La planta de maracuyá no solo produce una de las frutas tropicales más apreciadas: también es una trepadora vigorosa capaz de cubrir rápidamente una pérgola, una valla o un enrejado. Sin embargo, dejarla crecer sin ningún tipo de guía puede terminar creando una masa desordenada de ramas y hojas.
Un soporte adecuado y una poda bien realizada ayudan a distribuir mejor los tallos, facilitan la entrada de luz y permiten que los nuevos brotes tengan espacio para desarrollarse. Y esto es especialmente interesante porque las flores y los frutos aparecen principalmente sobre el crecimiento nuevo.
Con unas cuantas medidas sencillas podemos conseguir una planta más ordenada, aireada y preparada para una buena floración.
El maracuyá necesita un soporte desde el principio
El maracuyá pertenece al género Passiflora y desarrolla zarcillos que utiliza para agarrarse a todo lo que encuentra a su alrededor.
Cuando la planta es joven, conviene decidir inmediatamente hacia dónde queremos dirigirla.
Podemos utilizar:
- una espaldera resistente;
- postes con alambres horizontales;
- una valla;
- una pérgola;
- una estructura sólida de madera.
Hay que recordar que una planta adulta puede alcanzar un tamaño considerable. Además del peso de las ramas, el soporte tendrá que aguantar hojas y frutos.
Por eso una estructura demasiado débil puede convertirse en un problema cuando la planta alcance su máximo desarrollo.
El sencillo truco: formar primero un tallo principal
En lugar de permitir que todos los brotes jóvenes crezcan en cualquier dirección, selecciona uno de los tallos más vigorosos y condúcelo verticalmente hacia la parte superior del soporte.
Puedes sujetarlo suavemente con una cinta para plantas o una atadura flexible.
Nunca aprietes demasiado.
El tallo irá aumentando de diámetro y una cuerda rígida podría terminar estrangulándolo.
Durante esta primera etapa, el objetivo consiste en crear una especie de tronco principal que alcance el alambre o travesaño horizontal.
Cuando llegue arriba, guíalo hacia los lados
Una vez que el tallo principal alcance la parte superior del soporte, comienza la segunda fase.
Selecciona brotes laterales vigorosos y guíalos horizontalmente, idealmente hacia diferentes lados de la estructura.
Así conseguirás crear una base permanente sobre la que aparecerán posteriormente numerosos brotes secundarios.
Esos nuevos crecimientos son especialmente importantes porque serán los encargados de producir buena parte de las flores.
En lugar de una maraña concentrada en un solo punto, obtendrás una planta distribuida a lo largo del soporte.
¿Por qué esta forma puede favorecer la floración?
No existe un truco que obligue por sí solo a un maracuyá a producir flores. La floración depende de varios factores: variedad, edad de la planta, temperatura, horas de sol, nutrición y condiciones de cultivo.
Sin embargo, una planta correctamente formada aprovecha mucho mejor el espacio disponible.
Al distribuir los tallos:
- entra más luz en la vegetación;
- mejora la circulación del aire;
- resulta más sencillo controlar la planta;
- los nuevos brotes disponen de más espacio;
- la poda y la cosecha son más fáciles.
Todo ello ayuda a mantener un crecimiento equilibrado y puede contribuir a una floración más abundante cuando el resto de condiciones son adecuadas.
El sol es fundamental
Si tienes una planta con muchísimas hojas pero apenas aparecen flores, revisa primero su ubicación.
El maracuyá necesita mucha luz para desarrollarse correctamente. En general, un emplazamiento soleado favorece tanto el crecimiento como la producción.
Una planta situada en sombra excesiva puede desarrollar tallos largos buscando luz y ofrecer una floración decepcionante.
En climas extremadamente calurosos, las condiciones pueden requerir cierta protección en las horas más intensas, especialmente para plantas jóvenes. Pero, como regla general, no deberíamos tratar el maracuyá como una planta de sombra.
La poda también tiene su importancia
Una planta adulta puede producir una cantidad sorprendente de vegetación.
Si nunca eliminamos nada, las ramas empiezan a cruzarse, algunas zonas quedan completamente sombreadas y la estructura puede convertirse en una masa muy densa.
Una poda selectiva ayuda a mantenerla bajo control.
Retira primero:
- ramas secas;
- partes dañadas;
- tallos enfermos;
- crecimiento excesivamente enredado;
- brotes que crecen hacia lugares donde no los quieres.
También puedes acortar algunos crecimientos después de la cosecha para estimular la aparición de nuevos brotes.
