Una planta de calabaza puede crecer con enorme vigor, cubrir rápidamente una buena parte del huerto y llenarse de flores amarillas… sin que aparezcan apenas frutos. Esta situación desconcierta a muchos aficionados, pero no significa necesariamente que exista un problema.
Las calabazas y otras cucurbitáceas producen flores masculinas y femeninas por separado. Para obtener frutos necesitamos flores femeninas y, además, una polinización adecuada.
No existe un ingrediente milagroso capaz de obligar a la planta a producir únicamente flores femeninas. Sin embargo, unas condiciones de cultivo equilibradas pueden favorecer una floración más productiva y, sobre todo, conseguir que un mayor número de flores femeninas termine convirtiéndose en buenos frutos.
Primero hay que distinguir las flores masculinas de las femeninas
Es mucho más sencillo de lo que parece.
La flor masculina aparece sobre un tallo relativamente fino y recto. Su función principal es producir polen.
La flor femenina, en cambio, presenta justo debajo de los pétalos una pequeña protuberancia que recuerda a una calabaza en miniatura.
Ese pequeño fruto todavía no es una calabaza completamente formada. Si la flor no recibe suficiente polen, puede amarillear, dejar de crecer y terminar cayéndose.
Por eso, encontrar pequeñas calabazas que se secan no significa necesariamente que la planta necesite más fertilizante.
El problema puede ser simplemente una polinización insuficiente.
Muchas flores masculinas al principio son normales
Una de las situaciones más habituales consiste en observar numerosas flores masculinas y prácticamente ninguna femenina durante las primeras semanas de floración.
En muchos casos no hay motivo para preocuparse.
Las plantas de calabaza suelen comenzar produciendo flores masculinas antes de aumentar la aparición de flores femeninas. De esta manera ya existe polen disponible cuando estas últimas empiezan a abrirse.
Conforme la planta madura y las condiciones son favorables, el equilibrio suele mejorar.
Evita el exceso de nitrógeno
Una calabaza con hojas enormes y un crecimiento espectacular no siempre es una planta más productiva.
Un exceso de fertilizantes ricos en nitrógeno puede estimular principalmente el crecimiento vegetativo. El resultado puede ser una planta impresionante, llena de hojas y tallos, pero menos equilibrada desde el punto de vista de la fructificación.
Si el suelo ya es fértil, añadir fertilizante constantemente puede resultar contraproducente.
Lo ideal es proporcionar una nutrición equilibrada de acuerdo con las características del suelo y las necesidades de la planta.
Si cultivas calabazas regularmente, conocer la fertilidad del terreno mediante un análisis del suelo puede evitar tanto deficiencias como excesos.
El riego regular marca una gran diferencia
Las calabazas desarrollan plantas grandes y necesitan una cantidad considerable de agua.
Pero eso no significa inundarlas.
Lo más conveniente es mantener una humedad relativamente uniforme alrededor de las raíces, especialmente durante la floración y el desarrollo de los frutos.
Alternar largos periodos de sequedad con riegos excesivos somete a la planta a estrés.
Un acolchado de materia orgánica alrededor de la planta puede ayudar a conservar la humedad del suelo y reducir los cambios bruscos.
Deja, eso sí, un pequeño espacio libre alrededor de la base del tallo para evitar una acumulación constante de humedad directamente sobre él.
Mucho sol para una planta vigorosa
Las calabazas necesitan una ubicación luminosa.
Una exposición insuficiente puede producir plantas menos vigorosas y reducir su capacidad para mantener una buena floración y desarrollar frutos.
Procura proporcionarles varias horas de sol directo al día y suficiente espacio.
Las hojas de las cucurbitáceas pueden alcanzar dimensiones considerables y competir entre sí por la luz cuando las plantas están excesivamente juntas.
El calor también influye en la floración
La proporción entre flores masculinas y femeninas no depende únicamente de los cuidados.
La genética de la variedad, la edad de la planta y las condiciones ambientales también intervienen.
Las temperaturas extremas pueden afectar a la floración y a la calidad del polen. Durante periodos de mucho calor, por ejemplo, puede disminuir temporalmente el éxito de la fructificación.
