La campana extractora es uno de esos elementos de la cocina que utilizamos casi todos los días, pero que fácilmente olvidamos limpiar a fondo. Mientras cocinamos, sus filtros van atrapando pequeñas partículas de grasa que, con el tiempo, forman una capa amarillenta, pegajosa y cada vez más difícil de eliminar.
Cuando finalmente retiramos los filtros y descubrimos toda esa suciedad acumulada, la primera reacción suele ser buscar un estropajo y empezar a frotar. Sin embargo, hay una manera mucho más sencilla de ablandar la grasa antes de intentar retirarla.
El secreto está en combinar agua muy caliente, un buen lavavajillas desengrasante y tiempo de remojo. Así, gran parte del trabajo pesado puede hacerse sin pasar horas frotando cada rincón de la malla.
Por qué los filtros terminan tan pegajosos
Los filtros metálicos de una campana están diseñados precisamente para capturar parte de la grasa suspendida en el aire durante la cocción.
El problema aparece cuando esa grasa se acumula durante meses.
El calor de la cocina y las sucesivas capas de residuos hacen que la suciedad termine formando una película resistente. El polvo también puede adherirse a ella, haciendo que la superficie resulte todavía más desagradable.
Por eso pasar simplemente un paño húmedo sobre un filtro muy sucio suele servir de poco.
Hay que ablandar primero la grasa.
El truco está en el remojo con agua caliente
Antes de comenzar, apaga la campana y espera hasta que esté completamente fría.
Retira los filtros siguiendo las instrucciones de tu modelo. La mayoría de los filtros metálicos incorporan una pequeña pestaña o cierre que permite desmontarlos fácilmente.
Busca después un fregadero, barreño o recipiente suficientemente grande para introducirlos.
Llénalo con agua muy caliente —sin necesidad de que esté hirviendo— y añade una cantidad generosa de lavavajillas desengrasante.
Introduce los filtros procurando que queden cubiertos.
Ahora llega la parte importante: no empieces a frotar inmediatamente.
Déjalos en remojo aproximadamente entre 20 y 30 minutos. Si están extremadamente sucios, pueden necesitar algo más de tiempo.
Durante ese periodo, el agua caliente y el detergente ayudarán a desprender y emulsionar buena parte de la grasa acumulada.
Después del remojo, la diferencia se nota
Cuando retires el filtro del agua probablemente observarás que parte de la suciedad ya se ha desprendido.
Utiliza entonces un cepillo de cerdas suaves o un cepillo de cocina para trabajar sobre las zonas que todavía estén grasientas.
Hazlo con movimientos suaves.
No es necesario presionar agresivamente ni utilizar utensilios metálicos que puedan deformar las delicadas capas de la malla.
En un filtro que llevaba mucho tiempo sin limpiarse puede ser necesario repetir el proceso una segunda vez.
Es preferible realizar otro remojo que intentar solucionar años de grasa utilizando fuerza excesiva.
¿Se puede utilizar bicarbonato?
El bicarbonato de sodio suele aparecer en numerosos trucos domésticos y puede utilizarse como ayuda en determinadas limpiezas.
Para filtros metálicos compatibles, una pequeña cantidad añadida al agua puede ayudar con ciertos residuos. Sin embargo, no debería utilizarse como excusa para frotar agresivamente la superficie.
Además, no todos los filtros ni acabados reaccionan igual a los productos alcalinos.
Si no conoces el material exacto del filtro, la opción más prudente es comenzar únicamente con agua caliente y lavavajillas.
Consulta las instrucciones del fabricante antes de utilizar productos adicionales.
Mucho cuidado con el aluminio
Este punto es especialmente importante.
Numerosos filtros de campana contienen aluminio. Los limpiadores muy alcalinos, algunos desengrasantes fuertes y determinados productos para hornos pueden atacar este metal, oscurecerlo o deteriorar su acabado.
Por eso no conviene aplicar cualquier producto potente simplemente porque promete eliminar grasa rápidamente.
Evita también mezclar distintos limpiadores domésticos.
Más productos no significan necesariamente mejores resultados y algunas combinaciones pueden ser peligrosas.
Para una limpieza habitual, agua caliente y detergente lavavajillas suelen ser un excelente punto de partida.
¿Y el cuerpo de la campana?
Mientras los filtros están en remojo puedes aprovechar para limpiar la superficie exterior.
