ciclos suaves pueden resultar más eficaces y menos agresivos para el filtro que intentar arrancar años de suciedad de una sola vez.

Un error importante: mezclar productos de limpieza

Más producto no significa necesariamente mayor poder de limpieza.

Evita mezclar lejía con amoníaco, vinagre, limpiadores ácidos u otros productos domésticos. Algunas combinaciones pueden liberar gases peligrosos.

Para este trabajo suele bastar con utilizar un detergente desengrasante adecuado siguiendo las indicaciones de su etiqueta.

Si utilizas un producto comercial específico para hornos o grasa muy incrustada, comprueba primero que sea compatible con el material de los filtros.

Cuidado con los filtros de aluminio

Muchas campanas utilizan filtros metálicos de aluminio.

Los productos excesivamente alcalinos o agresivos pueden oscurecer, manchar o deteriorar este metal. Incluso algunos métodos caseros que funcionan bien sobre acero pueden no ser apropiados para aluminio.

Por eso, cuando no conozcas exactamente el material de la rejilla, empieza siempre por la alternativa más suave: agua caliente y lavavajillas.

¿Se pueden meter en el lavavajillas?

Depende del fabricante y del tipo de filtro.

Algunas rejillas metálicas son aptas para lavavajillas, mientras que otras pueden perder brillo, oscurecerse o deteriorarse debido al detergente y a las altas temperaturas.

Consulta el manual antes de hacerlo.

Además, si el filtro tiene una capa gruesa de grasa acumulada, es recomendable retirar primero la mayor parte de la suciedad manualmente.

Cada cuánto conviene limpiar las rejillas

La frecuencia dependerá de cuánto cocines y, sobre todo, de la cantidad de frituras y preparaciones grasas que hagas.

En una cocina de uso habitual, revisar los filtros aproximadamente una vez al mes permite detectar la acumulación antes de que se convierta en una capa difícil de eliminar.

No siempre necesitarán una limpieza profunda. Muchas veces, un lavado rápido y periódico evita tener que enfrentarse posteriormente a grasa endurecida.

El pequeño hábito que marca la diferencia

El cambio más espectacular se consigue cuando limpiamos una rejilla que lleva mucho tiempo olvidada, pero el verdadero secreto está en no permitir que vuelva a alcanzar ese estado.

Una vez que los filtros estén limpios, incorpora su revisión a la rutina habitual de limpieza de la cocina.

Con agua caliente, un detergente adecuado y limpiezas periódicas, las rejillas de la campana extractora pueden mantenerse libres de esa gruesa película marrón que aparece después de meses o años de uso.

Y la próxima vez que llegue el momento de limpiarlas, el trabajo será muchísimo más sencillo.

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