Por eso no conviene intentar corregir inmediatamente cada semana de baja producción añadiendo fertilizantes.
En ocasiones, esperar a que mejoren las condiciones ambientales es suficiente.
El truco más útil: ayudar con la polinización
Puedes tener numerosas flores femeninas y aun así obtener pocas calabazas si faltan polinizadores.
Las flores suelen permanecer receptivas durante un periodo relativamente corto, por lo que las abejas y otros insectos desempeñan un papel fundamental.
Cuando hay pocos polinizadores, podemos ayudar manualmente.
Cómo polinizar una flor femenina a mano
Hazlo preferentemente por la mañana, cuando las flores están abiertas.
Localiza primero una flor masculina recién abierta. Puedes retirar sus pétalos con cuidado para dejar expuesta la parte que contiene el polen.
Después, toca suavemente con ella el centro de una flor femenina abierta para transferir el polen.
Otra posibilidad es utilizar un pincel pequeño, limpio y seco.
Pasa suavemente el pincel por el polen de la flor masculina y después por la parte receptiva situada en el centro de la flor femenina.
No hace falta utilizar ningún producto adicional.
Atrae polinizadores al huerto
La polinización manual funciona, pero conseguir que el propio jardín atraiga insectos beneficiosos es todavía mejor.
Cultivar diferentes plantas con flores cerca del huerto puede proporcionar alimento a los polinizadores durante periodos más largos.
También es importante utilizar los insecticidas con prudencia.
Aplicarlos cuando las flores están abiertas puede perjudicar precisamente a los insectos que necesitamos para conseguir calabazas.
Un huerto con diversidad vegetal suele ofrecer mejores condiciones para abejas y otros polinizadores.
No elimines todas las flores masculinas
Como las flores masculinas no producen frutos directamente, puede parecer lógico retirarlas para que la planta « gaste energía » en las femeninas.
No es una buena estrategia.
Las flores masculinas proporcionan el polen necesario para fecundar las femeninas. Si eliminamos demasiadas, podemos reducir nuestras posibilidades de obtener frutos.
La planta necesita ambos tipos de flores.
¿Cómo saber si la polinización ha funcionado?
Observa la pequeña calabaza situada detrás de la flor femenina durante los días siguientes.
Cuando la polinización ha sido adecuada, normalmente continúa aumentando de tamaño.
Si no lo ha sido, el pequeño fruto puede detenerse, ponerse amarillo, arrugarse y finalmente desprenderse.
Encontrar ocasionalmente algún fruto abortado es completamente normal.
Si ocurre sistemáticamente, entonces sí merece la pena revisar la presencia de polinizadores, el riego, las temperaturas y el estado general de la planta.
Una vez aparecen los frutos, mantén la planta estable
Cuando empiezan a desarrollarse las calabazas, evita realizar cambios extremos.
Continúa con un riego profundo y regular y mantén el suelo protegido con acolchado si es necesario.
Una planta sana necesita hojas para realizar la fotosíntesis, así que tampoco conviene podarla agresivamente con la intención de dirigir toda la energía hacia los frutos.
Retira principalmente hojas enfermas o muy dañadas cuando sea necesario.
Más flores femeninas no garantizan por sí solas más calabazas
Esta es quizá la idea más importante.
Conseguir una cosecha abundante no consiste únicamente en aumentar el número de flores femeninas. Es necesario que la planta esté sana, que existan flores masculinas con polen viable y que las flores femeninas sean correctamente polinizadas.
Por eso, en lugar de buscar un supuesto fertilizante secreto, resulta más efectivo mantener unas condiciones equilibradas.
Proporciona suficiente sol, evita excesos de nitrógeno, mantén una humedad estable y favorece la presencia de polinizadores.
Y cuando aparezca una flor femenina pero las abejas escaseen, utiliza la polinización manual.
Con estos sencillos cuidados aumentan considerablemente las posibilidades de que esas pequeñas calabazas situadas detrás de las flores continúen creciendo hasta convertirse en frutos grandes, sanos y listos para cosechar.