Primero asegúrate de que el aparato esté apagado.
Utiliza un paño de microfibra ligeramente humedecido con agua templada y unas gotas de lavavajillas.
En superficies de acero inoxidable, pasa el paño suavemente siguiendo la dirección del acabado.
Después utiliza otro paño húmedo para retirar cualquier residuo de detergente y termina secando la superficie.
Evita empapar botones, conexiones, motores, luces o componentes eléctricos.
Nunca pulverices grandes cantidades de limpiador directamente hacia el interior de la campana.
La zona inferior merece especial atención
La parte de la campana situada directamente encima de los fogones suele acumular una película grasa que a veces pasa desapercibida.
Para eliminarla, aplica la solución limpiadora sobre el paño en lugar de rociarla directamente sobre el aparato.
Pasa varias veces por la superficie hasta que deje de sentirse pegajosa.
Si la grasa está muy adherida, deja actuar brevemente el paño húmedo sobre la zona, siempre evitando cualquier componente eléctrico.
Después aclara y seca.
Antes de colocar los filtros, deja que se sequen completamente
Una vez limpios, aclara los filtros con abundante agua para retirar detergente y restos de grasa.
Déjalos escurrir.
Después colócalos en posición vertical sobre una superficie protegida y espera hasta que estén completamente secos.
No tengas prisa por devolverlos a la campana.
Cuando ya no quede humedad en la malla, vuelve a instalarlos correctamente.
¿Pueden meterse en el lavavajillas?
Algunos filtros metálicos sí son aptos para lavavajillas, pero no todos.
Además, ciertos detergentes utilizados por estas máquinas pueden alterar el aspecto de determinados metales.
Por eso es importante comprobar las recomendaciones específicas del fabricante de la campana.
Si las instrucciones indican que el filtro puede lavarse en lavavajillas, esta puede ser una alternativa muy cómoda para el mantenimiento periódico.
Si tienes dudas, el lavado manual es generalmente la opción más controlable.
No confundas filtros metálicos con filtros de carbón
No todos los filtros de una campana funcionan de la misma manera.
Los filtros metálicos antigrasa suelen poder limpiarse y reutilizarse.
Los filtros de carbón activo presentes en muchas campanas de recirculación son diferentes. Muchos modelos convencionales no se lavan, sino que deben sustituirse cuando pierden eficacia.
Existen también versiones especiales regenerables.
Por eso, antes de sumergir cualquier pieza en agua, identifica qué tipo de filtro tienes y consulta el manual correspondiente.
La mejor forma de evitar años de grasa
Una vez que los filtros están limpios, el mantenimiento resulta muchísimo más sencillo.
No esperes hasta que vuelvan a estar completamente marrones y pegajosos.
La frecuencia necesaria dependerá de cuánto cocines y del tipo de platos que prepares. Una cocina donde se fríe con frecuencia necesitará limpiezas más habituales que otra utilizada principalmente para preparaciones con poca grasa.
Una buena señal es observar periódicamente la malla.
Si comienza a verse grasienta o resulta pegajosa al tacto, ha llegado el momento de limpiarla.
Una campana limpia también funciona mejor
La limpieza de los filtros no es únicamente una cuestión estética.
Cuando la malla está saturada de grasa, el flujo de aire puede verse reducido y la campana puede trabajar con menor eficacia.
Además, permitir que grandes cantidades de grasa se acumulen cerca de una zona donde se cocina no es una buena práctica.
Por eso merece la pena incorporar los filtros a la rutina habitual de limpieza de la cocina.
Menos fuerza y más tiempo de actuación
Cuando una campana lleva mucho tiempo sin limpiarse, el error más habitual es intentar compensarlo frotando con toda la fuerza posible.
Pero la estrategia más sencilla consiste precisamente en hacer lo contrario.
Retira los filtros, sumérgelos en agua muy caliente con lavavajillas desengrasante y deja que la mezcla actúe antes de cepillar.
La grasa reblandecida resulta mucho más fácil de retirar y se reduce la necesidad de utilizar productos extremadamente agresivos.
Si la primera limpieza no elimina toda la acumulación, repite el remojo.
Un poco de paciencia puede ahorrar muchísimo esfuerzo y conseguir que unos filtros que parecían irrecuperables vuelvan a verse limpios, sin necesidad de pasar horas frente al fregadero frotando.