No podes de forma excesiva justo antes de la floración
Más poda no significa automáticamente más flores.
Si eliminas indiscriminadamente una gran cantidad de crecimiento nuevo en el momento equivocado, puedes estar retirando precisamente los tallos que iban a producirlas.
La idea es renovar y ordenar, no dejar la planta prácticamente desnuda.
Una poda importante suele realizarse en el momento apropiado para el clima local, evitando especialmente periodos con riesgo de frío intenso.
En zonas cálidas, el calendario puede ser diferente al de regiones con inviernos marcados.
Riego regular, pero sin mantener las raíces encharcadas
El maracuyá crece rápidamente y necesita un suministro relativamente constante de agua, especialmente durante la floración y el desarrollo de los frutos.
Los cambios extremos entre sequedad y exceso de agua pueden estresar la planta.
Riega profundamente cuando sea necesario, procurando mantener una humedad relativamente estable.
Al mismo tiempo, el suelo debe drenar correctamente.
Una tierra permanentemente saturada puede provocar problemas en las raíces.
Una capa de acolchado orgánico alrededor de la planta ayuda a conservar la humedad, pero deja unos centímetros libres alrededor del tallo principal para evitar mantenerlo constantemente húmedo.
Cuidado con abusar del nitrógeno
Este es uno de los errores más interesantes cuando tenemos un maracuyá enorme, verde y aparentemente saludable que produce pocas flores.
Una fertilización demasiado rica en nitrógeno puede favorecer un crecimiento vegetativo exuberante: muchísimas hojas y tallos, pero no necesariamente una mejor producción de flores y frutos.
Utiliza una fertilización equilibrada y adecuada para plantas frutales siguiendo las dosis recomendadas por el fabricante.
No añadas fertilizante constantemente pensando que cuanto más crezca la planta, mayor será la cosecha.
En jardinería, el exceso puede ser tan problemático como la carencia.
Una flor no garantiza automáticamente un fruto
Conseguir una espectacular floración es solo la mitad del trabajo.
Después viene la polinización.
Las flores de Passiflora son muy llamativas y atraen a distintos polinizadores, pero algunas variedades presentan dificultades de autopolinización o producen mejor cuando existe otra planta compatible cerca.
Si tienes muchas flores que caen sin formar frutos, no asumas inmediatamente que necesitas más fertilizante.
Observa si hay actividad de insectos polinizadores.
En determinados casos también puede practicarse la polinización manual, transfiriendo cuidadosamente polen entre las partes reproductivas de las flores.
La compatibilidad depende de la variedad cultivada, por lo que conviene conocer exactamente qué maracuyá tienes.
No te preocupes si una planta joven todavía produce poco
Una planta recién establecida necesita desarrollar primero un sistema de raíces fuerte y una estructura suficiente.
Durante esta fase, es normal que dedique gran parte de su energía al crecimiento vegetativo.
La paciencia forma parte del cultivo.
En lugar de intentar forzar inmediatamente una cosecha abundante, aprovecha el primer desarrollo para crear correctamente el tallo central y las ramas principales.
Una estructura bien formada facilitará enormemente el mantenimiento posterior.
Vigila la planta mientras trepa
Una vez a la semana, dedica unos minutos a revisar el crecimiento.
Los brotes jóvenes son flexibles y fáciles de orientar. Una rama que hoy puedes colocar suavemente sobre un alambre puede convertirse semanas después en un tallo mucho más difícil de mover.
Revisa también las ataduras.
Si empiezan a quedar ajustadas, aflójalas o sustitúyelas.
Los zarcillos del propio maracuyá terminarán haciendo gran parte del trabajo cuando encuentren un soporte adecuado.
Una estructura sencilla puede cambiar por completo la planta
El secreto no consiste en utilizar un fertilizante milagroso ni en aplicar un producto especial sobre las hojas.
Se trata de darle al maracuyá una estructura lógica desde que es joven.
Primero conduce un tallo vigoroso verticalmente. Cuando alcance la parte superior, distribuye los brotes principales horizontalmente y deja espacio para que aparezcan nuevos crecimientos productivos. Después mantén la planta aireada mediante podas razonables y proporciona suficiente sol, agua y nutrición equilibrada.
Con el tiempo, aquella pequeña trepadora puede convertirse en una auténtica pared verde cubierta de espectaculares flores.
Y cuando la polinización y las condiciones de cultivo acompañan, esas flores pueden dar paso a lo que realmente estábamos esperando: una abundante cosecha de maracuyás colgando de la estructura.